Michael Douglas reveló intimidades de su vida, sus romances y sus adicciones en un libro de memorias sin filtros

A los 82 años, el actor publicó "One Helluva Ride", un libro en el que repasa seis décadas en Hollywood, sus excesos, sus vínculos amorosos y las culpas que marcaron su historia familiar.

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Michael Douglas en República Checa.
Foto: Michal Cizek/AFP.

Elisabeth Egan, de The New York Times.

Su pelo tiene más canas que color. La frente está surcada de profundas arrugas. Sus cejas parecen tener voluntad propia. Pero los ojos de Michael Douglas son como siempre, juntos y azules, con esa mirada penetrante que utilizó para pronunciar su frase más famosa, “La codicia es buena”, como Gordon Gekko en Wall Street.

Después de haber sido el símbolo de los excesos de los años 80, Douglas, de 82 años, volvió a sus raíces hippies, al menos ideológicamente.

“Las obsesiones no son saludables. Tenemos que recuperar una filosofía basada en tratar de ayudarnos unos a otros”, dijo. “Entrénese para ayudar a los demás”.

Douglas acaba de publicar One Helluva Ride. “Me maté trabajando durante 55 años”, dijo Douglas, mirando con orgullo su libro de 496 páginas. “Esto es, en cierto modo, una culminación”.

Algunas memorias de celebridades pasan por encima de lo interesante y ofrecen más un resumen de grandes momentos que un retrato en profundidad. One Helluva Ride es un éxito de taquilla: íntimo y sin censura, digno de un balde de pop.

Salvo Clint Eastwood, Robert Redford y quizá George Clooney dentro de una década o dos, pocos actores-productores con la permanencia de Douglas.

Sus memorias lo abarcan todo: seis décadas de cine —incluidos los Oscar por Wall Street y Atrapado sin salida, que produjo junto a Saul Zaentz—; dos generaciones de la realeza de Hollywood —su padre, Kirk, le abrió el camino—; dos matrimonios —uno turbulento y el segundo, con Catherine Zeta-Jones, “una alegría y un consuelo—-; muchísimas aventuras amorosas: Brenda Vaccaro, Jeanne Tripplehorn, Kathleen Turner.

La lista continúa: muchas drogas —incluidas valijas de “porro” que Douglas vendía para pagar sus dos últimos años de universidad, y una memorable borrachera después de la cual se despertó con un tub para aspirar cocaína todavía metida en la nariz—; y la paternidad, relatada con una franqueza refrescante.

Michael Douglas y Catherine Zeta Jones

El hijo mayor de Douglas, Cameron, pasó siete años en prisión por delitos relacionados con drogas, incluidos dos en régimen de aislamiento. Las descripciones de Douglas sobre ese período —y sobre las batallas de Cameron contra la heroína— están entre las partes más poderosas del libro, que es una historia familiar y una cápsula del tiempo.

“No estuve mucho tiempo presente, así que tengo mi propia culpa con Cameron”, dijo Douglas, en referencia a los años difíciles en los que él y su primera esposa, Diandra Luker, vivían en costas opuestas.

Hay algo desmitificador en las memorias: un rumor de los tabloides de 34 años atrás según el cual, en 1992, había ingresado a rehabilitación por adicción al sexo. En realidad, estaba en Sierra Tucson, Arizona, para dejar una adicción a las drogas, y todavía guarda resentimiento hacia los otros pacientes que lo delataron, de quienes habló con desprecio. Lo mismo siente por los paparazzi que seguían a sus hijos hasta la escuela cuando él tenía cáncer. “Estaba furioso”, dijo Douglas.

Hay mucho de eso en One Helluva Ride: Douglas se irrita con Oliver Stone durante el rodaje de Wall Street; con Steven Soderbergh, cuando casi pierde su papel en Traffic a manos de Harrison Ford; con Turner, cuando contrata a Roy Cohn para que la represente en una demanda relacionada con La joya del Nilo. Y más.

