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La Clave

Debe ser la mejor noticia que podía recibir el gobierno en el arranque de la recta final electoral. La mayoría de los delitos caen de manera sostenida, y el único que todavía no está por debajo de 2019 son los homicidios. Sin embargo, las estadísticas no deben llevar a engaños ni al autobombo. La sociedad está lejos de percibir esta realidad, que se debe mantener en el tiempo para que tenga impacto social. Salir a “sacar pecho” con la estadística puede jugar en contra del gobierno.
La reunión del candidato frentista Yamandú Orsi con el actual mandatario español, Pedro Sánchez, está lejos de ser una buena noticia. Sánchez es un líder polarizante, divisivo, y que ha mostrado no tener ningún tipo de escrúpulo para mantenerse en el poder. Además de una obsesión perniciosa por intervenir en la política interna de países ajenos. Como si fuera poco, es un gran partidario de aumentar los impuestos. ¿Qué buena influencia se puede esperar de esa reunión?
Donald Trump no es un personaje positivo para la política global. Mantiene una mirada aislacionista, y tiene un vínculo demasiado carnal con Vladimir Putin. Pero el enfoque desmedido y agresivo de la izquierda internacional, ha sido igual o más peligroso que el propio Trump. Lo ocurrido con el ataque terrorista contra el ex mandatario estadounidense, debería ser un alerta, contra una visión que se cree tan superior que lleva el debate político a lugares muy peligrosos.
Todas las personas con entendimiento del tema acuerdan que el proyecto de Cabildo Abierto para encarar el problema de la situación de miles de uruguayos endeudados es malo. Pero ha tenido un efecto muy positivo, y es que muchas entidades han lanzado planes de refinanciación que viene teniendo gran aceptación. Esto no debería impedir que el sistema político busque alguna forma para que las personas físicas reestructuren sus deudas, como lo hacen las jurídicas.
El avance del proyecto para brindar a la zona capitalina de una alternativa de suministro de agua potable, vuelve a desatar las críticas de quienes se oponen a todo. Y que, eso sí, en cuanto hay problemas como en la última seca, posan de indignados y reclaman acción. Estuvo bien el directivo de Saceem, Alejandro Ruibal, quien contestó todas las preguntas, algunas bastante impertinentes, y dijo: “yo vivo en Uruguay, tomo agua de la canilla, y quiero que todo salga bien”.
La noticia de estos días es que el candidato del Frente Amplio, Yamandú Orsi, aprovechará sus vacaciones en España para reunirse con el presidente Pedro Sánchez. Más allá de los aspectos protocolares, la reunión es una mala noticia. Sánchez se ha caracterizado por ser un mandatario con tendencia a involucrarse en la política interna de otros países. Y por usar cualquier tipo de estrategia, hasta las más cuestionables, para mantenerse en el poder. Una mala influencia.
El presidente Lacalle Pou hizo un reclamo llamativamente público a su colega argentino, Javier Milei, por su ausencia en la cumbre del Mercosur. Es comprensible la molestia del uruguayo, ante la ausencia de Milei en una instancia clave para intentar relanzar la apertura comercial en el bloque. Algo de lo que Milei ha hablado muchas veces. Pero no es la primera vez que Lacalle Pou le tira algún “palito” público a Milei, lo cual no parece que contribuya a la intención final.
Los resultados electorales en Francia, complejos y todavía en proceso, han revivido un fenómeno tan ridículo como preocupante. Que es ver a varias figuras del Frente Amplio salir a festejar la aparente buena votación de la izquierda de ese país, como una victoria propia. Es difícil imaginar dos países con un sistema político más distinto que Francia y Uruguay. Y, sin embargo, hay gente que a partir de cuatro titulares, creen pertinente tomar postura sobre una realidad ajena.
Al cierre de esta edición, los analistas todavía interpretaban los inesperados resultados de las elecciones en Francia. Una sola cosa está clara, las encuestas le erraron como a las peras. O no tanto. El problema es que las encuestas no son oráculos que adivinan el futuro. Son apenas una foto parcial de la realidad del momento en que se hacen. Por eso hay campañas electorales, y se vota en una urna. Una lección importante de cara a lo que empieza ahora rumbo a octubre.
Tras su contundente derrota en las internas del Frente Amplio, la todavía intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, anunció que renunciará a su cargo esta semana, y se despedirá con un acto en el viejo mercado Modelo. No por acostumbrado, lo de Cosse es menos grave. Toda su carrera política se ha basado en utilizar recursos del Estado, o sea de toda la sociedad, para hacer un culto a su personalidad. Lo real es que deja la comuna sin haber hecho nada relevante.
Hay que señalar que el candidato victorioso de la interna colorada, Andrés Ojeda, viene teniendo tal vez el discurso más claro y contundente en la presente campaña electoral. En el anuncio de la incorporación de Gabriela Fossati a su sector, puso blanco sobre negro lo que se juega de cara a octubre. “No queremos Layera, Leal y Charles Carrera, queremos Zubía y Fossati”. Tiene razón Ojeda. Esa es una de las grandes definiciones que tendrán que tomar los uruguayos en breve.
Tal vez tenga que ver con que la noticia ya se anticipaba. Pero es muy preocupante la falta de interés de la gente ante la noticia de que se confirmó el plebiscito contra el régimen de AFAP, que impulsa el Pit- Cnt y varios sectores del Frente Amplio. Se trata de una propuesta que, de concretarse, afectará de manera trágica a la economía del país. Y que sin embargo, la sociedad no parece darse cuenta de la relevancia que tiene para el futuro de todos los uruguayos.

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