"Fue un regalo para el alma”, define Enrique Fernández a la avant-première del miércoles de la versión remasterizada de El baño del Papa, la película que codirigió con César Charlone y que desde ayer está en cines con nuevo esplendor.
Para la ocasión llegaron de Melo parte del elenco (incluido Mario Silva, el inolvidable Valvulina) y los técnicos que trabajaron en una película que sigue tan entrañable como cuando se estrenó en 2007.
Ha sido un largo camino para un guion que Fernández soñó con hacerle llegar a Spike Lee y que, en ese camino, fue a dar a Charlone, quien había trabajado con Lee y justo buscaba algo para filmar en Uruguay. A los 20 años se había ido a estudiar cine a San Pablo, desde donde construyó una carrera como director de fotografía que lo llevó a ser nominado al Oscar.
Para conquistarlo, Fernández planeó toda una estrategia.
“Le di el guion en un sobre a la esposa de César, que iba a viajar a África, donde él estaba trabajando en El jardinero fiel”, recuerda. “Mi cálculo fue que, si le daba el sobre abierto, ella seguramente iba a leerlo durante un vuelo tan largo. Si lo leía, le iba a gustar y, si le gustaba, le iba a calentar la oreja a César”.
“Fue así. Ella llegó y me dijo: ‘Lo tenés que leer, te va a encantar’”, agrega Charlone. “Funcionó”.
El resto es historia. La película, que cuenta la esperanza de un quilero (César Troncoso, en su papel consagratorio) de hacer unos pesos alquilando un baño durante la visita de Juan Pablo II a Melo, se estrenó en Cannes, obtuvo premios en una veintena de festivales y se convirtió en la película favorita de un montón de uruguayos.
La nueva versión (“se ve impecable”, dice Charlone) se estrenó en cines y se reparte en un montón de salas de Montevideo y el interior.
Sobre todo eso, los directores charlaron con El País.
—¿Cómo viven eso de mostrar la película a nuevas generaciones?
Fernández: El desafío es saber si el público, ahora acostumbrado a otra velocidad en todo sentido, sigue los tiempos de la película y de la historia.
Charlone: Pero tiene un ritmo bastante ágil, contemporáneo.
Fernández: Es verdad. Para mí, uno de los comentarios más importantes fue el de una pareja que salía ayer. La esposa le dijo al marido: “Te reís mucho y llorás también”.
—¿Imaginaban el alcance que podía tener esa historia?
Fernández: Para mí era un sueño: quería contar una historia de un rinconcito, de Melo. Recién cuando hicimos la primera toma fui a buscar algo al ómnibus de vestuario y, en ese trayecto, me cayó la ficha de que estábamos haciendo efectivamente la película. Antes de eso ya había pasado mucha cosa, pero seguía siendo un sueño.
Charlone: Recuerdo ese día como algo muy lindo, porque filmar en Uruguay era mi sueño del pibe. De repente, se me daba la posibilidad de hacer una película acá. Y estaba en casa, filmando también la historia de Enrique, que fue quien sacó adelante el proyecto.
—¿Cuándo empezó a escribir el guion?
Fernández: Mi experiencia en largometrajes era el guion de Otario, de Diego Arsuaga pero El baño del Papa lo empecé a escribir unos tres años antesde eso. Juntaba lo que iba escribiendo en una caja de zapatos que se fue llenando. Y eso era solamente el material de la historia, al que había que estructurar de una manera eficaz para una hora y media. Eso fue lo que me dio más trabajo.
—Y usted, Charlone, ¿qué aportó al guion? ¿Qué le pareció que le faltaba y qué podía sumar desde su experiencia?
Charlone: En esa primera instancia tenía algunos comentarios, pero preferí buscar a alguien más profesional. En el rodaje de El jardinero fiel había conocido una figura que no conocía: el script doctor, una persona que se especializa en analizar guiones y detectar fallas o carencias. Nos señaló algunos aspectos que había que mejorar. Con Enrique nos encerramos en el apartamento y trabajamos sobre esas sugerencias.
—¿Qué les señaló?
Charlone: Principalmente, ella destacaba que el personaje de la hija era una figura que caminaba con la madre, pero que no existía como personaje. Todo eso de que quería ir a la capital y tenía ese sueño lo creamos en esa etapa de reescritura y finalización del guion.
—El rodaje conmocionó a Melo.
Fernández: Y eso que nadie creía que se fuera a hacer una película. Daban por descontado que era un rumor. Empezaron a darse cuenta de que era cierto.cuando vieron un ómnibus y un camión con equipos desfilando por la ciudad. Recién ahí. Ayer conversaba con los actores y las actrices que vinieron de Melo. Hablaba con Rosario Dos Santos, que hace de Teresa, y me contaba que en el barrio y en su familia le habían dicho: “Ni te molestes, eso es un bolazo. ¿Quién va a hacer una película en Melo?”. Pero ella fue igual, porque, si no había nada, no perdía nada. Y quedó.
—¿Qué escenas recuerdan como las más trabajosas y cuál fue la más divertida del rodaje?
Fernández: Para mí, y para el público, la más divertida fue la del ensayo del baño. El elenco se moría de risa y eso se nota en la pantalla. No lo sacamos en la edición porque se habían divertido mucho.
Charlone: Todo fue muy lindo y divertido de hacer, pero esa escena fue especialmente divertida. Los actores le ponían su toque y la iban haciendo cada vez más interesante.
Fernández: Lo que fue una especie de magia fue simular las 8.000 personas con 200 extras. Teníamos dinero para contratar a 200 y había que dar la sensación de que había 8.000. Ahí entra la experiencia de César, moviendo grupos con un megáfono.
—La película tiene algo particular en la manera de filmar la frontera, un territorio prácticamente inexplorado por el cine uruguayo. Charlone, ¿cómo fue ese trabajo?
Charlone: Fue un regalo poder filmar en esa región, con esa luz divina. Me ponía cargoso con que había que madrugar para agarrar la primera luz del amanecer y quedarse hasta tarde para aprovechar el último rayo de sol del atardecer. Ayer la veía y pensaba: “¡Qué suerte que tuve! ¡Qué luz divina que se me dio!”. Y era otoño, cuando los árboles empezaban a tomar un color más dorado. Fue un deleite.
—¿Cómo llegaron a Cannes?
Fernández: En los festivales hay gente que recorre el mundo buscando películas para seleccionar, según el perfil de cada uno. En el equipo empezó a circular la información, sobre todo porque a Elena Roux, la productora, le llegaban comentarios de que había dos secciones de Cannes interesadas, que competían entre sí para quedarse con ella. Lo que más me quedó fue caminar por la rambla de Cannes y escuchar la música de la película en los altoparlantes cuando se estrenó. Fue muy lindo.
—Fernández, usted no hizo otras películas después de El baño del Papa. ¿Qué pasó?
Fernández: Toda mi vida fui docente de dibujo y lo del cine llegó después de los 50 años, porque era una asignatura que tenía pendiente desde la adolescencia. Sentía la necesidad de contar esta historia porque era un mundo que estaba desapareciendo, como efectivamente desapareció. Y era una especie de homenaje, más que a mi ciudad natal, a mis padres y al mundo en el que ellos vivieron. Creo que cumplí con eso y doy por hecho lo que vine a hacer en el cine. He escrito otros guiones y, si surgiera otra película, gustosamente la haría. Pero, con los beneficios y las recompensas que trajo El baño del Papa, creo que cumplió sobradamente.
Charlone: Estoy esperando que me llames para que hagamos la próxima. Escribís tan bien y tus ideas son tan buenas que es un desperdicio que no hagas otra.