Roberto Sánchez o Keiko Fujimori. Los peruanos deberán esperar hasta el final del escrutinio del balotaje del domingo para saber quién será su próximo presidente.
El oficialista e izquierdista Sánchez tomó ayer la delantera, pero por un margen mínimo sobre la opositora y derechista Fujimori. Con poco más del 94% de las actas escrutadas, Sánchez reunía ayer el 50,03% de los votos, frente al 49,9% de Fujimori, una diferencia de menos de 10.000 votos, informó la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Para que el balotaje del domingo tenga un ganador, se deberán revisar además actas impugnadas que contienen unos 450.000 votos, lo que puede llevar días.
Además, mañana miércoles concluirá el traslado a Perú de las actas de votación en el extranjero, utilizadas para la segunda vuelta presidencial, y con las cuales se cierra el cómputo de votos que definirá al ganador.
La llegada del material electoral utilizado en el extranjero empezó este lunes y concluirá el 10 de junio cuando la ONPE reciba todos los sufragios de las 2.506 mesas instaladas en 73 países, indicó el ministerio de Relaciones Exteriores.
Pese a que los resultados a pie de urna de la tarde del domingo daban una apretada victoria a Fujimori, horas más tarde, las proyecciones de conteo rápido integral vaticinaban que la diferencia entre ambos candidatos se iba a reducir a niveles mínimos a medida que avanzara el escrutinio, con la posibilidad de que Sánchez adelantara a Fujimori.
La muestra elaborada por la empresa Ipsos para la Asociación Civil Transparencia, con un margen de error del 1,9 %, otorgó un 50,3 % a Sánchez, contra un 49,7 % a Fujimori. Mientras, otra proyección con actas oficiales de la empresa privada Datum Internacional, con un margen de error de 1 %, señaló que Sánchez recibía un 50,14 % y Fujimori un 49,86 %.
“Estamos muy confiados y optimistas, con tranquilidad para respetar los resultados al 100%”, dijo Sánchez ayer lunes.
Poco antes, Fujimori también exhortó a la calma. “Tenemos que esperar hasta el final. Lo que corresponde en estos momentos es paciencia y serenidad. Vamos a respetar el resultado sea cual sea”, afirmó.
El balotaje enfrentó a la hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) con el heredero político del exmandatario Pedro Castillo, preso tras un fallido autogolpe de Estado en 2022.
Es la cuarta vez que Keiko Fujimori compite por la presidencia, en tanto que para Roberto Sánchez es su primera postulación.
“Es un empate técnico, está para cualquiera. Es un resultado que se puede revertir en las siguientes horas, no se está hablando todavía de ganador o ganadora”, aseguró a la AFP el especialista en temas electorales José Tello.
Fujimori, de 51 años, apeló al legado de su padre, quien estabilizó la economía y derrotó a la insurgencia, pero fue acusado de crímenes de lesa humanidad.
Sánchez, de 57 años, congresista y exministro, reivindicó al expresidente Castillo. En señal de lealtad, lleva el sombrero campesino que él le regaló y prometió indultarlo.
La votación, a la que estuvieron convocados 27 millones de electores, transcurrió sin incidentes a diferencia de la caótica primera ronda de abril.
Fujimori prometió “orden” y prosperidad, y advirtió del peligro del “comunismo”. Sánchez moderó su discurso de “cambio radical”, se distanció de los ultranacionalistas, y dijo que quiere una relación “respetuosa” con Washington.
El izquierdista acusa a Fujimori de ser parte de la “dictadura” del poderoso Congreso que derriba presidentes.
Sin afectar el balotaje, un juez envió a juicio a Sánchez por presuntas anomalías financieras en su partido. Si gana tendría inmunidad, pero quedaría vulnerable ante un parlamento inclinado a la derecha.
“El ganador tendrá a la mitad del país en contra y una débil legitimidad” por lo que, sin mayoría legislativa, deberá “construir una coalición para gobernar”, dijo a la AFP el politólogo Paulo Vilca.
El 28 de julio el vencedor sustituirá al presidente interino José María Balcázar para un mandato de cinco años.
La mayor preocupación de los peruanos es la inseguridad. Han proliferado las bandas criminales y las denuncias de extorsión aumentaron nueve veces en cinco años. Fujimori receta mano dura: militarizar cárceles y zonas conflictivas, y expulsar migrantes para acabar con la criminalidad con la “misma fuerza” con que su padre venció a la insurgencia en los años 1990.
Sánchez propuso encarar la corrupción en la policía y la justicia, ante lo que denuncia como una complicidad de las élites políticas con los criminales. La base de votantes de Sánchez está en las zonas rurales, donde la inseguridad es menor. La de Fujimori está en Lima, donde la tasa de homicidios se triplicó entre 2020 y 2025, hasta los 23 por cada 100.000 habitantes.
El próximo presidente recibirá un Perú económicamente estable, con crecimiento del PIB de 3,4%.