Los Auténticos Decadentes y el ritual con amigos en Sodre: Brancciari, homenaje a Rada y show junto a la Susi

Con la Susi, Emiliano Brancciari y un homenaje a Ruben Rada, la banda argentina celebró sus 40 años ante un público que terminó cantando y aplaudiendo hasta después del final.

Los Auténticos Decadentes junto a la Susi.
Los Auténticos Decadentes junto a la Susi.
Foto: Nicolás Lauber

Cuando se levantó el telón del Auditorio Adela Reta, la escena parecía preparada para otro tipo de concierto. La Susi ya estaba instalada en el escenario, con sus músicos en sus lugares, vestidos con remeras y camisas llamativas, lejos de cualquier solemnidad de gala. Entre ellos había integrantes de No Te Va Gustar y La Vela Puerca. Solo faltaba el director.

Nacho Algorta apareció en escena y recibió un aplauso como si estuviera a punto de comenzar un concierto con la Filarmónica o la Ossodre. La orquesta arrancó una breve apertura, construida sobre la música de Los Auténticos Decadentes, y durante un par de minutos el Auditorio se mantuvo en esa expectativa. Había una comparación inevitable con Fiesta Nacional, el espectáculo unplugged que los Decadentes habían traído al Adela Reta y en el que los músicos habían irrumpido desde las puertas de la platea alta. Esta vez la entrada sería diferente: primero la Susi, después ellos.

Y entonces, y sin ninguna solemnidad aparecieron Los Auténticos Decadentes para este concierto sinfónico.

Como ocurre habitualmente, “Somos” abrió el concierto y enseguida llegaron esos hits tan inoxidables como infaltables: “Cómo me voy a olvidar”, “Pendeviejo”, “Corazón” y “Amor”. La banda fue a su territorio conocido, mientras la orquesta aportaba una nueva dimensión a las canciones. La presencia de la Susi se notaba especialmente en las introducciones: antes de que arrancara cada tema, la orquesta construía una suerte de obertura que preparaba el terreno para lo que vendría después.

Pero durante buena parte de ese comienzo ocurrió algo curioso. El público que colmó el recinto, aplaudía, cantaba y movía los brazos cuando la banda lo pedía, aunque parecía hacerlo con cautela. Como si la presencia de una orquesta sinfónica y el propio peso del Adela Reta impusieran un código de comportamiento diferente al de un recital habitual de los Decadentes. Faltaba ese momento en que la gente deja de pensar dónde está y simplemente se entrega.

Y la banda lo encontró con “Siga el baile”. Cucho Parisi anunció que quería a todos de pie y la respuesta fue inmediata: como si estuvieran esperando la autorización que solo ellos podían dar, los espectadores se levantaron al unísono, y el Auditorio se convirtió en una fiesta.

Los Auténticos Decadentes con Emiliano Brancciari.
Los Auténticos Decadentes con Emiliano Brancciari.
Foto: Nicolás Lauber.

Después volvieron a sentarse. “El pájaro” a cargo de Jorge Serrano bajó nuevamente la intensidad, en una especie de dosificación que Los Decadentes conocen bien. Porque sus conciertos tienen algo de ritual: saben cuándo hacer cantar, cuándo pedir palmas, cuándo levantar al público y cuándo devolverlo a la butaca. Y el público también conoce las reglas.

La orquesta, mientras tanto, no quedó reducida a un mero acompañamiento, aunque tampoco consiguió imponerse siempre a una banda que suena fuerte por naturaleza. En “Amor” y “Turdera” encontró uno de sus mejores momentos, con arreglos que le dieron a la canción otra impronta. También tuvo mayor presencia en “Los piratas”, con una introducción hermosa y distinta a como se escuchó en el disco Cualquiera puede cantar, y a la versión milonguera de Fiesta nacional. En otros temas, especialmente los más movidos, la orquesta quedaba más integrada al conjunto, como un instrumento más dentro del enorme ensamble sonoro de los Decadentes.

Y ese arsenal funciona incluso con sus imperfecciones. Cucho no tiene precisamente una voz impecable —nunca la tuvo—, pero tampoco es lo que el público vino a buscar. Jorge Serrano y Diego Demarco, en cambio, parecen conservar la misma voz de hace tres décadas. Los Decadentes llevan 40 años de carrera y, más que intentar demostrar que el tiempo no pasó, parecen haber aprendido a convivir con eso.

El repertorio avanzó por “Besándote”, “El gran señor”, “El murguero” y “Osito”. Para “El gran señor”, la banda invitó a Emiliano Brancciari, quien apareció desde un costado del escenario y dio uno de los mejores momentos de la noche, cantando a dueto con Demarco. El público lo recibió con aplausos antes de que comenzara a cantar.

Más adelante llegó un homenaje a Ruben Rada con “Quién va a cantar”. Esta vez fue Martín Lorenzo quien anunció la canción. Dijo que estaba “dedicada a Patricia, Lucila, Matías y Julieta”. No hizo falta decir más. El público sabía perfectamente de quién hablaba. La canción fue acompañada con palmas por el público, aunque el momento perdió algo de fuerza porque el micrófono de Claudio Martínez de La rueda de candombe no sonaba con suficiente volumen.

Para entonces ya estaba claro que aquella audiencia no había ido solo a escuchar una banda argentina. Había parejas de alrededor de 50 años, grupos de amigos, familias enteras con niños chicos, y gente joven. Muchos llevaban remeras de los Decadentes, pero nadie necesitaba disfrazarse para dejar claro el vínculo. La mayoría, especialmente los hombres mayores de 50, parecía haber ido a reencontrarse con canciones que forman parte de su propia historia. Después de cuatro décadas, Los Auténticos Decadentes son una banda argentina que buena parte del público uruguayo siente como propia.

Y ese sentimiento se traduce en algo concreto: el público cantaba las canciones enteras. No solo los estribillos. El público hace los coros, completa las letras y sabe qué viene después. También sabe que un concierto de los Decadentes no termina sin que canten: "Y la banda sigue".

Los Auténticos Decadentes junto a parte de La Susi.
Los Auténticos Decadentes junto a parte de La Susi.
Foto: Nicolás Lauber.

Después de "La música", "Los piratas" y "La guitarra", la banda se despidió. Pero volvió, como estaba previsto, con "Loco tu forma". Presentó a sus músicos, la Susi hizo lo mismo y sep reparó la última despedida. La última de verdad, esta vez con "Y la banda sigue", y los músicos de la Susi al frente del escenario, compartiendo el momento con los argentinos.

Cuando bajó el telón, los aplausos continuaron en la sala, incluso después de que se encendieran las luces del Auditorio. El concierto había terminado, pero el público todavía no parecía dispuesto a abandonar el ritual de festejar esas canciones que conocen de toda una vida.

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