Invitada al programa Marca registrada, de Ola Stream, Candelaria de la Cruz repasó su presente profesional, su vínculo con la moda y dejó varias anécdotas familiares que conectan con una de las figuras más queridas de la televisión uruguaya: su abuelo, Cacho de la Cruz.
La joven artista habló de su camino personal y recordó que, al terminar el liceo, probó con diseño industrial en la Facultad de Arquitectura, aunque solo cursó un semestre. “Aprendí un montón de cosas básicas y me encantó”, contó, aunque rápidamente entendió que lo suyo estaba en la actuación.
Dijo también que vive su apellido y el legado familiar como una ventaja: “Se me impuso sin querer imponerlo. Mis papás no tenían otro lugar donde llevarme que no fuera el teatro y el canal. Dormía y comía ahí. Lo vivo como un privilegio y una gran base para seguir formándome”.
En 2020 dio un paso clave al irse a estudiar al Art of Acting Studio, en Los Ángeles, y hoy se desempeña como host digital de ¿Quién es la máscara? y forma parte de A todo o nada, ambos en Teledoce.
También recordó su infancia en la televisión, cuando fue Chin Chin hasta los siete años en Cacho Bochinche, y definió a su abuelo como un adelantado en muchos aspectos.
“La moda estaba muy presente en lo que era Cacho Bochinche, El show del mediodía, Chichita e incluso en Telecachadas. La dirección de arte estaba muy bien pensada y de eso se encargaba mi abuelo”, destacó. Según contó, Cacho tenía un compromiso absoluto con los detalles: “Decía ‘me falta una pieza’ y se iba a donde fuera a buscarla él mismo”.
En ese sentido, subrayó: “Eso habla del compromiso con la estética y con el espectador, que se merece lo mejor”.
El dato menos pensado de Cacho de la Cruz y la herencia
Ya en un plano más personal, reveló un costado poco conocido del histórico conductor. “Mi abuelo era muy simple. En el closet tenía siete remeras iguales, tres pantalones y camperas”, contó. Sin embargo, sorprendió al agregar: “Era muy fashion y le gustaba también expresarse a través de la moda”.
“Siendo más anciano no tenía tantas actividades, no salía mucho y andaba siempre con la misma remera blanca y el mismo jogging negro, pero siempre en los pies unos mocasines”, detalló.
En ese recorrido íntimo, compartió además una herencia muy especial: se quedó con un buzo de su abuelo y un anillo reloj que él mismo le regaló. “Ahora se pusieron de moda”, dijo. Sobre el buzo, recordó: “Lo usó en un cumpleaños mío y tengo una foto siendo bebé con él, así que decidí quedármelo”.
Al cierre, adelantó su regreso al teatro con La omisión de la familia Coleman, que se estrenará en agosto en el Movie, marcando un nuevo paso en su carrera artística.
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