Imagen de la película "The Game" con Michael Douglas. Foto: Difusión

El libro contiene 22 insultos que empiezan con “fucking” y una impresionante cantidad de otros exabruptos menores. Tampoco se muestra tímido con el sexo, algo que no sorprende si se tiene en cuenta que Douglas protagonizó junto a Sharon Stone el thriller erótico Bajos instintos. (Y no olvidemos Atracción fatal, con su escena en el ascensor y aquella otra que va de la mesa de la cocina a la mesada y de ahí al dormitorio).

También hay mucha desnudez en las memorias, tanto en pantalla como fuera de ella; al parecer, Douglas prescindía de la ropa cuando vivía en una comuna durante sus años universitarios. Su padre, que lo visitó en el momento de mayor fama de Douglas, se divirtió al descubrir que el lugar no tenía baño.

One Helluva Ride está repleto de viejos rencores y aventuras: la vez que Douglas pasó por encima de su padre para conseguir el papel principal en Atrapado sin salida, una decisión que llevó años reparar; la vez que Luker encontró a Douglas con una amante no identificada en una habitación del Beverly Wilshire; la vez que esnifó cocaína con un billete de un dólar enrollado junto a O.J. Simpson en una after party de la after party de Saturday Night Live; la vez que insultó a Julia Roberts en una fiesta de los Globos de Oro; la vez que Debra Winger le mordió el brazo, lo que le costó el papel protagónico en Tras la esmeralda perdida.

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Michael Douglas en "Wall Street".
Foto: ImdB.

El papel fue para Turner, con quien Douglas tuvo un romance durante el rodaje.

“Algunas relaciones íntimas serán reveladas aquí por primera vez”, escribe Douglas en el prólogo. “Llamé a cada una de las mujeres involucradas y les pedí permiso para compartir nuestra historia”.
Durante la entrevista, Douglas se mostró más romántico que aventurero, y volvió una y otra vez a hablar de su familia, a la que están dedicadas las memorias. “Empecé a darme cuenta de lo importante que es realmente la familia”, dijo. “Esto es lo que nos mantiene unidos”.

Habló con cariño de su madre, Diana Dill y de su padre. “Mi amor por él creció a medida que ambos envejecíamos”, dijo Douglas. “Entre papá y yo sumábamos 80 años en el negocio y 160 películas. Él decía: ‘Michael, si hubiera sabido lo exitoso que ibas a ser, habría sido más amable contigo’”.

Douglas habló de la ira que heredó de su padre: “Solía recurrir a la ira como una falsa sensación de energía. La ira te da energía”, dijo. Pero la edad, el éxito y un matrimonio duradero moderaron todo aquello: “Realmente he encontrado mucha más alegría y paz con Catherine durante todos estos años que hemos estado juntos y menos involucrado en el negocio”.

Está consternado por el estado del mundo: nuestra política fracturada, nuestra sensación de desconexión del bien común, que fue un principio organizador para él en los años 60, incluso siendo un niño privilegiado.
“Este es el momento más difícil que recuerdo haber vivido”, dijo Douglas, sonando más como un abuelo preocupado que como el hombre que solía salir de fiesta con Jack Nicholson. “Soy optimista y realmente intento tener esperanza, pero tengo mucho miedo”.

Aun así, Douglas tiene opiniones firmes: “Deberíamos tomar una fracción de estos presupuestos militares y utilizarla para hacer el bien. Intentar recuperar los Cuerpos de Paz. Intentar mejorar la desigualdad en términos de acceso a la vivienda y la educación”.

Entonces pareció detenerse y corregirse. “Amo este país”, dijo Douglas. “Me siento muy patriota. Pero tenemos que despertar. Simplemente tenemos que despertar. Esto no está bien. Y supongo que estoy hablando como un sobreviviente de cáncer. Pero qué lindo clima, ¿no?”.

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