Dejó miles de seguidores en redes, cambió su smartphone por un celular de 2002 y escribió una guía de vida

Tras sufrir picos de ansiedad por el uso de Instagram, August Lamm decidió abandonar la tecnología moderna, publicar un libro sobre la era analógica y promover encuentros de desconexión en Nueva York.

August Lamm, autora y activista que insta a la gente a deshacerse de sus teléfonos inteligentes, anima a los transeúntes a "recuperar" sus vidas sin teléfono en Washington Square Park, Nueva York, en agosto de 2026
August Lamm, autora y activista que insta a la gente a deshacerse de sus teléfonos inteligentes, anima a los transeúntes a "recuperar" sus vidas sin teléfono en Washington Square Park, Nueva York, en agosto de 2026
Foto: CASEY STEFFENS/NYT

Un caluroso día de verano, August Lamm se encontraba alegremente detrás de un puesto en el parque Tompkins Square de Nueva York, ofreciendo una pila de folletos titulados "No necesitas un smartphone". La portada mostraba una fotografía retro de una mujer acostada en el suelo hablando por un teléfono fijo. Parecía extasiada.

Lamm había ido al parque, en parte, para invitar a los participantes a un evento de "desconexión" esa misma noche, en el que guiaría a los adictos al teléfono hacia dispositivos menos conectados. La multitud pasaba en silencio. Llevaban puestos sus AirPods. Sus ojos estaban fijos en sus teléfonos. Lamm ha descubierto que las personas que más necesitan su ayuda son las menos propensas a levantar la vista y fijarse en ella.

Lamm, de 31 años, fue como ellos alguna vez. Hace cuatro años, era una influencer de arte con 200.000 seguidores en redes sociales. Luego cambió su teléfono inteligente por un Nokia de 2002. Más tarde, empeñó su computadora portátil. Ahora está trabajando para desvincularse del correo electrónico. Y se ha convertido en una defensora de la desconexión con la tecnología y, como ella misma dice, de "recuperar la vida".

En el parque, Lamm llevaba una blusa negra de segunda mano con un clip en lugar de un botón que le faltaba. Parecía algo fuera de su tiempo, con el rostro libre de las tendencias de maquillaje de TikTok y su silueta liberada de los pantalones cortos vaqueros que, al parecer, se han impuesto a todo el mundo de su edad. Sin la guía de Google, sin depender de DoorDash, sin pareja en Hinge, navega por una versión de Nueva York donde, aparentemente, todos los demás están atrapados en un trágico abrazo con sus dispositivos personales. Cuando sale a la calle, es una de las pocas personas que se muestra alerta y dispuesta a interactuar.

Unos transeúntes examinan una mesa con el libro de August Lamm «You Don't Need a Smartphone», teléfonos móviles analógicos y folletos en Washington Square Park, en Nueva York
Unos transeúntes examinan una mesa con el libro de August Lamm «You Don't Need a Smartphone», teléfonos móviles analógicos y folletos en Washington Square Park, en Nueva York
Foto: CASEY STEFFENS/NYT

Una joven pareja se acercó blandiendo un teléfono plegable. Según comentaron, habían estado experimentando con salir de casa con un solo teléfono inteligente entre los dos.

Los transeúntes preguntaban si Lamm estaba afiliada a compañías de teléfonos básicos, a los luditas [N. de la R. personas que se oponen a adoptar las nuevas tecnologías] o al Verano de Ludd. En los últimos años, la resistencia a los teléfonos inteligentes ha crecido: existe la reunión semanal sin teléfonos en Brooklyn, Phone Free Adelphi; el desafío grupal de 30 días Month Offline; el boletín quincenal de eventos tecnocríticos NYC Off Tech; y el Luddite Club, con capítulos desde la escuela secundaria de Santa Mónica en California hasta Estocolmo, Suecia.

Lamm se ha convertido en una especie de narradora de este movimiento, escribiendo sobre su propia experiencia al desvincularse de la tecnología y animando a sus compañeros a sustituir el uso indiscriminado de las redes sociales por libros de verdad. Ahora está vendiendo uno: tras vender 20.000 ejemplares de su fanzine autopublicado de US$ 10, No necesitas un smartphone, Vintage publicó esta semana una edición de bolsillo actualizada y ampliada con el mismo título.

Es una guía práctica para la vida en la era post-smartphone: Lamm dibuja sus propios mapas y revisa su correo electrónico una vez por semana en la biblioteca pública. Aconseja llevar un espejo de bolsillo y una baraja de cartas, como si se tratara de transmitir textos antiguos. El libro es también un análisis profundo de lo que los demás se están perdiendo. "Irónicamente, mirar las pantallas es nuestra manera de ignorar el lamentable estado de nuestros espacios públicos", escribe. "No soportamos enfrentarnos a una multitud de almas indiferentes. Es un rechazo masivo".

