El papa León XIV dio su primer discurso en Uruguay este viernes en la Plaza Independencia, ante el presidente Yamandú Orsi, autoridades nacionales, representantes de la sociedad civil y del cuerpo diplomático.
En su alocución, hizo referencia a uno de sus últimos destinos en el país este domingo 8, Florida. Ese departamento es clave en la historia nacional: el 14 de junio de 1825 Juan Antonio Lavalleja inauguró allí el gobierno provisorio de la provincia oriental. El 25 de agosto de 1825, en la Piedra Alta, se declaró la Independencia.
Y en ese mismo departamento es donde se venera a la Virgen de los Treinta y Tres. nombrada así a partir de que, en 1825, parte del movimiento de los Treinta y Tres Orientales llegó a Florida y se puso bajo la protección de la Virgen la causa de la libertad. La Virgen también es la Santa Patrona de Uruguay, recordó León XIV. Fue proclamada con ese título en 1962 por Juan XXIII, y su fiesta se celebra el segundo domingo de noviembre, que este año cae en la misma fecha que el papa visitará Florida.
En las palabras del sumo pontífice, Nuestra Señora de los Treinta y Tres representa una "página decisiva de la historia nacional y continua reuniendo hoy a generaciones muy distintas de uruguayos".
Éxodo del Pueblo Oriental
La misma historia de la Patrona de Uruguay trajo a la memoria del papa el Éxodo del Pueblo Oriental, "también conocido como La Redota". El episodio se dio en 1811, cuando Buenos Aires aceptó retirar sus tropas de la Banda Oriental y Artigas consideró el pacto una traición. Artigas, seguido por buena parte de la población oriental, se retiró hacia el Ayuí, en Entre Ríos.
De cara al Monumento a Artigas en la Plaza Independencia -inaugurado el 28 de febrero de 1923, último día del gobierno de Baltasar Brum-, elogió el arte del escultor italiano Angelo Zanelli y mencionó el “pedestal de friso de bronce” en el que representó las escenas del Éxodo. En 1977 se construyó debajo un mausoleo que guarda la urna con los restos de Artigas.
En esa imagen que tenía enfrente, vio "un punto de partida concreto” para mirar al Uruguay actual. “En lo alto del monumento Artigas aparece solo a caballo. Más abajo, en el relieve frontal, aparece entre sus hombres formando parte de esa multitud”, destacó.
Sobre el final del discurso, León XIV volvió sobre la Redota, que, dijo, “ocupa un lugar singular en la memoria uruguaya”. Recordó “a un pueblo puesto a prueba, que debió dejar atrás mucho de lo que tenía y permanecer unido en medio de la incertidumbre”.
“En aquella multitud reconocemos algo que permanece en la vida del Uruguay: la responsabilidad de unos hacia otros, que permite a personas de distintas generaciones y condiciones continuar construyendo una historia común”, afirmó. Pidió que esos días “nos permitan fortalecer cuánto nos une y renovar la confianza con la que se afrontan las dificultades y se prepara lo que está por venir”.
Recordó que “los vínculos entre la Santa Sede y Uruguay se remontan a los primeros años de su vida independiente”: entonces Gregorio XVI confirmó las facultades del padre Dámaso Antonio Larrañaga como vicario apostólico de la república. Según explicó, aquel acto eclesiástico fue interpretado como “un reconocimiento implícito de la independencia” del nuevo Estado Oriental, que entonces procuraba avanzar en su posición frente a las naciones.
La dictadura y el respeto a la libertad
Ver ese monumento que alude al Éxodo, le recordó a las palabras de Artigas al inaugurar el Congreso de Abril de 1813 y reconocer su autoridad como jefe, que debía dar paso a la decisión del pueblo: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”.
“En una frase unía el origen de la autoridad y la responsabilidad de quien la ejerce”, elogió León al prócer. Ese fue también un puntapié para reivindicar la recuperación de la democracia hace más de 40 años, luego de la última dictadura cívico-militar en Uruguay (1973-1985).
Ese período terminó “por decisión” de los ciudadanos uruguayos, destacó, probablemente en referencia al plebiscito del 30 de noviembre de 1980, conocido como “el No”. En esa consulta los uruguayos rechazaron el proyecto constitucional de los militares y abrieron el camino a la democracia.
Uniendo esas dos etapas históricas del país, y evocando las palabras de Artigas, dijo: “La autoridad pública encuentra su razón de ser en el servicio y el bien común. Esta llamada a ejercerse dentro del orden jurídico respetando la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos. De ahí el valor de los cauces que permiten participar en la vida pública, delimitar con claridad las competencias de las instituciones y elegir a quienes asumen el cargo de gobernar”.
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