El asno salvaje asiático, también conocido como Equus hemionus, fue desapareciendo en decenas de zonas cercanas a Medio Oriente debido, entre otros factores, a la caza y transformación de su hábitat.
En 1982, 28 ejemplares de esta especie fueron reintroducidos en un desierto en Israel. Casi 45 años más tarde, los asnos lograron desarrollar un efecto más allá de la recuperación de su especie alcanzando una población que supera los 300 individuos en libertad.
Todo comenzó en el área de Makhtesh Ramon, zona también conocida como cráter Ramón. En ese contexto, los asnos fueron dejados en libertad en aquellas tierras, luego de que los programas involucrados hubieran logrado obtener la cantidad suficiente de animales para iniciar una nueva población.
La primera reintroducción de la especie comenzó con un grupo de 14 machos y 14 hembras. Aquellos 28 primeros ejemplares tuvieron éxito, ya que poco tiempo después comenzaron a reproducirse de manera natural en dicho territorio.
Sin embargo, la presencia de estos animales también repercutió en la supervivencia de otras especies. Conocidos bajo el concepto de "ingenieros del ecosistema", los asnos salvajes desempeñan un rol activo al excavar el terreno y modificar la vegetación local, generando reservas de agua y favoreciendo la biodiversidad en una de las zonas más complejas del desierto.
Por qué los asnos salvajes son conocidos como “ingenieros” de ecosistemas
En un entorno caracterizado por la escasez de recursos, estos animales utilizan sus pezuñas para excavar en los cauces secos hasta alcanzar el agua subterránea. Esta acción da origen a pequeños pozos y puntos de agua que quedan disponibles para otros animales del desierto que carecen de la capacidad física para excavar, tales como gacelas, zorros, aves y pequeños mamíferos.
Al mismo tiempo, esta modificación en el suelo permitió que la humedad permanezca por más tiempo tras las lluvias.
En cuanto a la vegetación del desierto del Néguev, el asno salvaje asiático actúa como un agente clave en la dispersión de semillas, especialmente de especies como las acacias. Al alimentarse de sus frutos y vainas, los ejemplares se desplazan grandes distancias y expulsan las semillas junto con las heces, aportando materia orgánica y facilitando el establecimiento de nuevas plantas cuando existen condiciones de humedad adecuadas.
Las investigaciones más recientes sostienen que la población de asnos ya superó los 300 ejemplares, aunque las cifras pueden modificarse según el área.
Sin embargo, se aclara que la recuperación de una especie no termina únicamente cuando los animales vuelven a reproducirse en libertad, ya que en casos como este, su presencia coopera en el desarrollo o la recuperación de otros aspectos del entorno.
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