La fábrica Bao revive en La Teja: harán 150 casas, una para la hermana de Cavani y otra para hijas de un ex MLN

El País recorrió el predio donde funcionaba la emblemática fábrica, que llegó a dar trabajo a cientos de personas y que tendrá como destino una cooperativa de viviendas. Una hermana de Cavani preside una de las tres cooperativas y un extupamaro volvió al sitio 50 años después.

Fábrica Bao
Entre escombros y ruinas, así se encuentra la fábrica Bao. Se proyecta en el lugar un complejo de viviendas.
Foto: Ignacio Sánchez/El País.

La recorrida por el interior de la vieja y emblemática fábrica Bao, cerrada en 2015 en La Teja y que por más de 150 años produjo jabón en polvo y detergente, comienza entre escombros, columnas de hormigón y materiales acumulados. El paso obliga, en algunos sectores, a esquivar restos de chapas, madera y mampostería. Hay zonas donde los techos ya no existen y otras con derrumbes parciales, dejando a la vista la estructura que durante décadas sostuvo la actividad industrial.

La humedad avanza sobre los muros, la pintura se desprende y los grandes ventanales tienen vidrios rotos o directamente ausentes. Entre los restos del pasado aparecen cajones de madera, pallets, botellas de vidrio antiguas cubiertas de polvo y carteles que todavía indican el destino que alguna vez tuvieron algunos sectores, como uno que anuncia un depósito. También quedan flechas pintadas sobre las paredes, demarcaciones en columnas, grafitis y murales que se superponen a los muros desgastados.

Fundada en 1863 por el italiano Agustín Deambrosis, la fábrica ubicada en Laureles y Florentino Ameghino llegó a emplear a más de 1.000 trabajadores en sus años de gloria. Su producto estrella, el jabón Bao, fue en 1912 el primero del país con marca estampada y el Astral el primer antibacterial del mercado en 1953.

En este lugar donde todavía se respira el abandono de una fábrica que dejó de funcionar, comienza a proyectarse otro futuro. Donde antes hubo actividad industrial, se prevé construir viviendas para unas 150 familias trabajadoras, distribuidas en tres cooperativas distintas.

El que dirige todo es Pablo Antonaz, arquitecto e integrante del equipo técnico del Programa de Vivienda Sindical (PVS), mientras avanza por el interior del predio y señala la estructura que se extiende hacia el corazón de la manzana. Su nombre estuvo sobre la mesa en las últimas semanas por la participación del programa en el proyecto de la Cooperativa de Viviendas Obreras de la Construcción (Covioc) en Paysandú, que por problemas de construcción se han venido abajo (ver recuadro aparte). Aquel fue uno de los tantos proyectos en los que Antonaz ha intervenido.

Este, el de Bao, abarca tres terrenos; uno corresponde a la antigua fábrica. Allí se proyecta reciclar parte de la estructura existente para transformarla en viviendas. En otros dos predios de la misma manzana, donde ya no quedan construcciones vinculadas a la planta industrial, se levantarán nuevos complejos habitacionales.

La idea es que las casas tengan dos, tres y cuatro dormitorios, dependiendo de la integración de las familias que formen parte de las cooperativas. Cada una tendrá entre 45 y 50 integrantes. El contraste entre el presente y el futuro imaginado es permanente. Donde hoy hay restos de producción y materiales abandonados, se proyectan apartamentos.

Fábrica Bao
Entre escombros y ruinas, así se encuentra la fábrica Bao. Se proyecta en el lugar un complejo de viviendas.
Foto: Ignacio Sánchez/El País.

En uno de los sectores Antonaz se detiene frente a una gran estructura de hormigón y señala los distintos niveles: “Nosotros lo que vamos a hacer es completar este nivel de piso, ese nivel y otro nivel más”, explica. La intención es instalar apartamentos tanto hacia el interior de la manzana como hacia la vereda. La estructura tendrá planta baja y cuatro pisos diferentes.

Ahora bien, la inversión dependerá del préstamo que el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial otorgue a cada cooperativa porque el Estado financiará el 85% del costo del proyecto mientras que el 15% restante será aportado por las cooperativas mediante el sistema de ayuda mutua.

Los recursos se liberarán de acuerdo a los avances de obra y, una vez finalizada la construcción, los cooperativistas devolverán el dinero durante 25 años mediante el pago de una cuota mensual.

