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Opinión
La proclamación de Martín Lema coincide con un nuevo capítulo de la guerra de la basura que ha sido el permanente reclamo de los ciudadanos condenados a vivir en compañía de la mugre.
Cada tanto, desde tiendas prorreligiosas que ocupan lugares políticos, con la afirmación desusada de que somos un país laicista y no laico.
En nuestro país, esta festividad religiosa cristiana ha perdido su significación.
El grueso del esfuerzo que la Iglesia hace por la sociedad depende de la generosidad de quienes lo prestan.
Resulta fundamental prestar atención a los cambios globales que puedan surgir con el nuevo gobierno de Estados Unidos.
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