Al cierre de esta edición, cuando el escrutinio oficial estaba próximo a llegar a la mitad, la diferencia entre los dos candidatos a la presidencia de Perú era de 5,35 puntos porcentuales al obtener Fujimori un total de 5.180.829 votos, mientras que Sánchez recibe 4.654.882 sufragios.
Pese a la ventaja en los datos reportados por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) con leve ventaja para Keiko Fuijomori, las proyecciones de resultados realizadas por las encuestadoras Ipsos y Datum a partir de una muestra representativa de mesas electorales arrojan un empate técnico, con una mínima ventaja para Sánchez.
Fujimori obtenía un 52,6% contra 47,4% de Sánchez, con el 36% de actas electorales escrutadas, aún insuficientes para una tendencia irreversible en ese momento.
De acuerdo con la encuestadora Ipsos, Fujimori recibió un 50,7 % de los votos válidos y Sánchez obtuvo un 49,3 %, mientras que Datum indicó que la candidata del partido Fuerza Popular obtuvo 50,53 % de votos y el candidato de Juntos por el Perú un 49,47 %.
El primero da una diferencia de 1,4 puntos porcentuales entre ambos, mientras que el segundo reduce ese margen a apenas 1,06 %. Ambos sondeos tienen un margen de error de un 3 %, lo que hace que la diferencia en ambos no sea todavía concluyente para poder determinar un ganador para esta elección.
Lo cierto es que, hasta el momento, la derechista Keiko Fujimori aventajaba a su rival izquierdista en una cerrada segunda vuelta presidencial celebrada ayer domingo en Perú, según los primeros resultados oficiales, tras una campaña marcada por la inestabilidad política y la criminalidad.
Keiko Fujimori, hija del expresidente autócrata Alberto Fujimori (1990-2000), enfrentó al izquierdista Roberto Sánchez, heredero político de exmandatario Pedro Castillo, preso por el fallido autogolpe de Estado de 2022.
La candidata derechista Keiko Fujimori se perfila como la probable ganadora de las elecciones presidenciales de Perú al obtener el 52,67 % de los votos válidos con el 50 % del escrutinio, frente al 47,32 % que registra su rival en la segunda vuelta, el izquierdista Roberto Sánchez.
Muchos votantes dijeron esperar que las elecciones pongan fin a una década de turbulencia política en la que han tenido ocho presidentes.
En esta polarizada elección, Fujimori apeló al legado ambivalente de su padre, quien estabilizó la economía, derrotó a la insurgencia, pero fue acusado de crímenes de lesa humanidad.
De su lado, Sánchez, congresista y exministro de 57 años, reivindicó a Castillo. Como lealtad, lleva el sombrero campesino que le regaló, prometió indultarlo, y lo visitó ayer domingo en la cárcel.
La jornada de votación, a la que estuvieron llamados 27 millones de electores, transcurrió sin incidentes a diferencia de la caótica primera ronda de abril, plagada de fallos técnicos y denuncias de fraude.
“El resultado expresa la división del país, pero al mismo tiempo revela que no hay actores políticos hegemónicos”, dijo el politólogo Paulo Vilca. El ganador “tendrá a la mitad del país en contra”, agregó.
Bajo la palabra “orden”, Keiko, como la llaman, prometió “orden” y prosperidad, y advirtió del peligro del “comunismo”. Mientras, Sánchez moderó su discurso de “cambio radical”, se distanció de los ultranacionalistas, y dijo que quiere una relación “respetuosa” con Washington.
El izquierdista acusa a Fujimori de ser parte de la “dictadura” del poderoso Congreso -donde ella tiene gran influencia- que derriba presidentes.
Sin afectar el balotaje, pocos días antes de éste, un juez envió a Sánchez a juicio por presuntas anomalías financieras en su partido. Si gana tendría inmunidad, aunque vulnerable ante un parlamento inclinado a la derecha.
Lo cierto es que el futuro presidente tendrá una débil legitimidad y, sin mayoría legislativa y su reto será construir una coalición para gobernar, según advierten analistas.
El ganador sustituirá, a partir del 28 de julio, al mandatario interino José María Balcázar para un mandato de cinco años.
