El presente profesional le sonríe a Candelaria de la Cruz. Forma parte de A todo o nada (Canal 12), acaba de estrenar La omisión de la familia Coleman, junto a un gran elenco, con funciones los viernes de setiembre en el Teatro Movie —entradas en la web del Movie—, y el 16 de octubre llegará Soy todas, el unipersonal en el que se pone en la piel de cinco mujeres históricas (Redtickets)
A futuro, asegura, le gustaría probarse como directora de cine y ya tiene un corto adelantado. Entre tantos proyectos, hay uno que la emociona especialmente: un guion que empezó a escribir junto a su abuelo, Cacho de la Cruz, y que algún día verá la luz. De todo esto y más habló con Sábado Show.
—Cuando anunciaste que serías parte del elenco de La familia Coleman lo definiste como el proyecto más profundo y desafiante de tu carrera, ¿cómo recibiste la propuesta? ¿Era un texto que querías hacer?
—No conocía el texto. De hecho, nunca había escuchado hablar de la obra, que está en la cartelera de Buenos Aires hace 22 años, en el teatro Timbre 4. Cuando me llegó el texto dije: “Es muy sensible, emocional y profundo, quiero trabajar en esta producción”. Hice casting y mi padre me ayudó a prepararlo porque coincidí con él. Fue un gran regalo de la vida. Castiné y no supe más nada por un mes. Pensé que no había quedado. La confirmación me llegó en noviembre, en un momento clave de mi vida, y fue un regalo maravilloso.
—Coincidió con el fallecimiento de tu abuelo, entonces...
—El mismo día y mismo segundo que mi abuelo falleció, me llegó la noticia. Fue muy loco. Un regalo de mi abuelo. Es una pieza que me atraviesa mucho por ese tema: ¿Qué pasa cuando un pilar fundamental de una familia ya no está? Me tocó de cerca y me hizo adentrarme en mí. Fui un poco ermitaña en esos meses de ensayo. Y fui cayendo. Cuando estás en un proceso tan frágil, como es montar una obra de alto calibre como esta, también requiere que lo proceses y entiendas lo que estás haciendo.
—La obra aborda desde la salud mental a hijos haciéndose cargo de los padres, la pobreza, el desamparo, con el humor potenciando esas oscuridades. La madre repite que la casa es un infierno. ¿Cuánto te interpeló? ¿Qué te atravesó más?
—Todo. Gaby, mi personaje, tiene un ancla con la familia, en esa casa. Se quiere ir, pero ¿a dónde nos vamos cuando no tenemos a dónde y queremos escapar? Vive por y para el otro. Se hace cargo de sus hermanos, de su madre, de su abuela, que es quien lleva el timón de la casa. No es fácil cuando querés ser alguien de 23 años y no podés, porque la vida te demanda otras cosas. Me sentí muy interpelada a ese nivel.
—¿Te ha tocado vivir algo parecido en tu familia?
—No sé si tan intenso por el contexto, pero cuando me fui a vivir sola a Estados Unidos para estudiar actuación, tuve que aprender a ser adulta con 18 años. Tuve que equilibrar ese enojo adolescente con la madurez y la responsabilidad. Hacer que esos dos mundos convivan.
—En redes también enfatizabas el gran trabajo físico, humano y emocional que te demandó. ¿Cómo fue el proceso? ¿Con qué conectaste y qué implicó la construcción del personaje?
—Se fue dando muy orgánicamente. Tengo el cuerpo disponible. Termino la función contracturada. Gaby lleva un gran peso en su espalda y eso se tiene que ver reflejado. Me apoyé mucho en el director (Diego Faturos), que interpretó uno de los personajes durante 15 años, y en el autor (Claudio Tolcachir), que nos contaba internas de los personajes y eso ayudaba a que estuviera vivo.
—¿Qué tuvo de diferente a los procesos creativos anteriores?
—Lo diferente no está en el texto porque los que hice antes tienen la misma importancia y profundidad desde otro lugar. Pero fue conmigo misma: estoy más madura, veo la vida de otra manera y quise estar a la altura. Abordarlo desde tu ser completo. La importancia del título y el elenco. El cambio fue en mí. Lo dimensiono, algo que cuando sos más chica no.
