Parado detrás del atril de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente argentino Javier Milei hizo una encendida defensa del reclamo argentino por la soberanía sobre las Malvinas, con duras críticas a la ONU, organismo al que acusó de “inútil” y de haber decidido “mirar hacia otro lado con la causa” de las islas, y llamó “una vez más al Reino Unido a dialogar para encontrar una solución pacífica” y debatir sobre la explotación de los recursos naturales en la zona en disputa.
“Malvinas es para nosotros una causa nacional”, resaltó el presidente en una dura exposición de 19 minutos, que se produjo en medio de la renovada tensión diplomática con el Reino Unido por el reclamo argentino sobre las islas.
Como se esperaba en la previa de un discurso que generaba altas expectativas, Milei aprovechó su espacio en la Asamblea General de la ONU -su tercera participación desde que es mandatario- para amplificar la estrategia del gobierno de endurecimiento drástico en su postura frente a la explotación de recursos naturales en la zona de las Malvinas y de exigencias a Londres para retomar el diálogo.
“La de Malvinas no es una cuestión entre la Argentina y el Reino Unido; este organismo debería tomar nota de las resoluciones. Nosotros elegimos una defensa pacífica y efectiva”, dijo Milei en un tramo de su discurso, en el que le dedicó varios minutos a la causa Malvinas.
“Al Reino Unido lo llamamos una vez más a dialogar para encontrar una solución pacífica y debatir sobre la explotación de los recursos naturales. No nos vamos a sentar a esperar que la ONU actúe, vamos a tomar cartas en el asunto”, señaló el líder libertario, que desde el inicio de su discurso lanzó duras críticas a la ONU.
“Se convirtió en una organización inútil que solo sirve para alimentar una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bienintencionados”, lanzó el Presidente, en una sala que lucía cercana a la mitad de su capacidad. Dos representantes británicos lo escuchaban sentados en sus lugares.
Milei consideró que quienes deberían “garantizar la seguridad colectiva y los derechos humanos fracasaron en la tarea y, en su lugar, permitieron el caos, la violencia y el terrorismo internacional”.
“Una organización que se propuso defender la soberanía nacional de sus miembros decidió mirar para otro lado respecto a la situación de las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Malvinas es para nosotros una causa nacional y una prueba de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad sobre la que pretenden actuar”, resaltó Milei.
La previa del discurso había estado precedida por por un inusual cruce entre la Argentina y el Reino Unido en este escenario global, tras la réplica del canciller Pablo Quirno en la noche del martes al primer ministro británico, Andy Burnham, quien había asegurado -al hablar de las islas- que su país estará “firme contra cualquier amenaza al orden de la ley”.
Respecto a la imposición de sanciones a empresas de hidrocarburos que operan ilegalmente en la zona de las Malvinas, Milei recordó una resolución de la Asamblea que instaba a las partes en conflicto a “abstenerse de introducir modificaciones unilaterales” mientras la disputa permaneciera abierta.
“Cincuenta años después, la situación no ha cambiado, pero las modificaciones unilaterales continúan. Hoy, el proyecto Sea Lion avanza hacia la extracción de petróleo en la plataforma continental argentina, correspondiente a la cuenca Malvina norte, mediante licencias británicas que la Argentina rechaza por ilegales e ilegítimas”, marcó.
“¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos pero impotente frente a la realidad?”, se preguntó el Presidente, que había preparado el discurso junto a su asesor Santiago Caputo.
El presidente sostuvo que “no faltan palabras y resoluciones”, sino que “tengan consecuencias”, dado que una institución que “no logra que sus palabras pesen sobre los hechos, pierde su autoridad”. Fue otro dardo al accionar de la ONU, institución a la que Milei ha criticado con dureza en sus tres discursos en la Asamblea General.
En ese sentido, el gobierno hizo una apuesta este año al impulsar la candidatura a secretario general del organismo del diplomático argentino Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), aunque en las votaciones indicativas del Consejo de Seguridad ha perdido terreno. La carrera aún no está cerrada.
