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Editorial

Las vidas políticas internas de los partidos deben convocar a quienes efectivamente quieren formar parte de tales organizaciones, ya sea con su candidatura, su militancia o con su voto.
La primera trilogía del FA con Tabaré Vázquez, José Mujica y Danilo Astori fue exitosa. Pero ya es pasado. Ahora juega una nueva trilogía: Yamandú Orsi, Carolina Cosse y Fernando Pereira.
Francia se enfrenta a una grave encrucijada. La vieja línea de partidos moderados, en los que las diferencias de políticas públicas referían a matices, se ha desdibujado totalmente.
Es inquietante: ya no se trata de definir entre perfiles socialdemócratas o marxistas, sino de entregar el país a una inevitable desestabilización de las cuentas públicas.
Es llamativo el nivel de confrontación con el que algunos altos dirigentes del FA están interviniendo en la campaña, a contrapelo del interés que está mostrando la ciudadanía al respecto.
Uno de los temas que los candidatos del Frente Amplio amagaron tomarlo como bandera de campaña fue la economía, pero rápidamente comprendieron que no les convenía.
Siempre se supo que los sindicatos se opondrían a cualquier propuesta de cambio en la educación aún antes de conocerla. Tampoco se la hicieron fácil al Frente cuando estuvo en el gobierno
Son notorias las diferencias en los programas económicos. Mientras que los candidatos de la Coalición proponen reducir impuestos, los frentistas dicen que pueden llegar a incrementarlos.
Las elecciones al Parlamento Europeo arrojaron resultados esperables, pero no menos llamativos, un corrimiento hacia la derecha con fuertes opciones antinmigratorias y nacionalistas.
Visto con la distancia que da el paso de cuatro décadas, para poder fortalecer el retorno a la democracia que estaba alumbrando, el país todo precisaba de ese sacrificio político de Ferreira.
Las generaciones que nacieron y crecieron en democracia tienen un vínculo menos apasionado con la cosa política; incluso en muchos jóvenes impera la más rampante indiferencia.
Detrás de los calificativos de “ultraderecha”, y de las coberturas livianas sobre fenómenos como Trump o Milei, hay un proceso político profundo que estremece las bases de la política occidental.

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