"Volvé a cantar, si vos no cantás no va", pedía Ruben Rada en "Negro", aquella canción de Totem que hoy vuelve con otro peso. En 1972 sonaba a urgencia, a la necesidad de hacerse oír. Más de medio siglo después, el canto aparece como consuelo, como bálsamo para una herida todavía abierta.
El 26 de agosto, tras la muerte de una de las máximas figuras de la música uruguaya, la despedida fue masiva y la música volvió a ser protagonista. Como si no hubiera otra forma de decirle adiós a alguien que había pasado la vida cantando, pensando en la próxima canción, en el próximo disco.
Esa misma noche hubo un homenaje espontáneo en Isla de Flores. Al día siguiente, durante el velorio en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, su familia y figuras como León Gieco, Natalia Oreiro, Ricardo Mollo y Jorge Nasser terminaron cantando juntos “Muriendo de plena”.
Y volvió a pasar en el Cementerio del Norte. Durante el sepelio, un centenar de personas acompañó a la familia de Rada cantando a capela “Mi país”, “Las manzanas” y “No me queda más tiempo”. También “Adiós a la rama”, que Julia Zenko entonó frente al féretro: “Me despido de las rosas, me despido del color, / pero nunca me decido a decirte adiós, amor”.
Entonces, ¿cómo no aferrarse una vez más al canto para seguir adelante?
Ahora, ese impulso tendrá otra forma. Este sábado y domingo, Lucila, Matías y Julieta Rada encabezarán junto a Daniel “Lobito” Lagarde, en el Auditorio Nacional del Sodre, el homenaje a Totem que su padre había empezado a preparar y ensayar antes de morir.
No será, entonces, un homenaje a Rada, sino la decisión de concretar uno de los últimos grandes proyectos que dejó en marcha.
A poco más de un mes de su muerte, los tres hijos de Rada recibieron a El País en la casa familiar para hablar por primera vez de ese proyecto y de todo lo que cambió desde entonces. Porque el espectáculo que llegará al Sodre estaba pensado de otra manera.
Rada iba a estar al frente y Julieta y Lucila no formaban parte originalmente de la propuesta: Totem no tenía voces femeninas y, a lo sumo, participarían como invitadas en alguna canción. Después de su muerte, Matías propuso que los tres hermanos siguieran adelante juntos con el proyecto: “Súmense, me parece que es algo que tenemos que hacer todos”.
Hubo que empezar otra vez. Cambiar tonalidades, redistribuir canciones y repartir entre varias voces —las de sus hijos y las de otros músicos de la banda— un registro que Rada asumía casi por completo.
El proyecto, además, lo acompañó hasta sus últimas semanas. El día de su cumpleaños, poco antes de morir, Rada publicó una foto abrazado a Lobito y contó que había pasado la jornada ensayando. “¡Estoy muy feliz, en mis jóvenes 83 años, de seguir disfrutando de proyectos tan lindos!”, escribió.
Aquellos encuentros dejaron también una suerte de ofrenda involuntaria. El último ensayo quedó registrado de casualidad en multipistas y, entre esas grabaciones, hay una versión de “No me molestes”, aquella joya de Totem de 1971, con la voz de Ruben. Matías cree que algún día podría trabajarse y publicarse.
El show recorrerá los dos primeros discos del grupo, Totem (1971) y Descarga (1972), los únicos con Rada y Lagarde. Habrá algunos cambios respecto de las versiones originales, como la incorporación de tambores liderados por el Lobo Núñez y la presencia de Gustavo Montemurro en teclados.
La intención, sin embargo, es volver a aquel espíritu libre, rockero y profundamente uruguayo que convirtió a Totem en una referencia y que, más de medio siglo después, todavía respira en esas canciones.
Pero esta historia no es solamente la de un espectáculo que quedó en marcha. Es también la de tres hijos que durante años compartieron escenarios con su padre y que ahora se preparan para seguir cantando juntos, y para continuar un legado del que ellos mismos forman parte.
De eso trata, en el fondo, esta conversación con El País: de seguir cantando.
—¿Cómo fue el diálogo familiar para seguir adelante? ¿Qué los hizo decidirse?
