Gobierno y FA piden a sus simpatizantes que militen por Lula y se ponga freno al avance regional del "fascismo"

En el Ejecutivo observan que un cambio de signo político en Itamaraty implicaría un escenario muy distinto al actual, en donde Uruguay ya se encuentra aislado y con pocos aliados ideológicos en el continente.

Yamandú Orsi y Luiz Inácio Lula Da Silva
El presidente de la República, Yamandú Orsi y su par de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva.
Foto: AFP

Hay una realidad que rompe los ojos al Frente Amplio, a la Torre Ejecutiva y a la Cancillería: de las últimas ocho elecciones de la región -esto fue dicho y repetido a lo largo del martes 25 de agosto en cuanto comité pisó la dirigencia oficialista-, en ninguna ganó un partido progresista. Y si el faro de la izquierda latinoamericana en este momento, Luiz Inácio Lula da Silva, no logra su segunda reelección el próximo 4 de octubre, la fuerza política gobernante en Uruguay solo tendrá como posible socio político, prácticamente, al lejano gobierno mexicano de Claudia Sheinbaum, preocupada a diario de negociar y articular con su vecino siempre antipático, pero aún más desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca.

Este contexto, más la afinidad ideológica y hasta de índole personal que tiene Yamandú Orsi con el líder del Partido de los Trabajadores, como herencia del vínculo cercano e histórico que mantuvo el expresidente José Mujica con el brasileño, ha llevado a que la Cancillería que conduce Mario Lubetkin tenga como referencia inevitable lo que resuelva Itamaraty antes de tomar algunas decisiones. Pues Brasil, hoy, significa sobre todo un gobierno amigo con un liderazgo que pretende, desde que el exsindicalista retornó al poder en 2022, proyectarse en el continente, y en un mundo donde el multilateralismo -ese es el diagnóstico del Poder Ejecutivo (ver recuadro)- está en crisis, y las reglas de juego parecen estar mutando a dinámicas que no favorecen a los países más pequeños.

Por eso una victoria de Flávio Bolsonaro -el retador del oficialismo brasileño y quien, de acuerdo a las últimas encuestas, viene acortando la brecha con Lula y todo parece indicar que la elección que se viene será cabeza a cabeza, aunque con el presidente llevando la delantera- no sería una noticia intrascendente para los intereses de la administración del Frente Amplio. Implicaría, en efecto, un drástico cambio de escenario, sostuvo una fuente del gobierno: “Está claro que un cuadro de la región, para nosotros, es con Lula, y otro, sin él”.

Palacio Santos, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Palacio Santos, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Foto: archivo El País

Y es una preocupación extendida en el gabinete, algunos de cuyos integrantes, como el ministro de Trabajo, Juan Castillo, ya lo han planteado explícitamente. El dirigente comunista, al mediodía del martes pasado, en el comité Germán Araújo del barrio Villa Española, pasó incluso un mensaje a la militancia: “Todos tendríamos que estar haciendo algo y prender velas para que Lula gane en Brasil”. También afirmó allí que ve cómo “el fascismo viene a pasos agigantados” y que la izquierda no puede “largar la bandera”. “(Jair) Bolsonaro, que ahora está preso, en la (última) campaña electoral se subía y hablaba en contra de las mujeres, en contra de la diversidad sexual y de los negros. Sacó 54 millones de votos. ¿Qué nos pasa? ¿Qué le pasa a la sociedad? -se preguntó-. No estoy hablando de otra parte del mundo, de otra cultura, hablo de acá, pegado a nosotros”.

En la otra punta de la ciudad, ese mismo martes, Día del Comité de Base, en Pocitos y unas horas más tarde, las senadoras Blanca Rodríguez y Constanza Moreira pondrían el mismo foco y deslizarían la misma inquietud.

“Siempre (estamos) mirando a Brasil, siempre mirando el 4 de octubre, siempre mirando esa elección brasileña (que) es muy importante para nosotros”, dijo Moreira, que definió a Lula como “un gladiador viejo y cansado, (pero) que sigue sosteniendo un proyecto colectivo que tanta gente organizó, que es el PT”. Su entusiasmo estaba a flor de piel: “Sacaría credenciales falsas para ir a votar, si pudiera”, bromeó. Porque del otro lado se encuentra “un Bolsonaro recargado”, contra el que se libra una “lucha muy desigual”.

Flavio Bolsonaro; 22 de agosto 2026.
Flavio Bolsonaro con el diputado Douglas Ruas y el diputado Carlos Jordy en un acto en el gimnasio Maracanazinho de Río.
Foto: AFP

El FA, un ejemplo

“Toda nuestra esperanza está puesta en Brasil”, fue el comentario que haría más tarde Rodríguez, sentada al lado. El análisis de la exinformativista apuntó a lo que ya tienen claro en el gobierno: que el Frente Amplio se va quedando “con esta sensación de soledad” al gobernar casi aislado al sur del continente, en el medio de un nuevo ciclo de gobiernos de derecha. “El tema es que ser de izquierda hoy es bastante complejo. Yo creo que nunca fue fácil, pero creo que es especialmente complejo ser de izquierda hoy -razonó, frente a una escucha atenta-. Es mucho más complejo que ser de derecha. Yo diría que es casi fácil ser de derecha”. Ser de izquierda, completó, es defender valores como la “tolerancia, la libertad, la dignidad, los derechos humanos”.

