Momentos clave del primer discurso de León XIV: referencias a Artigas, la familia y la vida del que "no ha nacido"

Sin mencionar la eutanasia, el papa también abordó la necesidad del "acompañamiento" de quienes sufren; fue un discurso en el que valoró, además, la democracia de Uruguay y su avance en materia energética.

El papa León XIV saluda a su llegada a la Plaza Independencia.
El papa León XIV saluda a su llegada a la Plaza Independencia.
Foto: Ignació Sánchez

La multitud estaba impaciente, pero no perdía el humor. El calor casi de verano que abrazó a fieles y entusiastas en las primeras horas de la tarde fue reemplazado, como por gracia divina, por un viento fresco otoñal. Pero eso no impidió que los distintos grupos de voluntarios, agolpados por todas partes en la Plaza Independencia, animaran la ansiada espera con cánticos amistosos. La señal de que faltaba menos para ver aparecer al papa León XIV no pudo ser más directa: a las 16.15, cuando las nubes ya estaban juntándose amenazantes -aunque solo largarían algunas gotas aisladas al atardecer-, el Airbus A330 en el que el papa viajó desde Roma, durante más de 13 horas, pasó por detrás del edificio José Artigas, para emoción de lo que ya era una multitud y que advirtió al avión azul cuando se reflejó en el vidriado de la Torre Ejecutiva.

El sumo pontífice apareció poco más de una hora después, por donde estaba previsto: asomó en su papamóvil, justo donde muere 18 de Julio, a paso peatón y saludando lento. Cuando el público quiso acordar -porque los saludos de los expresidentes y demás instancias de protocolo acordadas fueron de pocos minutos -, el presidente Yamandú Orsi y Robert Prevost estaban ya subiendo al escenario.

Desde allí -luego del himno nacional y la Marcha Pontificia que interpretaron músicos y coros del Sodre-, el primero haría un discurso de 10 minutos, cargado de referencias políticas que sabía de antemano conectadas con la visión y postura del solemne invitado. El segundo, en tanto, por espacio de poco menos de media hora, presentaría una exposición entroncada en la historia del Uruguay, pero en la que también reafirmó, como no podía ser de otra forma, los postulados históricos de la doctrina eclesiástica.

El hilo conductor de los 24 minutos en los que Prevost leyó y se dirigió al público -con aplausos varios que interrumpieron su lectura- fue el friso de bronce que rodea el monumento de José Artigas en el centro de la plaza -del artista Angelo Zanelli-, que retrata el éxodo del pueblo oriental de 1811, dos años antes de la famosa frase del prócer, que León citó al inicio, cuando comenzaba a describir, justamente, las imágenes de “La Redota” estampadas en la base del monumento: “Mi autoridad -recitó- emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”.

Vino a cuento la cita, argumentó luego del aplauso más largo de la jornada, porque se trata de una frase que “unía el origen de la autoridad y la responsabilidad de quien la ejerce: recibirla de una comunidad concreta y responder ante ella”.

Fue el puntapié además para recordar que el año pasado Uruguay cumplió “40 años de democracia ininterrumpida, durante los cuales se sucedieron distintos gobiernos por decisión de los ciudadanos”. Y ese valor sirvió, a su vez, para que el papa formulara que “la autoridad pública encuentra su razón de ser en el servicio al bien común y está llamada a ejercerse dentro del orden jurídico, respetando la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos”.

Papa León XIV en la Catedral de Montevideo
Papa León XIV en la Catedral de Montevideo
Foto: captura de video

Como la idea del “bien común incorpora también a las generaciones futuras” -como dijo en su tiempo su antecesor, el papa Francisco-, esa noción fue el piso conceptual para hablar del futuro, un tema presente en su encíclica Magnifica Humanitas -que advierte, y volvió a hacerlo, por los peligros inherentes al desarrollo incontrolado de la inteligencia artificial.

“La mirada hacia el futuro” fue otro eje conceptual, porque se refirió a ello tanto para hablar de los desafíos que tiene por delante el Uruguay -del que también destacó su profunda transformación de la matriz energética como una política de Estado de los últimos años- como de la vida que “todavía no ha nacido” y que igualmente -enfatizó, y aquí también fue aplaudido- “pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo”. “Su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece. Jesús mismo quiso asumir esta condición al encarnarse”, sentenció León. Y esa aseveración dio paso, al mismo tiempo, para hablar de la familia, entendida como núcleo vital de toda sociedad o, como lo enunció Juan Pablo II, espacio donde se fragua “el futuro de la humanidad”.

