De Wattpad a fenómeno global: Inma Rubiales, la autora de 24 años que desató una locura en su paso por Uruguay

De Wattpad a llenar salas en Montevideo, la escritora española Inma Rubiales se convirtió en un fenómeno de la literatura juvenil; en charla con El País habla sobre sus libros, la fama y salud mental.

Inma Rubiales.
Inma Rubiales.
Foto: Estefania Leal.

Es uno de los fenómenos recientes de la literatura juvenil en español. Más de 6.000 personas fueron a escucharla en la Feria del Libro de Buenos Aires —cuando la editorial esperaba mil— y más de 500 jóvenes coparon la sala Azul de la Intendencia durante su breve paso por Montevideo. “Fue una locura”, resume la escritora española Inma Rubiales su visita a Argentina, horas antes de su presentación en Montevideo.

Con 24 años, Rubiales pasó de publicar capítulos en Wattpad a convertirse en una de las autoras jóvenes más vendidas de Planeta. Autora de Hasta que nos quedemos sin estrellas, El arte de ser nosotros, Todos los lugares que mantuvimos en secreto y Nuestro lugar en el mundo, dice que no termina de entender del todo el alcance de lo que genera.

Tiene más de 250 mil seguidores en Instagram, lo que, por momentos, la hace olvidarse del alcance que tiene. “Con las redes sociales perdemos un poco como el foco de lo que es la realidad. O sea, me han escrito, o le han dado Me gusta 60.000 personas a una publicación. A veces me pongo a pensar y digo, ostras, es que 60.000 personas es un campo de fútbol. Un estadio entero le ha dado un me gusta a mi post. Y cuando vas a una firma y ves que las lectoras tienen cara, ojos, boca, nariz, que vienen de un montón de sitios solo para verte, como que te quedas hiperabrumada, e hiperagradecida. Al día de hoy lo cuento, y creo que lo cuento con demasiada normalidad, pero es porque todavía no lo he asimilado”, dice.

Sus lectoras le dicen que sus novelas las han acompañado en momentos difíciles, aunque ella reconoce escribe para ella, porque lo disfruta. Se trata de una vocación que descubrió siendo niña y que ni el conservatorio de música al que llevaban sus padres, pudo hacerla cambiar de parecer.

Antes de regresar a España todavía le quedaba una parada en Chile. Recién entonces, va a tener tiempo para procesar todo lo vivido durante los 10 días de gira por Sudamérica. “Paso muchísimo tiempo encerrada en mi cuarto, con mi ordenador, mi pijama y mi gorro para los rizos, sola con mis personajes. Y de repente sales de ahí y ves que tanta gente conecta con tus libros de una forma tan intensa. Es súper bonito”.

—¿Cuándo sentiste que tu vida ya no era del todo normal?
—Creo que cuando me llamó Planeta. Yo estaba en primero de carrera y veía la escritura como un hobby. Había publicado cuatro libros con una editorial pequeña, pero pensaba terminar mis estudios y dedicarme a publicidad. De repente empecé a viajar, a hacer firmas, entrevistas, giras. Fue muy rápido. Igual sigo siendo una persona muy normal. Mis amigas dicen que soy Hannah Montana. Un día estoy en la Feria del Libro de Buenos Aires con 6.000 personas y al otro estoy tomando café en mi bar de siempre. Mi madre sigue diciéndome que recoja las zapatillas del suelo.

Inma Rubiales.
Inma Rubiales.
Foto: Estefania Leal.

—¿Te gustaba estudiar en el conservatorio?
—No me gustaba nada. De hecho empecé a escribir porque me saltaban las clases de música. Y a raíz de eso fue que empecé, pero claro, era malísima. Luego, en la secundaria, era de esas alumnas que siempre sacan 10. Me gradué con matrícula de honor. Era súper aplicada. Siempre he sido muy perfeccionista y muy exigente.

—Tus novelas parten del romance, pero siempre hay algo más profundo detrás. ¿Qué te interesa explorar dentro del género?
—No me gusta definirlas solo como historias de amor. Hablo también de amistad, familia, autoestima, duelo, salud mental. Me interesa contar cómo dos personas se acompañan mientras intentan encontrarse a sí mismas. Son personajes que tienen problemas, inseguridades, errores y un pasado propio.

