Brasil inició ayer viernes una nueva fase de la campaña para las presidenciales de octubre, con el comienzo de la propaganda en TV y radio, en un momento en el que crecen las sospechas de corrupción sobre los entornos del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro.
Desde ayer y hasta el 1 de octubre, tres días antes de las elecciones, los candidatos tendrán una ventana más de comunicación al disponer de dos bloques gratuitos de publicidad, de 25 minutos cada uno, entre lunes y sábado.
Ayer viernes el espacio fue reservado para los aspirantes a senadores, diputados regionales y gobernadores, y hoy sábado será el turno de los candidatos a la Cámara de Diputados y la Presidencia. No obstante, los partidos de Lula y Bolsonaro se han adelantado y ya colocaron piezas pagadas en las principales emisoras del país.
El Partido de los Trabajadores (PT), que lidera Lula, pasó a la ofensiva con ataques directos al hijo del expresidente Jair Bolsonaro, segundo en los sondeos con una ligera desventaja con respecto al actual mandatario. El PT intentó asociar al senador con la corrupción.
Primero, afirmó que Flávio “es el peor de los Bolsonaro” al denunciar sus vínculos con Daniel Vorcaro, un banquero encarcelado por un millonario escándalo de corrupción en el sistema financiero. Recordó entonces que el candidato del Partido Liberal (PL) pidió dinero a Vorcaro para financiar una película biográfica sobre su padre, quien actualmente se encuentra en prisión domiciliaria tras ser condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado tras perder la reelección en 2022. Para ello, contrapuso unas declaraciones de Flávio negando los hechos con un audio suyo filtrado por la prensa dirigido a Vorcaro, a quien llama “hermano”.
En otro vídeo, el PT rescató un antiguo caso de corrupción contra el hijo mayor de Jair Bolsonaro en el que la Fiscalía lo acusó de contratar funcionarios fantasma en su gabinete para apropiarse de la mayor parte de esos salarios durante su etapa como legislador en Río de Janeiro. La Justicia, sin embargo, anuló una serie de pruebas y el proceso quedó en nada.
Por su parte, el PL de Bolsonaro vinculó la imagen de Lula con los venezolanos Hugo Chávez, fallecido en 2013, y Nicolás Maduro, capturado en Caracas por fuerzas especiales estadounidenses en enero pasado. El PL mencionó en un vídeo los préstamos otorgados a las administraciones chavistas por el banco de fomento brasileño y el testimonio de dos publicistas relatando supuestos sobornos.
Por otro lado, Lula también viene siendo cuestionado por la prensa tras las tres investigaciones por tráfico de influencias abiertas contra su hijo Fábio Luís da Silva, más conocido como Lulinha’
La Policía investiga si el primogénito del mandatario se valió de su posición para favorecer a empresas privadas en potenciales negocios con el Gobierno de su padre. El caso ha salpicado también a Marco Aurélio Santana, ex jefe de Gabinete de Lula, conocido como Marcola, y sobre el que existen indicios de que recibió recursos y regalos de una lobista del círculo de Lulinha.
Lula criticó el jueves, en una entrevista en el telediario nocturno de Globo, la actuación de su antiguo asesor y garantizó que no interferirá para proteger a su hijo. “Estoy muy tranquilo, pero también muy decepcionado. Mi hijo sabe que no podía cometer ningún error. Si cometió alguno, pagará por ello”, aseguró.
Ayer viernes fue Flávio el que se sometió al interrogatorio de los presentadores del popular Jornal Nacional. Después de casi dos semanas desde que arrancó oficialmente la campaña, no hay nada definido en la disputa por la Presidencia brasileña.
Una de las últimas encuestas, publicada hace una semana por la firma Datafolha, dejó un escenario apretado de cara a la primera vuelta, con un 39% de las intenciones de voto para Lula y un 32 % para Flávio. En una eventual segunda vuelta, Lula obtendría el 47% frente al 43% de Bolsonaro, es decir, ambos estarían empatados técnicamente dentro del margen de error, que es de dos puntos. Con información de EFE
Lula se dice “muy decepcionado”
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, admitió este jueves que está “muy decepcionado” con la situación que enfrentan tanto su hijo mayor como su exjefe de Gabinete, investigados por tráfico de influencias. Lula atribuyó las acusaciones contra ambos a simples “ilaciones” aún no probadas, pero afirmó que no hará nada para sabotear las investigaciones; aseguró que si son culpables tendrán que pagar por lo que hicieron y admitió que su jefe de Gabinete tuvo un comportamiento “totalmente equivocado”.
“Estoy muy tranquilo (sobre si el escándalo puede afectar su Gobierno), pero también muy decepcionado. Mi hijo sabe que no podía cometer ningún error. Si cometió, va a pagar por eso”, aseguró Lula en una entrevista a la red Globo.
Mientras que Fabio Lula da Silva, Lulinha, el primogénito del mandatario, es blanco en tres investigaciones por tráfico de influencias, el exjefe de Gabinete de Lula, Marco Aurélio Ribeiro Santana, conocido como Marcola, es investigado por recibir recursos y regalos de una cabildera.