Fábrica Bao
Entre escombros y ruinas, así se encuentra la fábrica Bao. Se proyecta en el lugar un complejo de viviendas.
Foto: Ignacio Sánchez/El País.

La hermana de una leyenda de la selección uruguaya

Un miércoles a la tarde cerca de 20 cooperativistas esperan para conocer el proyecto. Una de ellas es Silvana Cavani, presidenta de la cooperativa Covipbb2 y además hermana del futbolista Edinson Cavani. “Para nosotros esta es la oportunidad de tener nuestra vivienda como trabajadores”, dice a El País, “es la única opción que vemos viable hoy por hoy”,

La convocatoria reúne a vecinos y trabajadores del barrio. “Nos reunimos todos acá, en el Club Artigas, que es el club del barrio de La Teja. Fue una convocatoria grande y terminamos en esta movida”, relata.

Para Cavani, la recuperación del lugar tiene un significado que va más allá del acceso a una vivienda. “Nuestro barrio La Teja tiene mucho peso político, militante, en cuanto a la historia de los trabajadores; es un barrio obrero”, afirma. Por eso, considera que recuperar el espacio de una fábrica que forma parte de la memoria local tiene una carga especial; “es como un orgullo, aparte de nuestra casa”, dice emocionada.

En la vuelta también está Aníbal López, para quien volver a ingresar al predio también tiene una carga emocional muy difícil de disimular. Tiene 83 años de edad y una historia atrás: integró el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y fue trabajador de Bao.

Empezó a trabajar ahí cuando tenía 14 años, en 1958. Primero fue foguista en el sector de calderas y luego pasó al área de jabonería.

Aníbal López
Aníbal López, exintegrante del MLN-T que trabajó en la fábrica Bao. Sus hijas vivirán en las cooperativas que se construirán en ese predio del barrio La Teja.
Foto: Ignacio Sánchez/El País.

Al recorrer nuevamente el lugar, los recuerdos aparecen en cada sector. Las condiciones de trabajo, recuerda, estaban marcadas por el polvo. “Trabajábamos en unas mesas y no veías al compañero de frente por la polvareda”, cuenta.

El complejo, explica, abarcaba cuatro manzanas y concentraba trabajadores en distintas áreas. Solo en jabonería, dice, había “100 y pico” de empleados y otros 70 trabajaban en el sector de jabón en polvo.

Su relación con la fábrica se interrumpió en 1975, cuando fue detenido durante la dictadura y permaneció privado de libertad durante más de cuatro años. Mientras estaba preso, recibió tres telegramas colacionados. Al no poder presentarse a trabajar, perdió el empleo. “Pero en 18 años no había faltado nunca”, asegura.

Antes de su detención ya tenía una trayectoria sindical y pertenecía a la Federación de la Industria Química. Una vez que la fábrica cerró, nunca más regresó al predio. Hasta ahora.

Mueve un poco el piso estar acá”, resume, mientras observa los cambios que tuvo el lugar y recuerda a antiguos compañeros. Muchos de ellos, dice, ya fallecieron.

Pero el regreso también tiene una dimensión familiar. Sus hijas vivirán en el predio como parte del proyecto cooperativo y por eso él está en el lugar, para acompañarlas. Sobre el futuro del viejo predio, dice López: “Si la fábrica pasara a ser un shopping, ahí sí no me agradaría tanto”.

Del uso de fábrica al de vivienda

No todo lo que hoy permanece en pie formará parte del futuro proyecto. Mientras la recorrida avanza hacia sectores donde se ven chapas caídas, techos derrumbados y estructuras más livianas deterioradas, Antonaz aclara que buena parte de esas construcciones será demolida. “Todo eso ya no es rescatable”, señala.

En esos espacios se levantarán construcciones nuevas. La apuesta está en preservar, principalmente, las columnas y vigas de hormigón armado que sostienen parte de la antigua fábrica.

Pese al deterioro que se observa alrededor, Antonaz sostiene que esa estructura está en buenas condiciones. Ya fue evaluada por ingenieros. “Está perfecta”, afirma. Incluso considera que se trata de una estructura sobredimensionada para el uso residencial que tendrá el edificio.

La verificación preliminar permite, según el equipo técnico, avanzar con la idea de cambiar el destino del inmueble. “Se puede entrepisar, reciclar y pasar del uso de fábrica al uso de vivienda”, dice Antonaz.

