Claudia Fernández visitó a Lourdes Ferro en su ciclo de streaming La otra cara para mantener una charla sobre espiritualidad y dejó varias historias y reflexiones sobre su recorrido personal. Entre ellas, recordó el viaje que hizo sola a Tailandia cuando tenía apenas 17 años y relató una particular revelación que recibió durante una lectura de registros akáshicos.
La actriz y conductora contó que aquella experiencia en Asia significó un antes y un después. Se fue sola a trabajar como modelo, respaldada por la libertad y los valores que le habían inculcado sus padres, y regresó con nuevas experiencias y la sensación de haber descubierto un mundo mucho más amplio.
“Necesitaba ver otro mundo, otra vida, que había mucho por descubrir”, señaló sobre aquella etapa, que también estuvo marcada por momentos de miedo. Fernández recordó que sufrió ataques de pánico, aunque en ese momento no sabía cómo llamarlos: quedaba paralizada, quería gritar y no le salía la voz o intentaba prender la luz y sentía que no podía moverse.
Una compañera tailandesa con la que compartía apartamento fue quien le enseñó a respirar conscientemente para encontrar la calma y la introdujo en la meditación. Según contó, el miedo terminó siendo uno de los caminos que la acercaron a la espiritualidad y la llevaron a buscar herramientas para conocerse.
“Aprendí un montón. Hice muchas campañas para revistas, pero la enseñanza más grande fue encontrarme en esa soledad tan grande que aprendés a conocer tus demonios, tu lado oscuro, lo que querés tapar”, reflexionó.
A partir de entonces, aseguró, realizó terapia durante muchos años y a través de distintas modalidades. “Soy una mujer súper trabajada”, definió.
La clave, expresó, es atreverse a conocerse: "No es magia, no es de un día para el otro, hay que ver qué te resuena y qué no, hay terapias que son para una y otras que no. No a todos nos funciona lo mismo".
En ese recorrido también incluyó la práctica de los registros akáshicos, a los que, según contó, recurre una vez al año como una especie de guía para revisar si está transitando el camino que considera correcto.
Fue precisamente en una de esas sesiones donde recibió una revelación que la sorprendió por su vínculo con Atrevidas, el unipersonal que actualmente protagoniza.
Fernández contó que durante la lectura apareció una imagen relacionada con el final de la obra: varias mujeres levantando un mandato escrito en un papel, rompiéndolo y arrojando los pedazos al aire. La escena, según relató, coincidió con algo que sucede sobre el escenario y que la emociona especialmente.
“Que eso hoy suceda, y ver estas hermanas que rompieron un mandato, que se abrazan y terminan llorando en la función, a mí eso es imposible que no me emocione”, contó.
Atrevidas justamente busca homenajear a mujeres que, en distintos momentos de la historia, abrieron caminos y desafiaron mandatos. Entre ellas aparecen figuras como Frida Kahlo, Eva Perón, Juana de Ibarbourou y Cleopatra.
Fernández también habló de su regreso al teatro. Después de un tiempo alejada de los escenarios, retomó la actividad hace tres años con Se dice de mí y descubrió el particular desafío de sostener un espectáculo en solitario.
“Eso de no esperar la letra o el pie tiene su lado positivo y negativo”, explicó. Antes de cada función, admitió, aparece también la incertidumbre de preguntarse si el público acompañará, algo que se vive de otra manera cuando se forma parte de un elenco y la responsabilidad se reparte.
Pero cuando la sala se llena, la satisfacción también es mayor. Esa experiencia la impulsó a continuar por ese camino y dio lugar a Atrevidas, su segundo unipersonal, una obra que terminó encontrando un inesperado reflejo en aquella lectura de registros.
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