Los dirigentes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, reunidos en Cardiff ayer, afirmaron en una histórica declaración conjunta su “derecho a la autodeterminación”, y subrayaron que el futuro de esos territorios está “en la Unión Europea”. Sin embargo, dejaron claro que entre ellos mismos existen “diferentes posturas constitucionales” y por ello “cada nación determinará su propio futuro a su manera y en su tiempo”, según el texto consensuado en esta cumbre.
El primer ministro galés, Rhun ap Iorwerth, jefe del partido Plaid Cymru, recibió a John Swinney, primer ministro escocés y dirigente del Partido Nacional Escocés (SNP), Michelle O’Neill, la primera ministra norirlandesa y vicepresidenta del Sinn Féin, y también a Mary Lou McDonald, presidenta de esa formación.
Un paso de esta magnitud tiene un fuerte peso político que sus impulsores buscaron moderar. Por eso, todos aclararon que acudían al encuentro como líderes de sus respectivas formaciones y no como jefes de sus gobiernos.
“Nuestras naciones tienen derecho a la autodeterminación”, escribieron los dirigentes. “Ningún gobierno de Westminster tiene derecho a poner trabas a la democracia”. “Instamos al gobierno británico a preparar, planificar y facilitar los cambios constitucionales”, agregaron. Tanto Escocia como Gales e Irlanda del Norte están gobernados actualmente por líderes independentistas. Una situación inédita desde que se pusieron en marcha instituciones autónomas en esos territorios del Reino Unido, en 1999.
El memorando hace un guiño a la Unión Europea “El brexit dañó nuestras economías y limitó las oportunidades de nuestra gente. Creemos en el futuro de nuestras naciones como pertenecientes a la Unión Europea, y queremos trabajar juntos para reconstruir y fortalecer estas relaciones europeas”.
El texto no incluye la palabra “referéndum”, pese a que en la rueda de prensa posterior tanto Swinney como la norirlandesa O’Neill lo reclamaron para sus respectivos territorios, mientras que el galés Rhun ap Iowerth dijo que no quería pronunciarse sobre “la cuestión del calendario”, tal vez consciente de que en Gales el sentimiento proindependencia es más débil, aunque haya crecido en los últimos años.
Consultado sobre el mensaje del memorándum, interpretado como un llamado a la “ruptura” del Reino Unido, el dirigente galés Rhun ap Iorwerth buscó bajar el tono: “Nunca he estado interesado en la ruptura del Reino Unido, sino en desarrollar competencias (...) No soy un aislacionista, no creo en la idea de cerrarnos al mundo. Tenemos relaciones estrechas e importantes culturalmente entre estas islas (británicas) que queremos mantener”, proclamó.
Los sucesivos gobiernos británicos siempre se han opuesto a la organización de referéndums sobre la independencia desde el que se celebró en 2014 en Escocia, en el que el 55% de los votantes se pronunciaron en contra de ella.
La semana pasada, Downing Street cerró la puerta a cualquier esperanza de que esa postura se suavice. “El primer ministro Andy Burnham cree firmemente en la unión del Reino Unido”, reaccionó ayer su portavoz. Añadió que su gobierno está centrado en aliviar la carga económica sobre los británicos “más que enredarse en debates constitucionales o futuros referéndums”.
Factor Trump
El relanzamiento de la cuestión nacionalista en las últimas horas vino precedido de una inesperada declaración del presidente estadounidense Donald Trump el pasado fin de semana, cuando dijo que le gustaría ver una Irlanda reunificada y eso es algo que “tarde o temprano sucederá“.
Consultada sobre esas declaraciones, la presidenta del Sinn Féin irlandés dijo que “reflejan el hecho de que este debate (sobre la autodeterminación) está muy vivo y la gente comprometida, no solo dentro sino también internacionalmente”.
El Sinn Féin aboga por que se organice un referéndum antes de 2030. Londres se atiene a los acuerdos de paz del Viernes Santo, firmados en 1998 para poner fin a los enfrentamientos en Irlanda del Norte. Según ese pacto, se puede organizar un referéndum siempre y cuando una mayoría de los habitantes de esa provincia británica sea proclive a votar a favor de la unificación.
Por su parte, el escocés Swinney consideró que un referéndum sobre la independencia de Escocia debería celebrarse en los próximos cinco años.
En Gales, Rhun ap Iorwerth, que al ser elegido en mayo había presentado la independencia como un objetivo lejano, no fijó una fecha para una eventual consulta. “Prefiero dejar la cuestión del calendario en manos del pueblo galés”, declaró. No obstante, aseguró que resulta cada vez más evidente que “Westminster no funciona”, en referencia al gobierno central británico.
En tanto Burnham, quien montó una sede de Downing Street en Manchester, donde fue alcalde, ha señalado una mayor descentralización como una de sus prioridades desde que llegó al poder en julio.