La vieja chimenea también sobrevivirá a la transformación. Entre la vegetación que se abre paso en medio del abandono, la estructura todavía domina parte del paisaje del predio. “La chimenea vamos a dejarla como símbolo. Es como un recuerdo de la fábrica”, explica.

Fábrica Bao
Chimenea de la antigua fábrica Bao se mantendrá durante construcción de viviendas.
Foto: Ignacio Sánchez/El País.

También se busca conservar parte de la identidad arquitectónica del lugar. La fachada de ladrillo visto, los grandes ventanales industriales y las rejas metálicas son algunos de los elementos que el proyecto pretende mantener. Aunque varios ventanales están rotos o incompletos y los muros muestran el paso del tiempo, la intención es que la nueva construcción dialogue con la imagen que durante décadas tuvo la fábrica.

La recorrida continúa por pasillos y entrepisos donde todavía queda mobiliario en desuso, tabiques temporales y materiales almacenados. Pero el lugar ya comienza, de alguna manera, a prepararse para otra etapa. En algunos sectores hay pilas de ladrillos, bolsas de cemento sobre pallets, bidones, maderas y herramientas de obra.

Las ruinas del pasado industrial conviven así con los primeros preparativos para su transformación.

Antonaz también señala algunos espacios abiertos de la estructura y explica que el proyecto busca aprovecharlos para generar patios y espacios verdes. En la parte inferior se proyectan cocheras y, por encima, patios.

“Si lo tuvieras que hacer, no lo hacés nunca. Pero ya que lo tenemos, hacemos eso”, comenta.

Los tres terrenos ocupan aproximadamente un cuarto de manzana cada uno y tienen una superficie cercana a los 1.600 metros cuadrados.

Antigua fábrica Bao en La Teja
Antigua fábrica Bao en La Teja.
Foto: Ignacio Sánchez/El País.

Que el barrio "pueda volver a latir"

La expectativa, dice Eduardo Tropiano, presidente del Programa de Vivienda Sindical del Pit-Cnt, es que la construcción de las nuevas viviendas permita que el barrio pueda “volver a latir”. Tropiano considera, además, que la experiencia podría replicarse en otros lugares del país a través de la recuperación de fábricas abandonadas y otros espacios industriales sin uso.

Una vecina pasa por la puerta de la fábrica abandonada. Al enterarse de la actividad y de los planes para el predio, se detiene. “Me da mucha emoción, mi esposo trabajó en esta fábrica hasta el cierre”, relata Karina.

Para su marido, entrar al predio significaría vivir sentimientos encontrados. “Tiene el recuerdo de la fábrica funcionando y con mucha gente”, comenta ella, que ingresa, recorre algunos sectores, toma fotografías para pasarle a él y documenta el estado actual del lugar.

Así, la fábrica abandonada vuelve a reunir a personas vinculadas de distintas maneras con su historia. El proyecto, sin embargo, todavía tiene un largo camino por delante. El equipo técnico desarrolla por estos días los estudios de factibilidad de los terrenos y ya presenta uno de los tres proyectos ante el Ministerio de Vivienda. Luego deberán presentarse los restantes, avanzar en el anteproyecto arquitectónico, solicitar el préstamo y completar los trámites correspondientes ante el ministerio y ante la Agencia Nacional de Vivienda.

Antonaz estima que desde el inicio de los trámites hasta la eventual obtención del financiamiento pueden pasar entre tres y cuatro años. Después se sumaría un período de construcción de aproximadamente dos años.

Pero durante la jornada, ese horizonte lejano parece por un momento más cercano. Sobre el final, una veintena de personas se reúne para celebrar la colocación de un cartel que anuncia el futuro destino del predio: allí habrá viviendas. Allí vivirán ellos.

Una abuela aplaude junto a su nieto al grito de “tenemos casita”.

Familias que vivirán en cooperativa donde era la fábrica Bao en La Teja
Familias que vivirán en cooperativa donde era la fábrica Bao en La Teja.
Foto: Ignacio Sánchez/El País.

Hay abrazos, lágrimas, fotografías frente al cartel y videollamadas para compartir el momento con familiares y amigos. Algunos vecinos que pasan en bicicleta o caminando, se suman desde afuera con un grito: “Felicitaciones, ¡vamos La Teja!”.

Varios sacan sus celulares y comienzan a grabar. Registran cómo está hoy el lugar: las paredes descascaradas, los techos abiertos, los materiales abandonados, los restos de la fábrica y la vieja chimenea que permanecerá como símbolo de lo que alguna vez fue.