En este marco tenso y poco alentador, no obstante, Moreira diría también que el Frente Amplio, como proyecto político de izquierda, “sigue siendo un proyecto admirado”.

“Ustedes me dirán -volvió a bromear-, admirado porque lo ven de lejos. Sí, admirado porque lo ven de lejos”. Agregó que lo mismo le pasa a ella con Sheinbaum -“yo la amo a Claudia Sheinbaum y la aplaudo todos los días”-, pero que de todas formas la coalición uruguaya que hoy está en el gobierno “sigue siendo un proyecto observado por el resto de América Latina, como el diseño de una izquierda posible y que al mismo tiempo refleja los viejos frentes populares donde la izquierda se junta con los movimientos sociales y reúne todo lo que va contra la derecha”.

Esa derecha, opinó, hoy es una “escuela de violencia” que está llegando a Uruguay. “A mí me parece inaudito. Ellos creen que (les va bien) insultando, denigrando, humillando, porque eso lo aprendieron de Trump, ¿no? Mirá qué bien le va a Trump. Y de (Javier) Milei, que le va bárbaro”, ironizó.

Senadora . Foto: Francisco Flores.
Constanza Moreira, senadora del sector Casa Grande, del Frente Amplio.
Foto: Archivo El País

“La política internacional es lo que nos causa más escozores”

La orientación de la política exterior, ya se sabe porque se ha repetido en distintos ámbitos, es un eje de gestión problemático para la izquierda, no conforme con algunos de sus pronunciamientos ni con el diálogo que, a pesar de la advertencia señalada por Gabriel Oddone (ver aparte), el gobierno viene manteniendo con Estados Unidos sobre varios temas sensibles para las bases frenteamplistas. Y eso es algo que lo reconoció sin tapujos Constanza Moreira en su charla en el comité de Pocitos de la calle Scosería, el 25 de agosto.

“Yo sé de sus sinsabores. Vengo de muchos comités de base y he hablado bastante sobre política internacional, que creo que es de las cosas que causan más escozores a ustedes y a nosotros también”, les dijo la senadora al puñado de militantes que la escuchaban en la tardecita del pasado martes.

A ellos también les reafirmó que esperaba que Valeria Csukasi, cuestionada en el seno de la Torre Ejecutiva por sus declaraciones sobre la eventual detención del primer ministro israelí en el caso de que este visite Uruguay, “siga siendo la viceministra de Relaciones Exteriores, porque la derecha le está dando la gran caza, so pretexto de la participación al respecto de la Corte Penal Internacional y la llegada de (Benjamín) Netanyahu”.

Asimismo, Moreira declaró que esperaba que Uruguay, que ocupa la presidencia de la Celac, tienda a un “alineamiento progresista con los países que sostienen gobiernos de izquierda, como México y Brasil”, y que esa posición debería concluir en un apoyo a Michelle Bachelet como candidata a secretaria general de la ONU.

ODDONE

“No ser pragmáticos puede traer trastornos”

Parado en el estrado como el invitado de lujo del Comité de los Malvines, barrio tradicionalmente identificado con la izquierda, el ministro de Economía, Gabriel Oddone, expuso durante más de media hora -sin contar el espacio que se ofreció luego para las preguntas- sobre el contexto general en que está inserto el gobierno, sus principales desafíos y la dirección a la que, con obstáculos variados, apunta la Torre Ejecutiva y su Ministerio de Economía y Finanzas. Y muchos de ellos, si no la mayoría, tienen que ver con la situación actual del mundo, inestable, impredecible, con guerras de destino incierto y un Estados Unidos más agresivo e influyente que cuando inició este siglo.

“Este no es el mundo del 2005”, advirtió Oddone, al recordar el primer año del primer gobierno del Frente Amplio, cuando el país ya se encontraba en una dinámica de recuperación económica, y acompañado, en la región por varias victorias electorales de partidos de izquierda. “Este no es el mundo donde en América Latina habitaban gobiernos progresistas y donde Estados Unidos era un actor activo de la comunidad internacional. Este es un mundo totalmente distinto”.

Gabriel Oddone
Gabriel Oddone, ministro de Economía.
Foto: Estefanía Leal

El de hoy, siguió el ministro, tiene a China como “desafiante de la economía norteamericana”, entre otros cambios decisivos, con lo que, insistió: “Hacer política internacional en un contexto como este no tiene nada que ver con lo que aprendimos en los últimos 70 años”. No hay, por tanto, un “manual” para navegar estas aguas, con lo cual es natural que se cometan “errores”, porque el gobierno, inevitablemente, se encuentra “aprendiendo”.

“Lo único que hay son los principios y la ética: es lo único que no se negocia. Todo lo demás, para un pequeño país de tres millones de habitantes, que está relativamente solo en América Latina en su orientación de gobierno, es aprender y ser muy pragmáticos”. Y subrayó: “Muy pragmáticos”.

Hacer lo contrario puede traer consecuencias negativas. “No a la comunidad de personas de izquierda, al país le puede generar trastornos” salirse de esa ruta. “El mundo hoy es así. O estás con nosotros o no estás con nosotros. Tenés que optar. Nosotros lo que intentamos es, justamente, no jugar ese juego. Y no jugar ese juego es algo muy difícil”.

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