—¿Te apoyaste en tu papá? ¿Te fue a ver al estreno?
—No vino al estreno, pero sí al ensayo general y le gustó mucho. Además, me ayudó en la previa, pudo leer conmigo el personaje y fue lindo.
—En el unipersonal Soy todas vas a interpretar a cinco personajes femeninos históricos. También vas a cantar y bailar. ¿Qué podés contar de este proyecto dirigido por Álvaro Ahunchain?
—Estreno el 16 de octubre en Espacio Zorrilla. Son cinco personajes históricos: Marilyn Monroe, Edith Piaf, Delmira Agustini, Lady Di y Ana Frank. Todo nace a partir de que yo escribo un unipersonal de Ana Frank muy cortito, se lo doy a Álvaro Ahunchain para que lo lea y él me propone: “¿Por qué no hacemos varias y te transformás en muchas?”.
—Además, tu plan siempre había sido llevar ese unipersonal al teatro.
—Me gané un premio en Brasil, en el Festival Río Web Fest, hice una presentación chiquitita para amigos en Montevideo, se recibió bien y sentí que era el año para expandirlo. Es una historia hermosa y más hoy con todo lo que está pasando con las mujeres, que estamos constantemente en peligro y expuestas, incluso en tu propia facultad. Es el momento porque nos interpela mucho.
—¿Cómo fue meterte en la piel de personajes tan potentes y populares?
—Es un desafío y una responsabilidad muy grande. Pero al mismo tiempo pienso: mientras hables desde la verdad, todo lo que hagas va a ser puro. Quiero llegar al corazón y poder dar un mensaje a través de la obra.
—¿Cómo eligieron al resto de los personajes de la obra?
—Hay muchas más mujeres históricas que quedaron por fuera y, si le va bien, vendrá una segunda parte. La historia de Ana Frank me encanta y las otras fueron saliendo en un ida y vuelta. Queríamos un poco de cada mundo, con edades y perfiles diferentes. Álvaro Ahunchain lo escribe y lo dirige, pero fui mandándole recortes escritos por mí mientras estudiaba a cada una y lo incluyó en la dramaturgia.
—Mencionaste alguna vez que te veías como directora de cine. ¿Hay algún proyecto encaminado?
—Hay muchas cosas encaminadas. Me dediqué este tiempo a mirar mucho cine y estudié. Estoy escribiendo un guion para filmar un cortometraje.
—¿Podés adelantar de qué va? ¿Tenés actores pensados?
—No quiero contar ni cerrarme a nada. Me di cuenta de que me gusta mucho dirigir actores. Me divierte ver hasta dónde puede llegar una persona. Aún no tengo a nadie pensado.
—¿Hacés casting para series o películas?
—Hice un casting para una serie muy conocida, llegué hasta la segunda instancia y me bocharon. Nunca había audicionado para algo audiovisual y estuvo muy lindo. Es algo muy de nicho que no está tan al alcance.
—¿Vas a seguir audicionando?
—Sí, obviamente tengo el miedo de que no me quieran en el mundo audiovisual, pero me formé con profesores que siempre me dieron para adelante. Si es para vos, va a ser. O, como tengo muchos tatuajes, puede dar un poco de miedo, pero siempre voy preparada y con ganas. Ojalá que sí porque el cine me encanta.
—También has declarado que te gustaría hacer teatro en el exterior, ¿has audicionado en Buenos Aires?
—Audicioné en verano para Despertar de primavera y no quedé, pero estuvo bueno el proceso. El año pasado quedé en El loco de Asís, que es la historia sobre San Francisco de Asís y cómo llega a ser quién es. Bailaba, cantaba y tenía un parlamento muy cortito. Pero fue la primera vez que fui parte de algo mucho más grande. Estuvo muy lindo, con la dirección de Manuel González Gil. Seía un sueño trabajar en Buenos Aires.
—¿Te han ofrecido actuar con tu papá? ¿Te gustaría?
—No me ofrecieron, pero me encantaría hacer una obra con él.
—Ya has compartido pantalla con él en ¿Quién es La Máscara? (Canal 12).
—Siempre estuve en programas como invitada, pero no hice tele con él. En A todo o nada vino a hacer una suplencia cuando Coco Echagüe estaba de viaje y compartimos un poquito y estuvo muy lindo, pero nunca hice una conducción con él. En La Máscara yo hacía redes, no compartíamos piso. Me siento preparada para encarar un proyecto con él. La televisión es compleja y cruel, pero también muy linda porque podés hacer feliz y entretener a mucha gente. Ese es el fin.
—¿Qué te gustaría hacer en televisión?
—Me encantaría hacer un programa. Sería un sueño. Tuve el gustito de conducir con Pablo Turturiello 100 uruguayos dicen, pero me quedaron las ganas de estar en vivo.
—Escuchabas siempre los consejos de tu abuelo Cacho y era el primero en llamarte para hacerte observaciones cuando te veía en la tele. ¿Qué tan presente lo sentís?
—Súper presente. No está físicamente para llamarme y decirme qué tengo que hacer, pero cuando falleció me pasó el bastón. Ni siquiera hablo del legado o el apellido, sino más del artista. Yo me sentí actriz por primera vez en mi vida en un momento donde mi abuelo ya no estaba.
—¿Cuándo y cómo fue?
—Este año. Me llegó con algo físico. Un día que lo estaba extrañando mucho, fui a un lugar donde hablé con alguien y me entregaron un bastón con las caras del teatro grabadas, que era de mi abuelo. Ni siquiera sabía que él lo tenía. Estaba ahí, me lo dieron, y dije: “Listo, desde hoy asumo que soy actriz y voy a cuidar este lugar el resto de mi vida”.
—¿Quién te dio ese bastón? ¿Dónde estaba?
—No quiero dar mucho detalle, pero era gente que quería mucho a mi abuelo y había quedado ahí. Fue muy loco. Lo tengo en casa, mirándome y diciéndome: “¿Estás estudiando?, ¿hiciste los deberes?”.
—¿Te quedaste con ganas de hacer algún proyecto con tu abuelo?
—Sí, pero tuve la suerte de haber tenido tantas charlas y encuentros claves que me quedé con una idea muy preciada que él tenía en la cabeza. La tengo anotada en mi celular y agradezco haberlo hecho porque es nuestro proyecto. En algún momento de mi vida lo haré.
—¿De qué se trata?
—Es la historia de un señor y una señora que se conocen en un parque y se desarrolla una trama muy interesante. Ambos pasean a su perro todos los días y se encuentran. Hay mucho escrito porque él me iba tirando la letra, pero quiero profundizar. Me encantaría escribirla y dirigirla. Todavía no sé si es para teatro o cine.
—Siempre mencionás el orgullo que significa el apellido De la Cruz. Ahora que tu abuelo no está, ¿sienten vos y tu papá una responsabilidad mayor de dejar el apellido en lo más alto y mantener vivo ese legado?
—Creo que sí. Imagino que mi padre también se debe de sentir muy orgulloso de poder hacer lo mismo, porque es algo que te conecta con esa persona cuando ya no está. Es un privilegio, al fin y al cabo. Es muy lindo y te dan más ganas de seguir; también para regalar propuestas nuevas a los que se criaron viendo a mi abuelo, que puedan seguir consumiendo ese entretenimiento.
—Tenés apenas 24 años y has hecho un camino interesante en los medios y en la actuación. ¿Te detenés a mirar lo que lograste? ¿Tomás consciencia?
—A uno siempre le cuesta ver todo lo que hizo porque siempre quiere más. La ambición del artista siempre está presente y pisándote los talones: no terminaste de hacer algo y ya querés estar en otra cosa. O cuándo realmente voy a ser conocida y se me va a dar ser una figura. No es la fama, ni el dinero, es ser maravilloso en lo que hacés. Eso lo decía Marilyn Monroe. Todo llega también y te tenés que sentar a darte cuenta de lo que hiciste, porque sino no estás siendo honesta con tu trabajo. Agradecer que tenés la oportunidad, el espacio, la capacidad de sentir, de poder convertirte en otra persona y la empatía.
—¿Con qué te gustaría que la vida te sorprenda ahora?
—Hacer funciones de miércoles a domingo. Ese es mi próximo objetivo. Más teatro. Y también llevar a cabo este cortometraje del que vengo hablando hace tanto tiempo.
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