Aristóteles, considerado, junto con Platón, uno de los padres de la filosofía occidental, propone un concepto de felicidad apoyado en la virtud y la amistad.
Con base en estos pilares, David Pastor Vico, escritor y filósofo contemporáneo, indica: “No te fíes de alguien que no tiene amigos, porque alguien que no tiene amigos es imposible que sea feliz”. Esta frase basada en la postura del griego intenta demostrar que el ser humano es responsable de su propia felicidad.
Aristóteles conceptualizó esta idea mediante la noción de eudaimonía, mientras que su filosofía intenta explicar que el ser humano es capaz de generar su propio bienestar espiritual y físico, mediante la moderación de sus cualidades naturales.
Según lo explicado por Aristóteles en el siglo IV a. de C., la amistad y la felicidad son dos aspectos de la misma cuestión. Un artículo publicado en ABC señala que el filósofo les enseñaba a sus alumnos que, para encontrar la felicidad, era necesario desarrollar relaciones virtuosas.
Amabilidad y generosidad: el perfeccionamiento de las cualidades personales
Entre las virtudes que el hombre debe trabajar según Aristóteles, destacan la amabilidad, como término medio entre la adulación y la frialdad, o la generosidad, como equilibrio entre la avaricia y el gasto desmedido.
Sin embargo, aclara que el alma encontrará la felicidad durante el perfeccionamiento de las cualidades y virtudes que, incluso de manera accidental, son trabajadas a lo largo de la vida, siempre que estén dirigidas al trato para con los demás.
Rasgos como la amabilidad o la generosidad, perfeccionados, pueden conducirnos a la felicidad si son vistas como medios para conectar con los que nos rodean.
La necesidad de la comunidad y la vigencia del legado aristotélico
La frase planteada por David Pastor Vico apunta a no confiar en aquel que carece de amigos y cercanos debido a la necesidad de la relación entre la comunidad y el individuo.
En ese contexto, la carencia de relaciones profundas denota una falta de virtudes que se transforma en una imperfección que aleja a ese hombre de la felicidad, según la filosofía del griego.
Reflexiones como esta han hecho que su figura sea reconocida en ámbitos de lógica, biología, metafísica, retórica y filosofía política, entre otras disciplinas del mundo antiguo. Aristóteles fue contemporáneo de otras figuras, como su maestro Platón y su discípulo Alejandro Magno. Sus frases siguen siendo analizadas más de 2.000 años después.