En casi todos los grupos de amigos o reuniones familiares hay alguien que casi no interviene. Escucha, asiente y recién opina cuando el resto lo invita a hacerlo. La lectura inmediata suele ser que esa persona no tiene habilidades sociales, pero la psicología ofrece explicaciones más amplias: detrás de la poca participación en una conversación pueden convivir motivos negativos, vinculados a heridas previas, y también características de personalidad que no implican ningún problema.
De acuerdo con un artículo Mag, de El Comercio de Perú (GDA), los profesionales de la salud mental identifican dos grandes factores en el plano negativo. El primero son las experiencias pasadas o traumas: quienes fueron objeto de burlas o críticas cada vez que expresaron una opinión terminan desarrollando temor a interactuar, porque anticipan que la situación volverá a repetirse.
El segundo es la falta de aceptación personal, es decir, la dificultad para reconocer y valorar lo que uno es.
Qué dice la psicología sobre las personas que participan poco en una conversación
En ese segundo grupo, explicó la publicación, se trata de personas que tienden a criticarse de manera constante y que asumen que cualquier cosa que hagan o digan será mal interpretada por los demás. En términos sencillos, tienen poca confianza en sí mismas, y ese es el motor del silencio: no la ausencia de ideas, sino el miedo a exponerlas.
Sin embargo, no todo el cuadro es problemático. Investigaciones publicadas en la revista American Journal of Psychiatry destacaron que las personas introvertidas presentan ese mismo patrón de baja intervención, aunque por razones muy distintas. Según esos estudios, no se trata de individuos que carezcan de facilidad para hablar, sino de personas que muestran una mayor actividad cerebral en comparación con otras.
Por qué los introvertidos procesan más antes de hablar
¿Qué implica esa diferencia? Que antes de intervenir, el introvertido piensa, evalúa y ordena mentalmente lo que está ocurriendo en la charla. Procesa más información y registra detalles que a otros se les escapan mientras hablan, indicó Mag. El resultado es una participación menos frecuente, pero no menos atenta.
Esa capacidad queda en evidencia después, según el portal citado. Si se conversa a solas con una de estas personas una vez terminada la reunión, es habitual que pueda reconstruir punto por punto lo que se dijo, quién lo dijo y en qué contexto. Lejos de haberse desconectado, estuvo siguiendo el intercambio con un nivel de detalle mayor al del resto.
La recomendación de los especialistas es no patologizar el silencio, pero tampoco ignorarlo cuando genera malestar. Si una persona siente que tiene dificultades reales para seguir el ritmo de una conversación y eso le impide relacionarse, lo indicado es consultar a un profesional de la salud mental. La terapia permite trabajar sobre esos temores y aprender técnicas concretas para socializar con mayor comodidad.
Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.
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