Ellos guardan esas imágenes, seguramente, para compararlas algún día con otras. Las de los apartamentos terminados, los patios, los espacios verdes y las familias viviendo donde durante décadas funcionó una emblemática fábrica. Si todo sale bien, claro.

Para algunos será una vivienda. Para otros, como Aníbal López, será también el regreso de una parte de su propia historia.

Cerro, otro proyecto de viviendas en un predio industrial

Este tipo de obras tiene consecuencias en la economía de los barrios, dice Eduardo Tropiano, presidente del Programa de Vivienda Sindical del Pit-Cnt. “No es solo la compra de materiales o de productos para los comercios locales, sino también el aporte a trabajadores en sueldo y la generación de un mercado interno”, señala. Los recursos que el Estado canaliza a través del sistema de vivienda, sostiene, terminan circulando en la economía de la zona. Como ejemplo de un proceso similar, menciona el proyecto Bahía Cerro, donde se construye un complejo cooperativo destinado a 188 familias en un predio industrial que había quedado inutilizado.

De concretarse los dos proyectos, el del Cerro y el de La Teja, la zona oeste de Montevideo sumaría unas 388 viviendas cooperativas. El Programa de Vivienda Sindical proyecta, por otra parte, alcanzar unas 8.000 viviendas terminadas durante el actual quinquenio a partir de las obras que están en ejecución en distintos puntos del país. Hoy hay 36 cooperativas en obra, equivalentes a cerca de 3.000 viviendas. Las cooperativas ya finalizadas, además, continúan reintegrando los préstamos obtenidos para la construcción. Según los datos del PVS, se amortizan unos 2,5 millones de dólares por mes, equivalentes a alrededor de 30 millones al año. El dinero es devuelto a la Agencia Nacional de Vivienda y el mecanismo apunta a que los recursos recuperados puedan financiar nuevos proyectos cooperativos.

En el caso de La Teja, Tropiano destaca que la iniciativa permitirá que unas familias trabajadoras accedan a una vivienda y, al mismo tiempo, supone la recuperación de un predio con un fuerte significado para la zona. Los futuros habitantes, señala, podrán proyectar su vida en “un barrio consolidado, con mucha historia y con todos los servicios en sus cercanías”.

Para Tropiano, esa característica tiene un valor especial dentro del sistema cooperativo. La fábrica, recuerda, “fue importante para el desarrollo de la zona y hace muchos años está sin uso”. “Estamos todos expectantes de que el proyecto avance”, dice el presidente del programa.

Fábrica Bao
Cooperativista saca una fotografía al cartel donde se construirá complejo de viviendas. Será donde se encontraba la antigua fárica Bao en La Teja.
Foto: Ignacio Sánchez/El País.

El polémico caso de las viviendas en Paysandú

El arquitecto Pablo Antonaz, integrante del Programa de Vivienda Sindical, recorrió junto a El País la vieja fábrica de Bao. Su nombre quedó vinculado hace poco al conflicto en torno a la Cooperativa de Viviendas Obreras de la Construcción (Covioc) en Paysandú, que estaban casi terminadas en 2019 pero nunca fueron ocupadas. En aquel momento se comprobó que había serias fallas estructurales de construcción que con el tiempo irían aumentando. Al punto de que hoy las viviendas se vienen abajo y hay riesgo de derrumbe, tal como comprobó El País al recorrerlas semanas atrás. Ahora hay juicios cruzados. El ministerio de Vivienda señala al Instituto de Asistencia Técnica CET-PVS (Plan de Vivienda Sindical) que asesoró a los trabajadores, el instituto apunta a la empresa constructora y la empresa atribuye responsabilidades al instituto y al ministerio.

Las viviendas se construyeron bajo sistema no tradicional Crupe, que se presenta como una alternativa rápida y económica. Pero según las investigaciones realizadas, el material contenía una cantidad de yeso incompatible con la estructura metálica.

“Fue una estafa, nos mintieron”, dijo Paula Tejeira, una de las cooperativistas. Los estudios realizados por el Ministerio de Vivienda concluyen que las viviendas deben ser demolidas. El ministerio busca ahora una solución: ubicar a las familias en viviendas vacías en otras cooperativas.

Antigua fábrica Bao en La Teja
Antigua fábrica Bao en La Teja.
Foto: Ignacio Sánchez/El País.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar