Ser la menor de siete hermanos llevaba a Inés Dutour (39) a esconderse en la biblioteca de su casa en Paysandú en busca de momentos de soledad. Ahí empezó a dejar volar su imaginación y tejió las primeras historias. Formada en el Instituto de Actuación de Montevideo (IAM), en 2017 viajó a París con una visa de vacaciones-trabajo y terminó quedándose. Hizo un máster en artes escénicas y ahora debutó como dramaturga y directora en Francia. Esta es su historia.
A Inés Dutour le explota el corazón de felicidad antes del estreno de La ciudad que conquistamos una noche de tormenta en el teatro parisino El Duende. A la ilusión de haber logrado montar su primera dirección y dramaturgia en el exterior se suma haberse animado a escribirla en francés.
Ese fue el mayor desafío de esta pieza que le cuesta definir, pero que transita entre lo poético, lo filosófico y lo surreal. En un mundo postapocalíptico, tres mujeres entran a una casa -que es un cuerpo en sí mismo y que incluso se comunica con el público a través de subtítulos- con el fin de echar ciertas presencias y volver a conquistar la ciudad.
Más allá de esta trama, hay un trasfondo bastante más profundo que surgió de una investigación académica para el máster en artes escénicas que cursó en la Universidad de París VIII.
“Es crear investigando. Mi pregunta era cómo performamos el erotismo las mujeres heterosexuales y quise trabajar conmigo para estar más segura de lo que quería hablar, porque nunca me sentí una académica. Ahí aparecieron los primeros textos”, cuenta vía Zoom a Sábado Show, sobre el germen de la obra.
La presentación de los deseos y cómo los personajes se animan a asumirlos es la primera capa de esta pieza, que también tiene “una cosa muy neurótica”, según su creadora.
El plan inicial de Dutour era protagonizar, pero en un momento del proceso advirtió que no podía estar arriba y abajo del escenario. Decidió soltar y convocó a tres amigas actrices, entre ellas una franco-boliviana que la ayudó a corregir “cositas muy españolizadas” del texto.
“La escribí para actuar, pero después me di cuenta de que no era tan crack. Actuar, producir y dirigir no es para mí, al menos no por ahora”, se sincera.
La obra se estrena mañana y anticipa que llorará ante semejante logro, después de tres años de proceso, entre escritura en el plató, residencias, ensayos postergados y otros vericuetos de la producción.
“Es muy importante porque es mi primer texto, con la vulnerabilidad que eso significa; y mi debut en la dirección con tres actrices en escena”, señala.
El máster, reconoce, fue clave para dar el salto: “Para lo que más me sirvió fue para tener el empuje de animarme a escribir”.
La particularidad de El Duende, cuenta, es que habilita una única función: invitó a tres programadores de teatros para luego conversar y definir el futuro de la obra.
“La idea es que en 2027 tengamos más funciones y soñamos con llevarla a Uruguay”, confiesa la artista sanducera, que puso todos sus otros proyectos en pausa para concentrarse en su ópera prima.
En octubre, asegura, volverá a abrir esa cajita y encarará nuevos trabajos de escritura con sus colegas de El Vaivén, la compañía franco-argentina que integra como artista asociada.
Parto artístico
Inés Dutour se escondía en la biblioteca de su casa para poder leer tranquila, sin que sus hermanos la molestaran. En esos espacios de soledad que buscaba para zafar de la multitud familiar, empezó a componer personajes e imaginar sus primeras historias.
El Taller Desde la Palabra, al que su madre la mandó con seis años porque confundía la “T” con la “P”, terminó de redondear su vocación.
Poco después, se enteró de que sus profesoras de literatura daban clases de teatro y su madre no dudó en sugerirle que se anotara: “Se daba cuenta de que me gustaba imaginarme otras vidas”, comenta. Egresó del IAM y, según dice, nunca imaginó estudiar otra carrera.
Entre sus deseos siempre estuvo vivir la experiencia de estar en el exterior, conocer otra cultura y otro idioma. En 2015 viajó a Europa, se quedó un mes en la casa de una amiga que vivía en París y se convenció de que era el lugar indicado.
Regresó a Montevideo, arrancó clases de francés y aterrizó en 2017 con una base. Se fue con la visa de vacaciones-trabajo y sin miras de instalarse, pero en el medio pasaron cosas y su plan cambió.
Tejió redes, surgieron proyectos, arrancó una maestría y la agarró la pandemia. “Hay dos años de mi vida que no sé qué pasó. Muchos proyectos se pararon y demoré un año más en terminar el máster. La vida fue proponiendo, fui aceptando y acá estoy”, cuenta.
Le fascina moverse y probarse. Extraña a sus amigos y se pregunta cómo sería trabajar de nuevo en su país. Su sueño sería pasar seis meses en Uruguay y seis en Francia. “La migración voluntaria es bastante particular, es un hilo en tensión y contradicción permanente”, expresa.
Reconoce que meterse en el circuito artístico es complejo incluso para los nativos, pero el azar jugó a su favor y logró empezar a actuar apenas llegó a París.
El director Lucas Olmedo estaba buscando una actriz para interpretar a una espía infiltrada en la obra Les canailles. Le preguntó a una amiga de Dutour si conocía a alguien, los puso en contacto y así surgió la oportunidad. “Tuve mucha suerte porque no es fácil conseguir proyectos e incluso montarlos”, dice.
También coincidió que necesitaban una actriz que no hablara bien francés y, así, Adela Alzamendi se convirtió en uno de los roles que más la marcó: “Fue muy raro. No podía conectar mi bagaje emocional con el idioma, pero funcionaba para el personaje de extranjera”, recuerda.
Ese debut, además, marcó un quiebre en su vida: le permitió conocer a la compañía franco-argentina El Vaivén, convertirse en artista asociada y, así, sentirse menos sola.
“Armamos proyectos e incluso la última obra está bajo su paraguas, ya que en Francia precisás sí o sí una compañía detrás cuando montás un espectáculo”, explica sobre La ciudad que conquistamos una noche de tormenta.
Nunca se imaginó como directora, pero poder llevar a escena esos universos que imagina desde niña la tiene fascinada. Por eso, y por haberse animado a escribir un texto en francés, vive el estreno más significativo de su carrera.
“Hace tres años que hablo de este proyecto, busco lugares para ensayar, hacer residencias y todos los vericuetos de la producción. Es mi primer texto, con la vulnerabilidad que significa, y mi primera dirección. Es un gran parto artístico”, concluye.
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