La desigualdad que vive el mundo, otro asunto que León buscó enclavar en el friso de Zanelli, fue una referencia a partir de la cual habló -al igual que Orsi un rato antes- del problema de la pobreza infantil: es decir, de la necesidad de asegurar la mejor educación y alimentación para todos los niños. Porque eso es indispensable para luego recibir la imprescindible formación que permite “abrir también oportunidades concretas para incorporarse a la vida laboral, poner en práctica lo aprendido y adquirir autonomía mediante el propio esfuerzo”.

El presidente Yamandú Orsi junto al papa León XIV.
El presidente Yamandú Orsi junto al papa León XIV.
Foto: Ignacio Sánchez.

“El trabajo se convierte así en uno de los cauces que permiten a cada persona desarrollar sus capacidades y contribuir al bien de los demás. Conviene recordar que ‘el trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo’”, volvió a citar el papa a Juan Pablo II, justo antes de pasar a mencionar su insistente tema de la inteligencia artificial. “Este criterio conserva toda su actualidad ante los rápidos cambios de la tecnología y de la inteligencia artificial. El desarrollo de estas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas -advirtió-, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo”.

Acompañar al dolor. Ya mencionado un asunto sensible del debate nacional, predecible en la previa a esta histórica visita, que fue la reivindicación, una vez más, de la postura del Vaticano en contra del aborto, en el sistema político se esperaba también una referencia a una ley uruguaya mucho más reciente, pero igualmente enfrentada a la cosmovisión católica: la que, aprobada el 15 de octubre de 2025, reguló la eutanasia para enfermos terminales y personas con padecimientos incurables e irreversibles.

Y para esto, de nuevo, León volvió al friso de bronce, del que, antes -y para hablar de un problema que caracteriza a la sociedad uruguaya-, aprovechó para describir los esculpidos “rostros” y “gestos” que sin embargo pueden esconder el sufrimiento interno que muchas veces lleva al suicidio. “La soledad, la angustia y la pérdida de esperanza pueden llegar a ser tan profundas que una persona deje de encontrar razones para continuar viviendo. Ante la dolorosa realidad del suicidio, la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables. Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia”, leyó León, quien de inmediato entró en el otro esperado tema, y que tantos cuestionamientos formuló en su momento el cardenal Daniel Sturla.

El papa León XIV y el presidente Yamandú Orsi.
El papa León XIV y el presidente Yamandú Orsi.
Foto: Nicolás Pereyra.

“Otras formas de sufrimiento se manifiestan en el cuerpo o en las condiciones de vida. La enfermedad, la discapacidad, el dolor físico, la pérdida de autonomía, la pobreza, la falta de trabajo o la exclusión pueden hacer especialmente necesaria la ayuda de los demás”, dijo León.

Inevitablemente, también tuvo que referirse a la operación a la que debió someterse y que puso en peligro esta misma visita. “Recientemente he experimentado en primera persona las limitaciones que impone la enfermedad y he recibido cuidados por los que estoy profundamente agradecido. Esta experiencia me lleva a pensar en tantos hombres y mujeres que carecen de medios para obtener un diagnóstico oportuno o recibir los tratamientos que necesitan. Procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos, es una responsabilidad que interpela a toda sociedad”. Y agregó, ahora sí: “Quien atraviesa cualquiera de estas situaciones no deja por ello de ser miembro pleno de la sociedad ni pierde nada del valor de su vida. En esas circunstancias, su fragilidad hace más urgente que reciba la asistencia, los recursos y el acompañamiento que necesita”.

Porque “la atención debida a quienes sufren compromete a toda la familia humana”, dijo también el papa, que recordó que “para la Iglesia, este deber encuentra una razón particular en el mandato de Jesucristo de reconocerlo y servirlo en los más necesitados”.

El papa redondeó su discurso con una última apelación al éxodo de los orientales, en tanto representa a “un pueblo puesto a prueba, que debió dejar atrás mucho de lo que tenía y que procuró permanecer unido en medio de la incertidumbre”.

Cuando el viento ya viró al frío y unas gotas aisladas empezaron a mojar el escenario, León XIV terminó su intervención, pero no todavía la larga jornada que aún le esperaba.

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