Mesa: ¿adónde estás?

Mi generación ha visto quedar por el camino a las viejas mesas de café. Dicho en alusión a tiempos en los que abundaban ruedas informales que reunían a personas, en algún momento y lugar, de distintos orígenes y actitudes ante la vida que disfrutaban arreglando el mundo. Ya fuese debatiendo sobre la bomba atómica o la validez del penal cobrado en el clásico del pasado domingo. Con momentos incluso de discusión acalorada aquellas experiencias siempre enriquecían a los participantes en algo.

Su sucedáneo contemporáneo serían las redes y en vez de reuniones de calor humano convivimos con frías expresiones llegadas desde el infinito. En las que se alternan todos los temas, con interlocutores galácticos y una sucesión de información y desinformación que solo deja el impacto atontado que produce el funcionamiento de las nuevas tecnologías de la comunicación. Con su tumulto de noticias. Somos astronautas solitarios.

He escuchado decir muchas veces al comentar hechos históricos que permanecen como hitos en la memoria colectiva, que quienes viven una revolución, que deriva a un cambio drástico en la experiencia de la vida humana, no advierten será así. El dominio del fuego, la invención de la escritura, Galileo Galilei, las revoluciones francesa, americana e inglesa, la máquina a vapor y la aparición del celular, van a cuenta de lo que se alude. Que se trae a colación porque nunca había personalmente percibido desde mi balcón en la ciudadanía común, estar inmerso en un momento de cambios drásticos en la organización de la realidad humana como el que está desatado actualmente.

Lo que salta a simple vista es el uso del celular y su potencialidad. Cada uno de nosotros tiene en su mano una computadora que contiene -se comenta- más de diez mil veces la capacidad de información con la que el hombre llegó a la luna. Algo más de cincuenta y cinco años atrás. Y, su uso se complementa con la evolución de la inteligencia artificial. Las máquinas y sus programas, nos permiten dar un salto de gigante en todos los órdenes del conocimiento en todas de actividades. Las dudas más complicadas sobre la materia que sea tienen una sólida respuesta en minutos y la capacidad del pensamiento de ve ampliada, permitiendo resolver en instantes asuntos complicados que antes requerirían días de investigación.

Dejando a un lado el impacto dramático sobre la economía laboral, lo más inquietante de la revolución permanente citada se proyecta a una alteración del orden político, económico y social mundial. Para quienes estudiamos Derecho acrece la percepción -especialmente en el campo internacional- de la caída de una era con una básica organización legal más o menos aceptada. Y, el advenimiento de otro tiempo impredecible, en el que la ley del más fuerte -que es actualmente el que domina con mayor eficacia al avance científico y tecnológico- retorna y se impone a paso firme.

La ilegítima invasión de Rusia a Ucrania, la descomposición de la Europa libre, la consolidación final del capitalismo (Estados Unidos y China), la crisis aparentemente final del Irán chiíta, y -abreviando- la caída final de las tiranías rapaces y policiales latinoamericanas en Cuba y Venezuela, están dentro de esta nueva época planetaria en curso. Lo que redobla la nostalgia de las escaramuzas de nuestras viejas ruedas de café.

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