Hay una Jennifer López que marcó los primeros años del 2000. No es la cantante, ni la empresaria, ni la celebridad que convirtió su vida privada en tendencia antes de las redes sociales. Es la mujer que organizaba bodas ajenas mientras encontraba el amor en Experta en bodas, la mucama que enamoraba a un político en Sueños de amor o la novia que sobrevivía a una suegra interpretada por Jane Fonda. Durante años integró el Olimpo de la comedia romántica en Hollywood, junto a Reese Whiterspoon, Sandra Bullock y Kate Hudson. Después el género empezó a desaparecer, y López buscó otros caminos.
Ayer llegó a Netflix Turbulencia en la oficina y con ella vuelve esa versión de López (hoy con 56 años) que la convirtió en una estrella de cine. Interpreta a Jackie Cruz, la CEO de una aerolínea que inicia una relación secreta con el abogado que acaba de contratar. La trama podría haber salido directamente de cualquiera de sus éxitos de principios de siglo. No es casualidad.
La película nació con ella en mente. Brett Goldstein y Joe Kelly, guionistas de Ted Lasso, decidieron que no escribirían una sola página si López no aceptaba protagonizarla.
“Joe Kelly y yo la escribimos”, contó Goldstein al canal E! durante la premiere. “Estábamos en un tren, mientras hacíamos Ted Lasso. Íbamos de Manchester a Londres y queríamos hacer algo juntos. Queríamos hacer una comedia romántica clásica, de las de antes. Entonces nos preguntamos: ‘¿Quién es la mejor actriz de comedias románticas?’. Y la respuesta fue JLo. Así de simple”.
La propia actriz admitió que la propuesta la tomó por sorpresa ya que fue un papel escrito para ella. En el estreno comentó: “Me sorprendió muchísimo. Porque no es algo que me pase habitualmente”, dijo. “Fue muy halagador. Además, yo era una gran fan de su trabajo en Ted Lasso. Me encantan Roy Kent, Keeley y toda esa historia. Así que me sentí muy honrada y estaba deseando leer el guion”.
No es un regreso menor. Entre Experta en bodas y hoy pasaron veinticinco años. En ese tiempo López hizo algo que muchas estrellas de la comedia romántica no consiguieron: escapar de la etiqueta. Desde sus inicios, López ha sido versátil. Ha sido Selena Quintanilla en Selena, el papel que la llevó a Hollywood, y estuvo en éxitos de taquilla como Anaconda, thrillers como La celda y Nunca más, dramas criminales, películas de acción y colaboraciones con directores como Steven Soderbergh, Oliver Stone y Tarsem Singh.
En los últimos años incluso se convirtió en una heroína de acción para Netflix. En La madre interpretó a una asesina entrenada que debía proteger a su hija, mientras que en Atlas luchaba contra una inteligencia artificial capaz de destruir a la humanidad. Ninguna de esas películas tenía demasiado que ver con aquella mujer que encontraba el amor entre malentendidos románticos.
El gran papel de esta etapa tampoco fue romántico. En Estafadoras de Wall Street, dirigida por Lorene Scafaria, interpretó a Ramona, una stripper que lidera una red de estafas contra ejecutivos de la bolsa de valores. La actuación le valió una nominación al Globo de Oro y recordó algo que durante años había quedado opacado por su fama como cantante y celebridad: Jennifer López también era una actriz capaz de sostener un papel dramático de peso.
Ese reconocimiento llegó bastante después que el éxito comercial. Mucho antes de que los premios la tomaran en serio, López ya había demostrado algo que la industria entendía muy bien: vendía entradas. Sueños de amor debutó en el número uno de la taquilla estadounidense y terminó superando los 150 millones de dólares en todo el mundo. Experta en bodas también fue un éxito. Y cuando años después llegó Estafadoras de Wall Street, la película recaudó más de 150 millones con un presupuesto cercano a los 20.
Su impacto también excedió el cine y la música. Fue una de las primeras actrices latinas en negociar salarios de estrella en Hollywood y ayudó a ampliar los estándares de belleza dominantes. Además, gracias al famoso vestido verde de Versace en los Grammy del 2000, y las búsquedas masivas en internet, impulsó a Google a desarrollar Google Imágenes.
“Sentía que todas las mujeres en las comedias románticas siempre se veían igual, siempre eran blancas”, dijo López a The Hollywood Reporter en 2019. "Y pensé: si puedo hacerlo y demostrar que soy como cualquier chica —porque soy una romántica empedernida, soy eso—, soy una mujer soltera trabajadora, soy todo eso. Recuerdo haber pensado: ‘Necesito ser la protagonista de una comedia romántica’".
La dirección de Turbulencia en la oficina quedó en manos de Ol Parker, responsable de películas como Mamma Mia! Vamos otra vez, Pasaje al paraíso y El exótico hotel Marigold. En un momento en que las comedias románticas sobreviven principalmente en streaming, Parker es uno de los pocos directores que sigue apostando por las reglas clásicas del género. Suelen funcionar.
El elenco, además de López y Goldstein incluye a Edward James Olmos. El dato puede parecer menor, pero tiene algo de regreso a los orígenes de la actriz nacida en el Bronx. Olmos fue el padre de López en Selena, la película que la hizo estrella en 1997.
Porque antes de la cantante multiplatino, antes de Ben Affleck y Marc Anthony, López era la reina de las comedias románticas. Ahora, con Turbulencia en la oficina, y si bien nunca se alejó del todo (protagonizó Jefa por accidente y Cásate conmigo, que estaban más centradas en el empoderamiento de la protagonista) vuelve a un género que la convirtió en una figura de Hollywood y en el que siempre se ha sentido cómoda.