En las últimas semanas vengo escribiendo sobre los peligrosos avances de la judeofobia, no solo internacionalmente sino también en nuestro país. Tal vez la gota que colmó el vaso fue que nada menos que un diputado nacional haya dado por buena una teoría conspirativa antisemita, tan estúpida como añeja, sobre supuestos intereses judíos en la Patagonia argentina. Hay hasta una serie de televisión (Iosi, el espía arrepentido) que se mofa de esa invención estrafalaria.
Pero la verdad es que la religión católica, últimamente, también está en la mala.
Desde mi posición de agnóstico no tengo para nada la camiseta puesta; es solo que no termino de entender por qué tanto desprecio hacia las comunidades espirituales. Está buenísimo que vivamos en un país laico, pero el enano fascista que algunos llevan dentro confunde laicidad con intolerancia. La verdadera laicidad no consiste en erradicar cualquier contenido religioso de la vida pública sino al contrario, lo que promueve es tolerarlo en su más amplia diversidad.
Las diatribas que se lanzaron contra Juan Andrés Verde, un cura muy simpático, trabajador y solidario, por la terrible audacia de convocar a una misa al aire libre el 31 de diciembre en una playa del este, lo dicen todo.
Un grupo de vecinos de Playa Verde envió una carta a la Junta Departamental de Maldonado objetando que “las playas se conviertan en lugares de proselitismo político o religioso”. Dicen que “se les impuso un ritual religioso” y hasta le agregaron un reclamo ambiental, por el deterioro que causaría “el trasiego entre las dunas”.
El “Gordo” Verde publicó una aclaración donde informó que la única persona que se acercó a reclamar le dijo “me chupa un huevo la misa” y “por qué no te vas a hacerla a Punta del Este”. El evento, que ciertamente contó con una afluencia de público muy superior a la esperada, se desarrolló de manera pacífica y respetuosa y sin daño ninguno para las famosas dunas.
Leí en X comentarios de buenos amigos míos poniéndose del lado del vecino enojado: parece que no están para fumarse un rito religioso que no comparten, pero no sé si se quejan de igual modo cuando la gente baja a la playa con parlantes a todo volumen con la voz chillona que canta “a todos los vuelvo locos con mi pollera amarilla”.
Reprochan que no se haya solicitado autorización a la Intendencia. Cambian la fe en Jesús por la que se profesa al burócrata de turno. ¿Acaso si lo hubieran hecho, la comuna la hubiese negado? A ver, fue una misa, no una fiesta electrónica con consumo de éxtasis.
La polémica me evocó inmediatamente las terribles complicaciones en que se vio el expresidente Sanguinetti para que la Junta autorizara la colocación de la cruz en Tres Cruces, celebratoria de la visita del Papa Juan Pablo II.
O la otra iniciativa a la que el mismo batllismo se opuso: la de emplazar una estatua de la Virgen María en el Buceo, donde se celebran anualmente encuentros masivos de cristianos. La cruz quedó, pero lo de la Virgen no anduvo. ¿Cuál es el problema de colocarla? Nadie se quejó de los monumentos a Iemanyá y Confucio, en Palermo y Parque Rodó. Y si me preguntan, yo haría lo posible para que sacaran de la rambla ese jugador de futbolito gigante que saluda al sol, un mamarracho que estéticamente no tiene nada que ver con su entorno. (Los paladines en prohibir una estatuita religiosa son los mismos que siguen sin refaccionar el hermoso monumento El Entrevero de Belloni, intencionalmente a oscuras en una plaza llena de chirimbolos luminosos de baile de 15).
¿Qué problema tienen con que una parte de la ciudadanía pueda celebrar sus ritos o emplazar sus imágenes en el espacio público? ¿Por qué les molesta ver una misa de cerca? ¿Tienen miedo de que se ofendan los que creen en Mahoma? Y a estos, ¿les vamos a prohibir que se inclinen ante La Meca, si tienen ganas? Siendo así, ¿erradicamos también a los actores disfrazados de Papá Noel o los Reyes Magos de los shoppings? Qué pavada.
Si tanto les preocupan las religiones, deberían empezar por controlar a las sectas que lucran con la inocencia de muchísima gente, ofreciéndole jabones de la descarga, exorcismos truchos y curas de enfermedades terminales por un módico diezmo.
Dejen en paz a los católicos aunque no comulguen con sus creencias. No los van a contagiar.
Pasa lo mismo cuando la Iglesia se pronuncia en contra del aborto y la eutanasia y le responden que no se meta en lo que no le corresponde. ¿Quién le quita el derecho de opinar, en tanto organización de la sociedad civil?
Hay una especie de complejo de superioridad moral en quien amordaza al discrepante desde un paradigma espiritual, como si el ateísmo fuera intelectualmente más elevado que cualquier fe religiosa. Pamplinas. Es tan subjetivo e incomprobable decir que hay un Dios, como negar su existencia. Quien crea ser dueño de la verdad en un dilema que no está al alcance de la comprensión humana, o es muy ignorante o está cegado por la propia soberbia.
Respetemos las ideas y los credos de cada uno, en la medida que estos respeten los derechos de todos. Seamos un poquito más librepensadores, vamos, que nunca es tarde.