El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, favoritos para las elecciones presidenciales del 4 de octubre en Brasil, realizaron ayer sábado mítines de campaña en las periferias de las capitales de São Paulo y Río de Janeiro, los dos estados más estratégicos en la disputa.
El líder de izquierda lideró una marcha en São Miguel, un empobrecido barrio en la zona este de São Paulo, la mayor ciudad de Brasil, mientras que el senador derechista participó en una masiva caravana de motocicletas en São João de Meriti, uno de los municipios más pobres de la zona metropolitana de Río de Janeiro.
A solo ocho días de una de las elecciones más polarizadas en la historia de Brasil, la opción de ambos candidatos por estos lugares fue estratégica ya que São Paulo y Río de Janeiro son dos de los tres mayores colegios electorales de Brasil y el voto de las periferias es crucial en la definición del vencedor.
Lula, que aspira a la reelección y a su cuarto mandato no consecutivo, intenta disminuir la distancia que, según los sondeos, lo separa del hijo del expresidente Jair Bolsonaro en São Paulo, el mayor colegio electoral de Brasil.
El líder derechista intenta aumentar aún más la ventaja que los sondeos le dan en Río de Janeiro, tercer mayor colegio electoral del país, fortín político de la familia Bolsonaro y en donde los sondeos le atribuyen una intención de voto del 37% frente al 30% de Lula. Según el sondeo divulgado el pasado jueves por la firma Datafolha, a nivel nacional los dos candidatos están técnicamente empatados tanto para la primera vuelta como en un eventual balotaje.
Para la primera vuelta, Lula aparece con el 40% de la intención de voto y Bolsonaro con el 36%, pero el margen de error es de dos puntos porcentuales hacia arriba o hacia abajo, mientras que en un posible balotaje el mandatario tiene 47% y el senador 45%. Pero en São Paulo, la cuna electoral del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) y del propio Lula, Bolsonaro lidera con un 38% contra el 33% del presidente en primera vuelta y su ventaja es aún mayor en un posible balotaje: 49% contra 41%.
Fue en la estratégica São Paulo en donde el líder de izquierda hizo su primer mitin este año y también donde anunció el pasado viernes la prohibición de las apuestas deportivas en internet, una medida con claro cuño electoral. Esta prohibición, obviamente, fue el principal asunto en los discursos pronunciados por ambos candidatos ayer sábado.
“Tomé esa actitud drástica porque sé que hay muchas personas endeudadas por las apuestas. El juego se convirtió en una desgracia en la vida de la gente pobre porque apuestan, pierden, se endeudan para seguir apostando y pierden el control sobre la deuda”, afirmó Lula. En una fuerte crítica a las casas de apuestas, Lula afirmó que “quien quiera ganar dinero, que consiga una forma honesta de hacerlo y no matando al pueblo pobre, endeudando al pueblo pobre y vendiendo mentiras”.
Flávio Bolsonaro acusa a Lula de promover una “estafa electoral” por anunciar la prohibición a solo nueve días de los comicios, ya que, argumenta, fue el propio Gobierno de Lula el que reglamentó las apuestas, autorizó a 85 empresas a operar y recaudó cerca de 20.000 millones de reales (unos 3.855 millones de dólares) en impuestos de esas operadoras.
Para el senador opositor, la “estafa electoral” quedó comprobada por el hecho de que Lula optó por un decreto ejecutivo para determinar la prohibición, una medida que tiene que ser refrendada por el Congreso en un plazo de 120 días. “Cuando concluya ese plazo y si no hay aprobación del Legislativo, las apuestas volverán con más fuerza, pero las elecciones ya habrán pasado”, dijo.
“Lula está hundiendo al país y está desesperado”, aseguró ayer Bolsonaro en referencia a diferentes medidas anunciadas en los últimos días por Lula y que inicialmente no estaban previstas por el Gobierno, como el aumento de los subsidios a los más pobres y la distribución gratuita de plumas adelgazantes inyectables.
Lula reafirmó ayer sábado que las apuestas deportivas en internet se habían convertido en una “desgracia para los pobres” al defender su decisión de prohibirlas.
En el mismo discurso en el mitin de ayer, Lula defendió la soberanía del país e insistió en que “nadie de afuera puede meter el dedo en nuestras elecciones”, en una referencia a la supuesta injerencia del Gobierno de Donald Trump en la campaña electoral en Brasil a favor de Bolsonaro. Dijo igualmente que no permitirá que empresas de otros países se apropien de los minerales críticos de Brasil y que las obligará a industrializarlos en el país. “No permitiremos lo que hicieron con nuestro oro, que fue extraído por Portugal, nos dejó un hueco aquí y terminó enriqueciendo a Inglaterra”, afirmó.
Eduardo Bolsonaro con segunda condena
El exdiputado Eduardo Bolsonaro -uno de los hijos del expresidente Jair Bolsonaro y hermano del diputado y candidato a la presidencia Flávio-, que se estableció el año pasado en Estados Unidos alegando sufrir una persecución política y judicial en Brasil, fue condenado a un año de prisión por la Corte Suprema en un juicio por difamación contra una parlamentaria.
En un juicio virtual, el Supremo Tribunal Federal (STF), por siete votos a favor y tres en contra, consideró al exlegislador culpable de haber difamado a la diputada Tabata Amaral, informó la corte ayer sábado.
Se trata de la segunda condena a Eduardo Bolsonaro desde que abandonó Brasil, ya que en junio pasado la misma Corte Suprema le impuso una pena de cuatro años y dos meses de prisión tras hallarlo responsable del crimen de coacción a la Justicia. EFE
Demócratas de EE.UU. salen al cruce
Un grupo de 31 legisladores estadounidenses, entre ellos el senador Bernie Sanders, pidió al secretario de Estado, Marco Rubio, que el Gobierno no intervenga en las elecciones presidenciales de Brasil de octubre y se comprometa a respetar el proceso electoral y reconocer su resultado certificado, independientemente del candidato elegido.
En una carta dirigida a Rubio, los legisladores demócratas expresaron su preocupación por lo que consideran una campaña de presión de la Administración Trump sobre Brasil mediante medidas diplomáticas, económicas y políticas. Según los congresistas, esas actuaciones podrían afectar la relación bilateral y generar dudas sobre el proceso electoral brasileño.
Los legisladores mencionaron entre esas medidas los aranceles impuestos a productos brasileños y las sanciones contra el juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes, adoptadas por Washington mientras el magistrado participaba en el proceso judicial contra el expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro (2019-2022).
Los congresistas también preguntaron por el intento de una delegación del Departamento de Estado de viajar a Brasil para examinar el sistema electoral. EFE
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