Tras una hora y media en el puesto, Lamm recogió sus cosas y las arrastró bajo la sombrilla de un local de poke cercano. Estaba cansada. La noche anterior había asistido a la fiesta de cumpleaños del editor de una revista independiente de baja tecnología, y "como suele ocurrir cuando no tienes un teléfono inteligente, no elegí la ruta más conveniente para volver a casa", comentó.

La degradación es lo opuesto a la optimización. Es un camino sinuoso, tanto a nivel logístico como social. "Me siento muy desconectada", dijo Lamm sin preocupación. "La gente ya no siente la necesidad de comunicar las tendencias culturales en persona, porque dan por sentado que las obtienes en línea", añadió. "No supe quién era Chappell Roan durante casi un año".

Al terminar nuestros tazones de arroz, comenzó a llover, lo que sorprendió a Lamm. Pronto, la lluvia azotaba el Lower East Side. Se formó un torrente en la Avenida A, que se dirigía hacia su evento de "reducción de categoría". Le preocupaba que la tormenta disminuyera la asistencia.

“Realmente necesito empezar a consultar el pronóstico del tiempo”, dijo. “Necesito que me traigan el periódico a casa”.

La vida con 200.000 seguidores

Lamm recibió su primer iPhone poco después de tener su primera menstruación. Fue, según escribe en el libro, "un cofre del tesoro", "una docena de regalos en uno". Más tarde, le traería una recompensa aún mayor: lo aprovecharía para convertirse en una artista profesional, que se ganaba la vida no a través de contactos en el mundo del arte, sino gracias a sus seguidores en las redes sociales.

August Lamm, autora y activista que insta a la gente a dejar de usar sus teléfonos inteligentes, pega un folleto en un poste cerca de Washington Square Park, en Nueva York
August Lamm, autora y activista que insta a la gente a dejar de usar sus teléfonos inteligentes, pega un folleto en un poste cerca de Washington Square Park, en Nueva York
Foto: CASEY STEFFENS/NYT

Tras graduarse en la universidad, donde estudió historia del arte del sur de Asia, Lamm se dedicó al sombreado cruzado, un estilo de dibujo forjado en la Edad Media que supo adaptar con astucia a la era de Instagram. Mientras trabajaba de día en una heladería de Berlín, ganó popularidad en línea gracias a sus dibujos de diminutos animales dibujados con tinta, que fotografiaba posando con una pluma en una especie de ilusión digital: un koala parece abrazar el cuerpo de la pluma; una paloma se posa en la punta sin tapa.

Lamm también posó para Instagram, donde se había transformado en un tipo reconocible: una artista independiente de la década de 2010, con flequillo y vaqueros ajustados de talle alto. Vendía dibujos y sesiones de consultoría a sus seguidores, así como una guía en línea sobre cómo ellos también podían ganarse la vida como artistas en las redes sociales.

Se suele pensar que Instagram es una de las partes más tranquilas de internet, pero para Lamm fue una fuente de mucho estrés. Una mañana, cuando sonó la alarma de incendios en su edificio y no pudo publicar su dibujo diario a la hora prevista, sufrió un ataque de pánico en el jardín. "Iba a perder mi credibilidad, mi posición en el algoritmo y mis ingresos si me tomaba ese día libre", dijo.

Pero también descubrió que cuanto más emotiva se mostraba en la aplicación, más atención recibía por su trabajo. "Cuando publicaba sobre mi ansiedad, mis crisis emocionales o las rupturas amorosas, vendía más", dijo.

En 2022, se tomó un descanso de Instagram, pero no intencionadamente. Tras introducir la contraseña incorrecta demasiadas veces, le bloquearon la cuenta durante tres meses. El momento le pareció catastrófico: estaba a punto de publicar un libro sobre sombreado cruzado que esperaba que le sirviera de trampolín para su carrera como escritora. Le habían diagnosticado una enfermedad degenerativa de la columna vertebral y, cuando se agravaba, le resultaba difícil dibujar y usar el móvil. "No podía ni tocar la pantalla con el pulgar", comentó. Ahora, en vísperas de la publicación de su libro, su plataforma se derrumbó.

Cuando finalmente le restauraron la cuenta a Lamm, sintió como si hubiera regresado a un Instagram diferente, uno dominado no por fotografías estáticas, sino por videos cortos en bucle. Meta le pagó unos cientos de dólares por crear su primer reel, y se sintió abrumada por la cantidad de tiempo que requería, tiempo que podría haber dedicado a dibujar o escribir. Su exilio de varios meses le había demostrado lo dependiente que era de las empresas tecnológicas.

Este descubrimiento fue al principio aterrador, y luego liberador. Para finales de año, había cambiado su teléfono inteligente por un modelo menos avanzado y desactivado sus cuentas en redes sociales.