El perfil de la líder de derecha
Es la cuarta vez consecutiva que Keiko Fujimori -la hija mayor de Alberto Fujimori, de 51 años y divorciada- cuya divisiva figura ha moldeado la política del país en las últimas décadas, intenta llegar a la presidencia. Su perseverancia como candidata la ha convertido en una pieza familiar y reconocible del escenario electoral de un país sumido en la inestabilidad política. Es la mujer que siempre estuvo gestionando el legado de su padre mientras crece con su propio partido, Fuerza Popular.
La derechista ha escogido el lema “Vuelve Fujimori, vuelve el orden”, en un momento en el que la criminalidad y la inseguridad ciudadana crecen y son la principal preocupación de los peruanos, que han visto pasar a ocho presidentes en una década, presentándose públicamente como la única opción válida para combatir el flagelo.
Keiko Fujimori es administradora de empresas y política. Al inicio fue reacia a entrar en política, pero se ha convertido en una de las figuras más prominantes en la escena -además de controvertida- desde finales de la década de los 2000.
Tras el arrestro y encarcelamiento de su padre, condenado por corrupción y violaciones de derechos humanos, emergió como líder del fujimorismo.
Fue diputada por el Área Metropolitana de Lima y luego, en 2010, fundó el Fuerza Popular, partido que hoy lidera.
“Nuestro país vive un mundo al revés. Los militares y policías son perseguidos, los vecinos viven enrejados y los delincuentes libres y bien, gracias. Te matan por un celular, ponen granadas en los colegios; ser chofer de un bus o abrir un pequeño negocio se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Desde el primer día (de su presidencia, de ocurrir) actuaremos con mucha fuerza. Implementaremos el plan de pacificación nacional”.
Además, prometió expulsar “inmediatamente” a todos “los migrantes ilegales que cometan delitos” y poner “policías y militares 24/7 en los buses de las áreas metropolitanas”.
Bandas criminales
Pese al hartazgo político, la mayor preocupación de los peruanos es la inseguridad en un país donde proliferan las bandas criminales y las denuncias de extorsión aumentaron nueve veces en cinco años.
Fujimori receta mano dura: militarizar cárceles y zonas conflictivas, y expulsar migrantes para acabar -dice- con la “lacra social” con la “misma fuerza” con que su padre venció a la insurgencia en los años 1990. Sánchez propuso encarar la corrupción en la policía y la justicia, ante lo que denuncia como una complicidad de élites políticas con la criminalidad.
Ninguno de los candidatos tiene mayoría legislativa. El futuro presidente deberá tejer alianzas si quiere concluir su mandato, opinó el analista Jeffey Radzinsky. El ganador sustituirá a partir del 28 de julio al mandatario interino José María Balcázar.
El partido fujimorista Fuerza Popular afirmó que el proceso electoral “todavía no ha terminado”, luego de que los sondeos a pie de urna de la segunda vuelta presidencial señalaran un empate técnico entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez.
“El proceso electoral todavía no ha terminado, continúa; este es el momento en que entran a tallar nuestros personeros (delegados) y la defensa de cada voto”, sostuvo el candidato a primer vicepresidente por Fuerza Popular, Luis Galarreta, en un breve pronunciamiento ante la prensa.
“Nadie puede decir ‘ya gané’”, afirmó Sánchez esperanzado por el empate en sondeos en Perú.
País dividido y con una gran economía informal
El ganador recibe un Perú económicamente bastante estable, con crecimiento del PIB de 3,4% y baja inflación. Pero siete de cada diez trabajadores están en la economía informal. Además, la incerdidumbre electoral permea la economía que no escapa del impacto de los indicadores de un giro en la conducción del país.
Si bien cambiar ocho veces de presidente en diez años no sumió al país en una crisis económica o financiera, hay daños colaterales claves. Según el diario El Comercio, en las semanas previas a la segunda vuelta electoral, la población bajó el consumo limitándose solo a lo básico, debido a la inseguridad que viven y a que prefieren tomar decisiones de compras más cautas ante un escenario polarizado en lo político, que impactaría en lo económico. Por otra parte, aún quedan los resultados parlamentarios por definirse. Lo cierto es que, con un país dividido, al nuevo presidente le costará mucho liderar, más aún sin tener clara mayoría en el Parlamento. El presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, anunció ayer que la próxima semana deberían quedar proclamados al 100% los resultados electorales para el Senado, la Cámara de Diputados y el Parlamento Andino. “Estimo que la semana que viene se proclamarán al 100%. Ha habido una complejidad operativa”. El Comercio (GDA), EFE
Con información de EFE y AFP