—Y ahí aparecen temas bastante duros como el bullying, las relaciones tóxicas, las adicciones o el suicidio.
—Sí. Creo que hay muchas chicas que leen mis libros antes de tener una experiencia romántica real. Gran parte de sus referencias sobre el amor vienen de películas, series o novelas. No escribo para educar, pero sí me gustaría que mis libros dejaran algo bueno. Que no romantizaran actitudes tóxicas.
También hablo mucho de la amistad sana, del amor sano, de cuidar tu vida más allá de la pareja. Tu pareja tiene que tener su espacio y tú el tuyo.

—¿Sentís que hay un cambio en la literatura juvenil en ese sentido?
—Sí, creo que hay una generación de autoras que intenta mostrar relaciones más sanas. No perfectas, porque las relaciones sanas también tienen problemas, pero sí alejadas de ciertas dinámicas tóxicas que antes se romantizaban muchísimo.

Inma Rubiales.
Inma Rubiales.
Foto: Estefania Leal.

—¿Cómo cambió tu manera de escribir al pasar de Wattpad a publicar novelas inéditas directamente con la editorial?
—Fue liberador y aterrador al mismo tiempo. En Wattpad escribías y publicabas al momento. Si en el capítulo 15 descubrías que algo del primero estaba mal, ya era tarde. Había mucha presión por acertar a la primera. Con las novelas inéditas descubrí que podía reescribir, borrar escenas, cambiar personajes. Fue como pensar: “Ah, esta era la libertad que tenía todo el mundo”.

—Pero también perdiste el feedback inmediato.
—Muchísimo. Y lo pasé bastante mal. Antes tenía comentarios constantemente y ahora escribo sola durante meses. Yo suelo mandar 15 capítulos juntos a mi editora cuando siento que ya están muy trabajados. Entonces durante todo ese tiempo estás sola con tus dudas y aparece muchísimo el síndrome del impostor.

—¿Ya no hay vuelta atrás con Wattpad?
—Nunca digo nunca, porque igual aparece una historia que siento que tiene que ir ahí sí o sí. Pero ahora, por ritmo de vida y por cómo quedan los libros, creo que voy a seguir publicando inéditos.

—¿Cómo fue volver a escribir Un amigo gratis tantos años después?
—Muy difícil y muy bonito. La escribí con 14 años y la publiqué con 17. Ahora la reedité totalmente reescrita. Cuando releí el original me espanté un poco, porque entre los 17 y los 24 cambias muchísimo. Pero también encontré cosas que me sorprendieron mucho.

—¿Por ejemplo?
—Hay una metáfora sobre las personas como puentes levadizos y los vínculos como barcos de distinto tamaño. La escribió una niña de 14 años y hoy la leo y pienso: “Sabía mucho más de la vida de lo que sé ahora”. Me encantaría tomarme un café con esa niña y preguntarle cómo tenía todo tan claro.

—Tus novelas tratan temas sensibles. ¿Cómo trabajás esa parte?
—Intento documentarme muchísimo y hablar con profesionales. Mi madre es psicóloga especializada en prevención del suicidio y salud mental grave, y siempre me ayuda. Para escribir tres párrafos sobre suicidio podía leer mil guías distintas. Y para Nuestro lugar en el mundo hablé con asociaciones de alcohólicos rehabilitados para entender mejor cómo funciona una adicción y asegurarme de tratar el tema con responsabilidad.

—¿Te interesa llevar tus historias al cine o convertirlas en series?
—Sí, claro. Me encantaría. Pero también me genera respeto por las lectoras. Si alguna vez pasa, me gustaría estar involucrada en el guion o en la producción para cuidar la esencia de las historias. Mis lectoras se fijan en absolutamente todo. Una vez una chica me escribió indignada porque un personaje tenía ojos marrones en una portada, cuando en otro libro se decía que eran azules. Yo ni me había dado cuenta. Pero para ella era importantísimo. Y ahí entiendes el vínculo tan fuerte que tienen con las historias.

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