“Quienes siguen las reglas no tienen recompensa por hacerlo y los que incumplen no tienen consecuencias. Esto plantea preguntas sobre la capacidad del organismo”, advirtió en otro pasaje el presidente, que recordó que ante la explotación ilegítima el gobierno actuó con notas de desaliento, sanciones a empresas involucradas y una ley al Congreso.
“Los gobiernos de la historia de la Argentina optaron por una defensa discursiva; nosotros, por una pacífica, práctica y efectiva”, se congratuló, con críticas elípticas a las administraciones que le precedieron en la Casa Rosada.
Al referirse a la situación de los habitantes de las islas, consideró que se trata de una “población implantada sobre un territorio que se encuentra en disputa”, en línea con los planteos argentinos ante el organismo. “A Reino Unido le reiteramos el llamado para reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica al reclamo por la soberanía y la invitación a proceder sin demora a discutir el tema”, expresó.
También aguijoneó a Londres por la reciente presentación de Escocia, Gales e Irlanda del Norte en la que afirmaron su derecho a la autodeterminación. “Si el Reino Unido sostiene una interpretación selectiva al principio de libre determinación respecto de las Malvinas, deberá explicar también cómo concilia ese criterio con los debates dentro de su propio territorio”, indicó Milei, que al final del discurso recibió algunos aplausos. Lo cerró con su clásico “¡Viva la libertad, carajo!”.
Guillermo Idiart /La Nación (GDA)
“No regular la IA de manera preventiva”
Javier Milei, que lució traje oscuro y una corbata de un modelo que usara el economista Adam Smith, también hizo un llamado a las inversiones extranjeras en la Argentina, sobre todo en el sector energético, y afirmó que Vaca Muerta “es una oportunidad histórica”. “Vengan, inviertan, desarrollen, háganlo con nosotros. Pero no seremos indiferentes ante quienes exploten recursos de un lugar ocupado ilegalmente”, advirtió, con clara referencia a las Malvinas.
El mandatario también ratificó el fuerte alineamiento con Estados Unidos e Israel, países con los que, dijo, la Argentina comparte “una profunda afinidad de valores y una complementariedad estratégica”, y fustigó a la ONU por el manejo de la pandemia.
Sobre la segunda parte del discurso, Milei defendió su postura sobre el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), y ratificó su alianza con el gobierno de Donald Trump en el sentido del desarrollo de la IA con el “compromiso de no regular de manera preventiva”.
Se refirió los que “tenemos la pasión de leer a Jorge Luis Borges” y “amamos su visión de convalidar una idea llevándola a su límite”.
Sobre del debate global que generó el avance de la IA, Milei dijo que “donde muchos ven una amenaza”, la Argentina ve “una frontera”.
“La IA será la fábrica de alfileres del siglo XXI”, apuntó: “Inteligencia artificial o superinteligencia, como dice Trump, puede multiplicar nuestra productividad en órdenes de magnitud que todavía no comprendemos. Trayendo a Adam Smith: la IA será la fábrica de alfileres del siglo XXI, y mucho más (...) ¿Eso exige prudencia? Sí. Pero prudencia no significa miedo, y es más, el miedo bajo ningún punto de vista debería convertirse automáticamente en obediencia”, remarcó.
“Por eso les digo: ante la IA, la Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad. Tenemos los minerales críticos, la energía, el talento y la capacidad para competir en cada eslabón de esa cadena de valor y queremos ser el lugar más competitivo al mundo para desarrollarla, con un marco jurídico de vanguardia, el compromiso de no regular de manera preventiva”, prometió.
Sobre el rol de la ONU en sí, lanzó: “No faltan palabras y resoluciones, lo que falta es que tengan consecuencias, porque una institución que no logra que sus palabras pesen sobre los hechos pierde su autoridad. Quienes siguen las reglas no tienen recompensa por hacerlo y los que incumplen no tienen consecuencias. Esto plantea preguntas sobre la capacidad del organismo”.
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