Sin teléfono, "recuperé la claridad mental", escribe. Su memoria era tan aguda que, bromeando, llegó a preguntarse si podría ser una "genio tardía". Leyó Anna Karenina y Moby Dick, grabó canciones folclóricas a modo de diario en su habitación y escribió una novela, Lambing Season, basada en su experiencia al mudarse a una casa destartalada con un estudiante de piloto que conoció en internet. Se ganaba la vida tocando en la calle, escribiendo como freelance y vendiendo ese folleto, que respondía a todas las preguntas que le hacían sobre cómo sobrevivir sin un teléfono inteligente.

A veces, desconocidos observan la vida de Lamm (ella es de Connecticut) y asumen que debe ser rica en secreto. Su verdadero secreto es vivir "con muy poco dinero", dijo. "No es una vida cómoda".

En 2025, Hilary Redmon, directora de la sección de no ficción de Knopf, estaba trabajando desde casa un día cuando su hija, que estaba en la universidad, entró en su despacho mirando el celular. —¿Has oído hablar de August Lamm? —preguntó—. Tengo que deshacerme de mi teléfono.

Redmon descargó un PDF del fanzine de Lamm y quedó impresionada por su estilo. "Causó un gran impacto en mi hija, que suele rechazar rápidamente a quienes intentan influenciarla", comentó Redmon. Poco después, a Lamm le ofrecieron un contrato para dos libros: el libro contra los teléfonos inteligentes y su novela.

Los aficionados y sus teléfonos

Lamm llegó a su evento de degradación en la discoteca 101 con un aspecto como si hubiera pasado por un aspersor, lo cual no le preocupó. Sin la práctica de la autovigilancia constante, había perdido "el reflejo de la autoconciencia", dijo.

Se secó mientras se movía rápidamente por el lúgubre sótano, preparando sus diversas obras. Colocó un grupo de relatos cortos encuadernados, publicados por Loose Tooth Press, editorial que cofundó con su amiga Magdalene Kennedy.

Junto a los artículos de Loose Tooth había ejemplares del nuevo fanzine de Lamm, “Archaic”, que no se puede leer ni comprar en línea. El primer número incluye una carta de Dave Eggers y poemas de Tao Lin.

Es una extensión del Centro para Redes Arcaicas de Lamm, un grupo que ella fundó y que está "dedicado al estudio y la recuperación de las redes humanas anteriores a las redes sociales". Recientemente, gastó 100.000 dólares del anticipo de su libro para dar un pago inicial por una casa de 320.000 dólares en el norte del estado de Nueva York, donde vivirá y ofrecerá una residencia en la que los solicitantes podrán alojarse durante una o dos semanas y guardar sus dispositivos en una caja fuerte durante ese tiempo.

“Estoy muy emocionada de tener este privilegio que todos los demás en la historia de la humanidad tuvieron”, dijo, “que es simplemente vivir en una casa donde todos están presentes”.

La presentación de Lamm

Al final, la lluvia no impidió que decenas de jóvenes neoyorquinos asistieran al evento de Lamm. Gabriel Hurlbert, de 26 años, conoció a Lamm en una lectura literaria en el centro de la ciudad en 2024 y comenzaron a cartearse. Llegó a Nightclub 101 esa noche con dos teléfonos inteligentes, uno proporcionado por su empleador, Deloitte.

“Durante largos periodos, mi relación con el teléfono ha sido como la de un adicto a la heroína con la heroína”, dijo, aunque cree que el teléfono en sí es síntoma de un problema más profundo. “Realmente no he encontrado la raíz del malestar”, afirmó.

August Lamm
August Lamm
Foto: Web August Lamm/Magdalene Kennedy

Sentada en un banco, Lamm sostenía una pequeña colección de teléfonos minimalistas que le había regalado Keyphone, patrocinador del evento; al final de la noche, los habría regalado todos. Se ha convertido en una especie de influencer ludita. Las compañías de teléfonos básicos se han ofrecido a pagarle por una mención en su libro, y el equipo de marketing de su editorial le ha propuesto una colaboración con alguna marca. (Ella no está interesada).

Cuando Lamm subió al escenario, la importancia de su proyecto quedó clara. Al luchar contra el teléfono inteligente, luchaba por su tiempo y por su salud mental, pero también por compañía. No soportaba hacerlo sola.

Lamm leyó un fragmento del libro en el que lamentaba que sus seguidores le dijeran a menudo que su fanzine les había cambiado la vida. Pero siguen teniendo teléfonos inteligentes. «En teoría apoyaban el movimiento, pero no podían participar personalmente», dijo. «Me deseaban lo mejor con mi activismo. No dudaban de que marcaría la diferencia».

Mientras hablaba, una mujer del público levantó su teléfono y amplió la imagen.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times. Por Amanda Hess.

¿Encontraste un error?

Reportar
Temas relacionados
The New York Times
Te puede interesar