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En su esencia, desde el Estado dicta a los medios audiovisuales cómo hacer su trabajo. Eso, en una democracia donde rige la libertad de prensa, es inadmisible.
Una cosa es considerar favoritos a ciertos candidatos, y otra es dar por liquidada la competencia de junio faltando un mes para la elección.
En las pasadas elecciones nacionales pasó algo más que simplemente una rotación de partidos en el gobierno.
Está políticamente embretada entre lo que sabe que es una barbaridad y la realidad política de tener sectores muy fuertes jugados al disparate.

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