Por qué la búsqueda constante de aprobación ajena desgasta tu salud mental y cómo empezar a elegir por vos

Cinco pautas prácticas para tomar decisiones con autonomía, fortalecer la autoestima y no depender del aplauso del entorno.

redes sociales, likes, me gusta

A veces abandonamos prácticas, acciones y conductas. Dejamos de hacerlas cuando dejamos de ser reconocidos. Y en esto hay algo importante para observar. Nos acostumbramos a asociar el valor de nuestras acciones con el efecto que producen hacia afuera: reconocimiento, aprobación, resultados, dinero, prestigio, posicionamiento de imagen, entre otros factores.

La mirada de los demás forma parte de nuestra vida y siempre será así -somos seres sociales y necesitamos vínculos-; el punto de inflexión es cuando necesitamos esa mirada y devolución del entorno para confirmar que lo que hacemos vale la pena.

¿Seguís haciendo ejercicio cuando nadie ve tu esfuerzo? ¿Cumplís con lo que dijiste que ibas a hacer aunque nadie vaya a felicitarte? ¿Ponés un límite aunque otro se enoje? ¿Seguís trabajando en un proyecto aunque todavía no tenga resultados? ¿Hacés algo porque para vos tiene sentido? Estas preguntas pueden ayudarnos a visualizar cuánto de nuestra motivación depende de la recompensa externa.

Validación externa.jpg
Foto: Sagecalm.

No se trata de dejar de disfrutar los elogios. A todos nos gusta que reconozcan nuestro esfuerzo. El objetivo es otro: que el aplauso sea un plus y no el combustible, un “mimo al alma”, pero no una necesidad imperativa para continuar.

Cuando necesitamos demasiado la aprobación externa, empezamos a tomar decisiones para conseguirla; elegimos una profesión porque “queda bien” o para complacer a otros. Decimos que sí para agradar y no decepcionar. Mostramos nuestros logros para sentirnos importantes y valorados. Nos cuesta sostener un límite o abandonamos aquellos proyectos que generan resultados inmediatos.

La pregunta deja de ser “¿qué quiero?” para convertirse en “¿qué esperan de mí?”. Empezamos a perder independencia, dejamos nuestra libertad a merced de otros, a quienes además estamos colocando en un lugar de poder y jerarquía en nuestras vidas.

Adicción redes sociales.jpg
Imagen: Wikimedia.

Los likes y visualizaciones en redes sociales favorecen esta adicción al reconocimiento externo, como un elemento indispensable para sentir bienestar, aunque sea efímero.
Sugerencias prácticas. Para cortar con la dinámica donde la búsqueda de amor, aprobación y valoración proviene desde el exterior, te dejo algunas sugerencias. El amor propio fortalecido y una autoestima equilibrada son la clave del equilibrio emocional.

  1. Detectá dónde buscás aprobación. Durante una semana, prestá atención a las decisiones cotidianas y preguntate: ¿Lo hago porque quiero o porque quiero que alguien piense algo de mí? No busques respuestas perfectas. Tal vez descubras que trabajás mucho porque disfrutás de lo que hacés, pero también porque necesitás demostrar que sos capaz. Que cuidás tu imagen porque te gusta, pero también porque temés no gustar. Que aceptás determinadas invitaciones porque querés ir, pero otras porque te cuesta quedar afuera y/o para no decepcionar a otros. La motivación puede ser mixta. Lo importante es verla.
  2. Hacé algo que nadie pueda aplaudir. Elegí durante una semana una conducta que quieras incorporar y que no tenga una recompensa inmediata. Caminar. Leer. Dormir mejor. Ordenar. Cocinar. Llamar a alguien. Terminar algo pendiente. Dedicar tiempo a una actividad que disfrutás, pero sin publicarlo, sin contarlo, sin buscar que alguien te felicite. Al final del día preguntate: ¿Cómo me sentí al hacerlo aunque nadie lo supiera? Es una manera sencilla de observar cuánto dependemos de la recompensa externa para sostener una conducta.
  3. Practicá el “no mostrar”. Cualquier experiencia puede convertirse hoy en evidencia pública de que estamos viviendo bien. Desde un viaje a un logro, pasando por el entrenamiento o una comida. Probá disfrutar algunas experiencias que sean solamente tuyas. Un café sin foto. Un paseo sin historia. Un logro sin publicación. Una buena noticia compartida sólo con alguien cercano. Un proyecto que todavía no anunciás. No para escondernos, sino para comprobar que algo puede ser valioso aunque nadie más se entere, porque es importante y disfrutable para vos y con eso ya es suficiente.
  4. La falta de aprobación. Quiza esta sea la parte más difícil porque independizarnos emocionalmente no significa que dejemos de necesitar a los demás ni que nos dé lo mismo lo que piensen. Significa tolerar que alguien no esté de acuerdo con nosotros sin interpretar automáticamente que estamos haciendo algo mal. Que alguien se enoje no significa que nuestro límite sea incorrecto. Que alguien nos critique no significa que debamos cambiar. Que alguien no valore nuestro esfuerzo no significa que el esfuerzo no tenga valor.

Antes de modificar una decisión para recuperar aprobación, probá preguntarte: “¿Estoy cambiando porque descubrí que estaba equivocado o porque no tolero que alguien esté disconforme conmigo?” La diferencia es enorme.

Cambiá la pregunta

Interrogantes.jpg
Foto: Commons.

Una de las formas más concretas de construir independencia emocional es cambiar algunas preguntas.

  • En lugar de: “¿Qué van a pensar?” Preguntate: “¿Qué pienso yo?”
  • En lugar de: “¿Les va a gustar?”, indagá: “¿Esto está alineado con lo que quiero?”
  • En lugar de: “¿Lo estoy haciendo bien?”, “¿Qué evidencia tengo de que necesito hacerlo diferente?”

Y en lugar de: “¿Por qué nadie reconoce lo que hago?” Preguntate: “¿Yo reconozco el valor de lo que estoy haciendo?” No siempre responderemos estas interrogantes inmediatamente, pero reformular preguntas modificará el foco de atención. Y cuando esto ocurra, también podrán cambiar nuestras decisiones.

A veces confundimos independencia con no necesitar a nadie. No es eso; necesitamos vínculos, afecto, reconocimiento, sentirnos queridos y valorados. El problema aparece cuando convertimos esas necesidades en condiciones para estar bien.

La independencia emocional no consiste en que no te importe lo que los demás piensen, se trata de que lo que los demás piensan no tenga el poder de decidir quién sos, qué elegís o cuánto vale lo que hacés. La independencia emocional no es indiferencia, es salud mental. Quizás el objetivo no sea vivir sin aplausos, sino no necesitarlos para saber que estamos haciendo algo valioso: menos necesidad de aplausos, más criterio, amor propio e independencia emocional.
Recordá: “Siempre hay otra forma”.

¿Encontraste un error?

Reportar
Te puede interesar