Expertos en salud mental: cuándo se "anulan" los efectos negativos de la soledad y el aislamiento

¿Alivio o culpa? Qué revela la ciencia sobre esa inmensa tranquilidad que sentimos al cancelar un plan social y por qué elegir la soledad en su justa medida es clave para recargar energía.

Siesta.jpg
Mujer descansa en el sofá de su casa.
Foto: Freepik.

Rechazar una invitación, suspender una salida o elegir una tarde en casa en lugar de un encuentro social no necesariamente es una señal de aislamiento. Cuando la decisión es voluntaria, pasar tiempo a solas puede favorecer el bienestar emocional y reducir la sensación de soledad. La clave está en distinguir entre disfrutar de la propia compañía y evitar el contacto con los demás por malestar o miedo.

La idea de que estar solo equivale a sentirse solo está muy extendida. Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que la experiencia depende, en buena medida, de las circunstancias y de la posibilidad de elegir cómo y con quién pasar el tiempo.

Un estudio publicado en la revista científica Nature en 2023 encontró que los participantes experimentaban menos soledad y mayor satisfacción cuando permanecían en casa por decisión propia. Los autores señalaron que “los efectos negativos de la soledad se anulan o se atenúan cuando la soledad diaria es autónoma y elegida", en lugar de ser una situación impuesta.

Esto no significa que evitar los encuentros sociales sea siempre beneficioso. La personalidad, las necesidades individuales y el contexto influyen en cómo vive cada persona esos momentos. Algunas investigaciones citadas por el medio especializado Psychologies, por ejemplo, observaron que quienes aceptaban mejor la soledad durante el confinamiento por la pandemia de covid-19 tendían a mostrar una mayor estabilidad emocional.

Hay una explicación psicológica para esa sensación de tranquilidad que aparece cuando se suspende una salida que ya estaba prevista: el estrés anticipatorio. Este tipo de estrés surge antes de que ocurra una situación y está relacionado con las preocupaciones sobre lo que podría pasar. En el caso de un compromiso social, puede manifestarse horas o días antes, mientras la persona piensa en cómo prepararse, qué ponerse, qué decir, cuánto durará el encuentro o cuánta energía le demandará.

Celular, angustia, ansiedad
Foto: Freepik.

El psicólogo George Loewenstein, reconocido por sus investigaciones sobre las emociones anticipatorias, ha señalado que las personas pueden experimentar más estrés antes de un acontecimiento que durante su desarrollo. Así, cuando un plan se cancela, también desaparecen temporalmente las preocupaciones asociadas a él. La posibilidad de descansar, quedarse en un entorno conocido y recuperar tiempo propio puede producir una sensación inmediata de alivio.

Sin embargo, ese alivio no demuestra por sí solo que la decisión haya sido la más conveniente. En ocasiones, cancelar una salida responde a una necesidad legítima de descanso; en otras, puede convertirse en una manera de evitar situaciones que generan ansiedad.

Otra explicación se relaciona con la teoría de la autodeterminación, desarrollada por los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan. Este enfoque sostiene que la autonomía —la sensación de actuar por voluntad propia— es una de las necesidades psicológicas relevantes para el bienestar.

Desde esta perspectiva, no es lo mismo quedarse en casa porque se desea descansar que hacerlo porque se siente que no hay otra alternativa. Del mismo modo, una actividad social puede resultar gratificante cuando se elige libremente y convertirse en una fuente de tensión cuando se vive como una obligación. Los compromisos que antes generaban entusiasmo también pueden perder atractivo si la persona siente que debe cumplirlos por presión social, culpa o temor a decepcionar a los demás.

En ese sentido, cancelar un plan puede devolver la sensación de control sobre el propio tiempo. La satisfacción no necesariamente proviene de evitar a otras personas, sino de recuperar la libertad de decidir qué hacer con las horas disponibles.

Meditación, calma
Mujer medita y respira en calma por la mañana.
Foto: Magnific.

¿Cuándo quedarse en casa deja de ser beneficioso?

Disfrutar de la soledad no implica renunciar a los vínculos. La diferencia está en cómo se vive esa elección y en las consecuencias que tiene en la vida cotidiana. Si quedarse en casa permite descansar, recuperar energía y retomar las actividades habituales con mayor bienestar, puede ser una forma saludable de atender las propias necesidades. En cambio, si las cancelaciones se vuelven frecuentes por miedo, ansiedad o tristeza, o si la persona empieza a sentirse cada vez más desconectada de los demás, conviene prestar atención a lo que está ocurriendo.

También importa observar si existe libertad para cambiar de opinión: poder elegir una tarde de tranquilidad y, en otro momento, disfrutar de un encuentro con amigos es distinto de sentir que salir resulta imposible o amenazante. No hay una única manera correcta de equilibrar la vida social y el tiempo a solas. Las necesidades varían según la personalidad, las circunstancias y el momento vital.

Quedarse en casa puede hacer bien cuando responde a una decisión consciente y permite recuperar el bienestar, pero no debería convertirse en una forma de aislamiento que genere sufrimiento. Si la soledad se vuelve angustiante o empieza a interferir con la vida cotidiana, consultar a un profesional de la salud mental puede ayudar a comprender qué sucede y encontrar herramientas para afrontarlo.

Con base en El Tiempo/GDA

¿Encontraste un error?

Reportar
Temas relacionados
GDA
Te puede interesar