Papa León XIV elogió la democracia uruguaya y pidió que el desarrollo económico beneficie a todas las personas

El pontífice habló en la Plaza Independencia ante Yamandú Orsi y repasó los desafíos de nuestra sociedad. En su oratoria destacó la democracia, la protección familiar y los riesgos tecnológicos.

El papa León XIV llamó a poner la dignidad de las personas y el bien común en el centro de las decisiones políticas, económicas y sociales, durante su primer discurso en Uruguay, pronunciado este viernes en la Plaza Independencia, ante el presidente Yamandú Orsi, autoridades nacionales, representantes de la sociedad civil y del cuerpo diplomático.

En su mensaje, el pontífice abordó algunos de los principales desafíos de la sociedad contemporánea: la protección de la vida desde la gestación, el papel de la familia, el acceso a la salud y la educación, las condiciones laborales, el avance de la inteligencia artificial y la responsabilidad de preservar los recursos naturales para las próximas generaciones. También destacó la trayectoria democrática de Uruguay y la importancia de la convivencia entre personas con distintas creencias y convicciones.

León XIV inició su discurso con una referencia a la historia nacional y al monumento a José Artigas que preside la plaza. A partir de las escenas representadas en el pedestal, evocó el Éxodo del Pueblo Oriental de 1811, conocido como la Redota, y recuperó una frase del prócer pronunciada ante los representantes orientales en el Congreso de Abril de 1813: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”.

El papa sostuvo que aquella expresión vinculaba el origen de la autoridad con la responsabilidad de quien la ejerce. En ese sentido, destacó que Uruguay cumplió en 2025 cuatro décadas de democracia ininterrumpida, durante las cuales se sucedieron distintos gobiernos por decisión de los ciudadanos. La autoridad pública, afirmó, "encuentra su razón de ser en el servicio y el bien común, y debe ejercerse dentro del orden jurídico, con respeto a la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos".

A partir de esa idea, planteó que el bien común también implica transmitir a las generaciones futuras los bienes recibidos. En particular, destacó la transformación de la matriz de generación eléctrica uruguaya, que actualmente se apoya principalmente en fuentes renovables, como resultado de decisiones sostenidas a lo largo de los años y de la participación de distintos sectores del país.

Sin embargo, advirtió que ese avance también plantea nuevos desafíos en áreas como el transporte, la producción y el uso responsable de la tierra, el agua y la energía. Pensar a largo plazo, señaló, supone administrar esos recursos sin comprometer las posibilidades de quienes habitarán el país en el futuro.

El papa León XIV llega a Uruguay.
El papa León XIV llega a Uruguay.
Foto: Captura de YouTube.

La protección de la vida y el papel de la familia

Otro de los ejes centrales del discurso fue la protección de la vida desde la gestación. El pontífice volvió a tomar como referencia las imágenes del monumento a Artigas, en particular la de una mujer que sostiene a un bebé en brazos mientras avanza junto al resto del pueblo oriental.
“Quien todavía no ha nacido pertenece a la nación humana y al futuro de su pueblo”, afirmó.

Sostuvo que la dependencia absoluta del niño respecto de su madre no disminuye su dignidad ni la protección que merece, y señaló que acoger una nueva vida requiere el compromiso del padre, el apoyo de la familia y condiciones sociales que permitan a ambos cuidar y criar a sus hijos.

Para León XIV, la protección de quien va a nacer y el acompañamiento a quienes lo reciben son responsabilidades inseparables. En ese marco, reivindicó a la familia como el primer ámbito en el que cada persona es acogida y aprende a vivir con los demás. También recordó una frase de Juan Pablo II, quien visitó Uruguay en dos ocasiones: “El futuro de la humanidad se fragua en la familia”.

El papa extendió esa reflexión a la infancia y a la educación. Señaló que cuidar a los más pequeños implica garantizarles una alimentación adecuada, un hogar y la presencia de adultos que los acompañen, además de una educación que desarrolle sus capacidades, forme su juicio y los prepare para participar con libertad y responsabilidad en la sociedad.

La formación, agregó, debe abrir oportunidades concretas para incorporarse al mundo laboral, poner en práctica lo aprendido y alcanzar autonomía mediante el propio esfuerzo.

El papa León XIV en la Plaza Independencia.
El papa León XIV en la Plaza Independencia.
Foto: Nicolás Pereyra.

Inteligencia artificial, trabajo y dignidad humana

Al referirse al empleo, León XIV sostuvo que el trabajo permite a las personas desarrollar sus capacidades y contribuir al bienestar de los demás, pero advirtió que no debe convertirse en un fin en sí mismo. “El trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo”, expresó.

El pontífice vinculó esa reflexión con los rápidos cambios tecnológicos y el desarrollo de la inteligencia artificial. Consideró que esas herramientas deben ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, sin reducir a quienes trabajan a una pieza prescindible dentro de los procesos productivos.

