A algunas personas les cuesta detenerse, tomarse un respiro y disfrutar del tiempo libre. Necesitan tener la agenda llena y mantenerse activas para sentir que aprovechan el día, incluso cuando podrían dedicar unos minutos a leer un libro, mirar una serie o dar un paseo.
Desde la psicología, este comportamiento puede estar relacionado con una autoexigencia excesiva y con la tendencia a medir el propio valor a partir de la productividad.
En estos casos, descansar no siempre se percibe como una necesidad, sino como una pérdida de tiempo o una señal de falta de esfuerzo.
Cuando el valor personal depende de la productividad
Algunas personas aprenden a asociar su valor con lo que producen, logran o resuelven. Bajo esa lógica, mantenerse ocupadas se convierte en una forma de sentirse útiles, mientras que hacer una pausa puede despertar culpa o la sensación de no estar haciendo lo suficiente.
En determinados casos, la necesidad constante de actividad también puede funcionar como una manera de evitar el contacto con emociones difíciles, como la ansiedad, la soledad o los problemas personales.
Así, llenar la agenda no siempre responde a una gran cantidad de obligaciones. A veces, puede ser una forma de mantener la mente ocupada para no detenerse a pensar o sentir aquello que genera malestar.
Por qué descansar puede provocar culpa o ansiedad
Para quienes llevan mucho tiempo funcionando bajo una exigencia constante, detenerse puede resultar incómodo. En lugar de experimentar alivio, pueden sentir que pierden el control o que están desaprovechando el tiempo.
En este contexto aparece la autoexigencia desmedida: la tendencia a juzgarse con severidad por no haber hecho más, incluso después de cumplir con numerosas tareas y responsabilidades.
También puede producirse un agotamiento que pasa inadvertido. La persona acumula cansancio físico y mental, pero continúa exigiéndose y posterga el descanso hasta que el malestar se vuelve difícil de ignorar.
Isabel Hernández, directora del Departamento de Psicología de la Universidad Europea de Andalucía, explicó al medio ¡Hola! que algunas personas sienten que no pueden parar y que descansar les provoca culpa o ansiedad.
La especialista señaló que la diferencia no está necesariamente en la cantidad de actividades que realiza una persona, sino en la manera en que se relaciona con ellas.
Mantenerse ocupado puede ser una elección saludable cuando responde a intereses y responsabilidades, pero también puede convertirse en una fuente de malestar cuando la persona siente que necesita estar activa todo el tiempo.
La dificultad de permitirse no hacer nada
La culpa asociada al tiempo libre puede aparecer cuando estar ocupado se interpreta como una obligación moral y descansar se confunde con ser improductivo.
Según Hernández, algunas personas asocian “estar ocupados con estar haciendo lo correcto, y descansar con ser improductivos”.
Esta manera de pensar puede reforzar la exigencia de aprovechar cada momento y dificultar la posibilidad de reconocer el descanso como parte de las necesidades cotidianas.
El problema se agrava cuando la valoración personal depende cada vez más de los resultados obtenidos. En ese escenario, terminar las tareas previstas no siempre es suficiente: la persona puede sentir que debería haber hecho más y que nunca alcanza sus propias expectativas.
Reconocer cómo se vive el tiempo libre puede ayudar a identificar esta relación con la productividad. La cuestión no es cuántas actividades realiza alguien, sino si puede elegir cuándo hacer una pausa sin experimentar culpa o ansiedad.
En base a El Comercio/GDA