La rana que paría por la boca y la ciencia quiere devolver de la extinción

Extinta desde 1983, algunas de sus células aún pueden dividirse. Científicos intentan recuperar esta rana australiana

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Rheobatrachus silus

Durante unas semanas, el estómago de una rana podía convertirse en una especie de útero. La hembra de Rheobatrachus silus tragaba sus propios huevos fecundados y los mantenía dentro de su aparato digestivo hasta que se convertían en pequeñas ranas. Entonces abría la boca y expulsaba a sus crías completamente formadas.

No era una leyenda ni una rareza de laboratorio. Era la estrategia reproductiva de una rana que vivía en los arroyos de las montañas del sureste de Queensland, en Australia. Y desapareció casi tan rápido como había sido descubierta. El último ejemplar conocido murió en cautiverio en 1983.

Ahora, más de cuatro décadas después, un grupo de científicos vuelve a mirar hacia aquella especie. El objetivo es ambicioso: intentar recuperarla mediante técnicas de clonación. Los investigadores ya consiguieron reproducir material genético de la especie extinguida y llevar embriones hasta una fase temprana de desarrollo.

El protagonista de esta historia es el Proyecto Lazarus, una iniciativa encabezada por el paleontólogo Michael Archer, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, que comenzó a trabajar en la posibilidad de recuperar especies desaparecidas. Esta rana fue elegida porque todavía existían tejidos relativamente recientes que podían conservar ADN utilizable.

La especie fue descubierta a comienzos de la década de 1970 en las cordilleras de Conondale y Blackall. En 1974, el herpetólogo Mike Tyler describió su extraordinaria reproducción: la hembra ingería los huevos fecundados y dejaba de producir ácido gástrico para no digerirlos. Su estómago se convertía temporalmente en una incubadora.

Las búsquedas posteriores no encontraron supervivientes. Tampoco fue un caso aislado: otra especie del género, Rheobatrachus vitellinus, descubierta en 1984 cerca de Eungella, también incubaba sus crías en el estómago y desapareció pocos años después. El Australian Museum incluye a ambas entre las “ranas perdidas” de Australia.

Durante mucho tiempo no estuvo claro qué había provocado su extinción. Con el tiempo cobró fuerza otra explicación: la quitridiomicosis, una enfermedad causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis que ha devastado poblaciones de anfibios. Michael Mahony, uno de los investigadores del Proyecto Lazarus, explicó a ABC que el avance de esta enfermedad coincidió con la desaparición de numerosas especies.

Pero quedaba una oportunidad escondida en un congelador.

Uno de los investigadores conservaba tejidos de Rheobatrachus recolectados décadas antes. Algunas células todavía conservaban estructuras suficientemente intactas como para extraer sus núcleos. La idea era introducirlos en óvulos de una especie de rana viva a los que previamente se les había retirado su propio material genético.

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Rheobatrachus silus

El procedimiento se conoce como transferencia nuclear de células somáticas, una técnica de clonación. El objetivo era utilizar el núcleo de una célula de la especie extinguida para iniciar el desarrollo de un embrión.

En 2013, el equipo hizo públicos sus resultados. La Universidad de Nueva Gales del Sur informó que había conseguido embriones clonados en etapas tempranas que contenían ADN nuclear de Rheobatrachus silus. No llegaron a convertirse en renacuajos, pero demostraron que el material genético de una especie desaparecida décadas antes todavía podía utilizarse para iniciar el desarrollo embrionario.

Más de una década después, aquel resultado sigue siendo el punto de partida. Un reporte publicado en agosto de 2026 recogió las explicaciones de Mahony: durante cientos de experimentos, el equipo utilizó núcleos de Rheobatrachus y óvulos de la rana de grandes barras (Mixophyes fasciolatus), una especie viva utilizada como receptora. Los investigadores lograron producir embriones que llegaron hasta la etapa de blástula y comprobaron que contenían ADN nuclear de la rana extinguida.
Eso, sin embargo, está muy lejos de una resurrección.

Un embrión con ADN de una especie extinguida no equivale a un animal vivo. Habría que conseguir que el desarrollo continúe, obtener un renacuajo, lograr que se transforme en una rana y, eventualmente, demostrar que puede reproducirse. Incluso entonces quedaría otra pregunta: dónde podría vivir.

Por ahora, Rheobatrachus silus continúa oficialmente extinguida. Lo que existe son tejidos congelados, información genética y embriones que no llegaron a convertirse en animales.

La rana no ha vuelto.

Pero, por primera vez, algunas de sus células volvieron a dividirse.

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