La dignidad humana, insistió, no depende de la productividad, la autonomía ni la capacidad de contribuir económicamente. Para ilustrar esa idea, volvió a las figuras del monumento a Artigas, entre ellas la de una anciana que avanza con dificultad y recibe ayuda de otras personas.

“Su pertenencia no dependía de la fuerza, la autonomía o la capacidad de aportar”, señaló, antes de remarcar que tampoco hoy puede medirse el valor de una persona por lo que produce, por su trabajo o por su capacidad de valerse por sí misma. “La dignidad fundamental de cada persona no se adquiere y no debe ganarse ni necesita ser demostrada”, agregó.

Papa Leon XIV tras su llegada a Uruguay
Papa Leon XIV tras su llegada a Uruguay.
Foto: Natalia Rovira.

Salud, sufrimiento y atención a los más vulnerables

León XIV también llamó a prestar atención a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento, soledad o exclusión. Advirtió que una persona puede compartir espacios cotidianos con otras y, sin embargo, cargar con una angustia tan profunda que deje de encontrar razones para continuar viviendo.

Al abordar la problemática del suicidio, sostuvo que la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad son inseparables. Nadie, afirmó, debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su persona importa menos que su presencia.

También mencionó las dificultades que enfrentan quienes padecen enfermedades, discapacidades, dolor físico, pérdida de autonomía, pobreza, desempleo o exclusión social. En ese contexto, aludió a su propia experiencia con las limitaciones impuestas por la enfermedad y agradeció los cuidados que recibió.

Esa vivencia, dijo, lo lleva a pensar en quienes carecen de medios para obtener un diagnóstico oportuno o acceder a los tratamientos que necesitan. Garantizar que la atención sanitaria esté al alcance de todas las personas, independientemente de sus recursos, es una necesidad que interpela a toda la sociedad.

El papa sostuvo que quienes atraviesan esas situaciones no pierden por ello su pertenencia a la sociedad ni parte del valor de su vida. Por el contrario, su fragilidad hace más urgente que reciban asistencia y recursos. En ese sentido, llamó a procurar que cada persona pueda vivir con dignidad, recibir los cuidados necesarios y ser acompañada hasta el término natural de su vida.

Desigualdad, convivencia y laicidad

El discurso también incluyó una reflexión sobre la economía y las desigualdades sociales. León XIV afirmó que la creación de riqueza, la inversión y la iniciativa económica, tanto pública como privada, son necesarias para el desarrollo de un país, pero sostuvo que sus frutos deben traducirse en bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos.

Las condiciones en las que se organiza y orienta la economía, señaló, repercuten directamente en la vida de las personas y en sus posibilidades de construir un futuro. Por eso, insistió en que el desarrollo debe contemplar las necesidades concretas de las personas y sus familias.

En otro tramo de su intervención, el pontífice se refirió a la convivencia entre ciudadanos con distintas procedencias, tradiciones, creencias y convicciones. Reconoció el carácter laico del Estado uruguayo y sostuvo que debe garantizar un espacio de libertad y respeto tanto para creyentes como para no creyentes.

Aclaró, sin embargo, que la neutralidad estatal no exige que la dimensión religiosa quede confinada al ámbito privado. Las personas y las comunidades religiosas, afirmó, pueden contribuir al bien común desde la libertad y con respeto por la autonomía de las instituciones civiles.

El intercambio de obsequios entre el papa León XIV y el presidente Yamandú Orsi.
El intercambio de obsequios entre el papa León XIV y el presidente Yamandú Orsi.
Foto: Natalia Rovira.

La convivencia, agregó, también debe orientar las relaciones entre los países. En ese punto, destacó la importancia del respeto, la negociación y la búsqueda paciente de acuerdos para resolver controversias, y mencionó el papel de Uruguay en la integración regional. La presencia de la Secretaría del Mercosur en Montevideo, señaló, expresa la vocación del país de favorecer espacios de entendimiento y cooperación.

Hacia el final de su discurso, León XIV volvió sobre la imagen de la multitud que acompañó a Artigas durante la Redota. Recordó que aquella marcha reunía a personas de distintas condiciones y que, para contemplar el conjunto representado en el monumento, es necesario acercarse y recorrer sus distintas caras.

A partir de esa imagen, planteó que la historia del país se construye mediante la responsabilidad de unos hacia otros y la capacidad de personas de distintas generaciones y condiciones de continuar una historia común.

El papa cerró su intervención con un mensaje de cercanía al pueblo uruguayo. Señaló que llegó al país como sucesor de Pedro y pastor, con el deseo de encontrarse con la Iglesia local y acercarse con afecto a todos sus habitantes. También recordó los vínculos históricos entre la Santa Sede y Uruguay, que se remontan a los primeros años de la vida independiente del país, y expresó su deseo de que la visita permita fortalecer aquello que une a los uruguayos y renovar la confianza para afrontar las dificultades del presente y preparar el futuro.

“Dios bendiga al Uruguay”, concluyó, al encomendar al país a la protección de María Santísima.

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