Esta semana llegó a Prime Video Cada año que pasé contigo, serie de ocho episodios sobre dos jóvenes que viven un romance a lo largo de seis veranos y que años después tienen que decidir qué hacer con todo lo que quedó sin resolver. La premisa podría haber salido de cualquier serie de los 2000. La diferencia es que hoy, en lugar de ser la excepción, es parte de una tendencia que se instaló con fuerza en el streaming y que no para de crecer.
Las plataformas tardaron en darse cuenta, pero lo descubrieron: mientras Hollywood apostaba por franquicias cada vez más rimbombantes, existía una enorme audiencia dispuesta a emocionarse con algo mucho más simple. Un primer amor. Un reencuentro. Una segunda oportunidad. Y alguien que finalmente dice lo que tendría que haber dicho hace diez años.
El combustible de este regreso tiene nombre: BookTok. La comunidad literaria de TikTok demostró que era capaz de convertir una novela romántica en un bestseller mundial antes de que llegara a las librerías, y las plataformas aprendieron rápido la lección. El caso de Cada año que pasé contigo lo ilustra mejor que ninguno.
La novela de Carley Fortune se publicó en 2022, pasó 14 semanas en la lista de los más vendidos del New York Times, vendió más de un millón de ejemplares y el hashtag Every Summer After acumuló más de 81 millones de visualizaciones en TikTok. Todo eso antes de que se anunciara la serie, o existiera una sola imagen de la producción.
“¡Estoy emocionadísima con este fabuloso reparto!”, dijo Fortune a Variety cuando se anunció el elenco de la serie. “Sé que harán que los fans de Every Summer After se enamoren de sus personajes favoritos una vez más”. Para las plataformas, esa frase vale más que cualquier campaña de marketing: la audiencia llega al estreno con los personajes memorizados, y decidida a quedarse a maratonear.
Prime Video ya había comprobado la fórmula con El verano que me enamoré, uno de sus mayores éxitos juveniles, y recientemente con Off Campus, adaptación de las novelas de Elle Kennedy, que ya anunció segunda temporada, y convirtió en estrellas a sus protagonistas: Ella Bright (Hannah Wells) y Belmont Cameli (Garrett Graham).
La plataforma además ya confirmó la adaptación de Boys of Tommen, basada en la saga de la irlandesa Chloe Walsh, otra autora que arrasa entre los lectores más jóvenes. La lógica es siempre la misma: una novela con comunidad activa en redes, un grupo de fanáticos que llega con expectativas altas y millones de usuarios que eligieron bando antes del primer episodio. El romance se convirtió así en una de las apuestas más seguras del streaming: relativamente económico de producir, sin necesidad de recurrir a grandes estrellas de Hollywood, y con una capacidad enorme para generar conversación en redes sociales.
Pero el fenómeno dice algo más que una estrategia de negocios. En una oferta audiovisual dominada por universos complejos, violencia y distintas opciones del apocalipsis, las historias románticas ofrecen algo que escasea: personajes reconocibles, emociones universales y conflictos que, aunque dramáticos, suelen estar atravesados por alguna forma de esperanza. Y funcionan para más gente de la que parece.
Producciones como Heartstopper, Un lugar para soñar o Heated Rivalry encontraron seguidores entre espectadores que crecieron con los dramas juveniles de los 2000 y que hoy encuentran en estas series una mezcla de nostalgia y escape a los problemas diarios. Las tramas pueden transcurrir en la adolescencia, con protagonistas de veinte años y veranos que parecen durar para siempre. Porque las emociones son reconocibles a cualquier edad.
El romance también cambió por dentro. Las nuevas series no se limitan a la fantasía romántica clásica: la salud mental, los traumas familiares, el duelo y la presión social conviven con la fórmula de siempre (el clásico “chico conoce a chica”) sin que eso las vuelva más pesadas. Y cambió, sobre todo, el tipo de vínculo que ponen en pantalla. El héroe atormentado que competía con otros hombres por la protagonista, o el rebelde que necesitaba ser salvado, fueron cediendo espacio a otro tipo de personaje masculino: uno que escucha, acompaña, habla de lo que siente y entiende la pareja como una relación entre iguales. Para una parte del público, eso representa un ideal romántico que las ficciones anteriores raramente mostraban.
Contrasta, en particular, con los fenómenos que dominaron las pantallas en las últimas décadas. Las series You y Euphoria, o las sagas cinematográficas de Culpables o Cincuenta sombras de Grey popularizaron relaciones tóxicas, donde los celos, el control y la dependencia emocional venían presentados como intensidad romántica. El nuevo romance no renuncia al drama, pero parece menos interesado en confundir el daño con la pasión. Los protagonistas pueden sobrevivir, crecer juntos y encontrar una forma de ser felices sin que ninguno de los dos tenga que anularse. No todo tiene que terminar en tragedia. No todas las historias necesitan un destino condenado al estilo Romeo y Julieta para que valga la pena contarlas.
Cada año que pasé contigo llega con todos esos ingredientes. Percy y Sam, los protagonistas interpretados por Sadie Soverall y Matt Cornett, vivieron seis veranos juntos y luego algo se rompió. La serie los obliga a volver, a enfrentar los recuerdos, las heridas y las decisiones que marcaron sus vidas. La pregunta que se instala desde el primer episodio es vieja pero no se gasta: ¿qué pasa cuando el amor que no pudo ser resulta ser exactamente el que tendría que haber sido? Es el mismo mecanismo de El verano que me enamoré, de Off Campus, de docenas de novelas que BookTok convirtió en fenómenos globales. También catapultó al estrellato a autoras como Alice Kellen, Inma Rubiales o Colleen Hoover. En este caso con la nostalgia como motor, la segunda oportunidad como promesa, y en el medio ocho episodios para ver si esta vez las cosas salen distinto.
Después de años dominados por otros géneros, las historias de amor volvieron a ocupar un lugar central en la conversación cultural. No porque el público haya cambiado, sino porque las plataformas finalmente entendieron lo que los lectores de TikTok ya sabían desde hace tiempo: que hay algo en un primer amor mal resuelto que no termina de irse nunca, y que eso, cuando está bien contado, vale millones de visualizaciones.
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