Matías: Pensamos en lo que mi padre hubiera querido y también en el entusiasmo, en la alegría que le generaba tocar estas canciones en los últimos ensayos que tuvimos con él. Lo hablamos con Lobito, que es una parte clave de todo esto, pero principalmente pensamos que él hubiera querido que lo hiciéramos. Obviamente es muy difícil llevarlo adelante en este momento. También está la gente que quería escuchar esas canciones, la que había comprado las entradas. Algunos las habrán devuelto, y es entendible, porque no es lo mismo si no está mi padre. Pero se trata de eso: de celebrar la música de Totem. Creo que él hubiera querido que siguiéramos, que no lo suspendiéramos.
Julieta: Aparte, papá siempre llevó una bandera de la alegría, de transmitirle alegría a la gente. Él hubiera querido eso: que no nos hundamos en la tristeza y que sigamos adelante con alegría, dentro de lo que se puede. Y a nosotros la música nos sirve para seguir adelante. Es una cosa medio terapéutica. ¿Quién otro que Rada para eso? (Sonríe).
Lucila: Es una alegría y está buenísimo estar tan convencidos de hacer el show, de que lo hagamos todos nosotros. Primero el núcleo chico de la familia y después todos los demás involucrados. Eso ya va con una impronta importante. Los discos de Totem los escuché muchísimo en mi infancia, en mi casa, y los cantaba. Fueron de los discos que más escuché en una época muy formativa, de las emociones y los gustos, así que son canciones muy importantes para mí. Y los ensayos los estoy disfrutando un montón. Hay días y días. Juli recién decía que es terapéutico y, bueno, en las terapias uno trabaja: a veces se va contento y a veces se va más triste también, pero no deja de ser útil.
—Ruben había anunciado en la Fiesta ¡FA!, celebrada en marzo en el Teatro de Verano, que quería hacer este show. ¿Cómo surgió la idea de hacerlo?
Matías: Siempre fue algo que tuvimos ganas de hacer. Después de Parte de la historia quedamos con ganas porque nos gustó mucho sacar esas canciones. “Ese show surgió un poco porque yo le había dicho a mi padre que tenía que hacer algo así. A él nunca le gustaron mucho los autohomenajes ni volver al pasado, pero me parecía que estaba bueno tocar canciones de El Kinto, de Totem, de Opa. Y capaz la que quedaba, la que faltaba hacer, era Totem. En el último año la idea ya estaba. Además, en 2023, cuando cumplió 80 años e hicimos los shows en el Auditorio del Sodre, tocó Lobito con nosotros "Heloísa" y "Biafra", y ahí nos cebamos más.
—¿Y cómo fueron esos primeros ensayos con Ruben y Lobito?
Matías: Con mucha emoción, la verdad. No me puedo ni poner a recordar, pero era verlo a Lobito explicándole a mi padre, a los músicos, a Coby Acosta, cómo hacer la llevada, cómo tocar, qué tocar. Estuvo muy bueno. Y por suerte los últimos ensayos con mi padre quedaron grabados de casualidad. En el estudio se colgaron y dejaron grabando multipistas, así que quedaron dos o tres canciones de recuerdo, como "No me molestes", para compartir de alguna manera. Es muy emocionante.
—Julieta y Lucila no habían participado de esos primeros ensayos. Cuando se sumaron, ¿cuánto tuvieron que cambiar?
Julieta: Bastante. Nosotras originalmente no íbamos a estar porque Totem era una banda de varones. Capaz que sí como invitadas en algún tema, pero no habíamos participado de los ensayos. Una vez que pasa todo lo que pasa, Matías dice: "Súmense, me parece que es algo que tenemos que hacer todos". Ahí hubo que cambiar tonalidades porque algunos temas los cantamos nosotras. Ya tenían todo medio ensayado, pero de alguna manera empezamos de cero.
Matías: Y justo Lobito ya tenía arreglado que durante agosto no podía ensayar. En agosto no hubo ensayo, porque fue todo el mes de la internación de mi padre, así que también se paró un mes y arrancamos de nuevo. Además, mi padre tenía un registro vocal muy amplio, y ya lo tenía en la época de Totem. Ahora ellas agarran las partes más agudas y yo las más graves. Así nos podemos complementar porque yo no llego a las partes tan altas de él ni ellas a las más graves.
—Al volver ahora sobre esas canciones, ¿cambió la forma en que escuchan a Totem? ¿Redescubrieron cosas que antes no veían?
Julieta: No sé si diría que redescubrí, pero empezás a tener otro vínculo cuando sacás las canciones. Te creés que son más fáciles de lo que son. Me ha pasado con canciones de Charly García, por ejemplo: las escuchás todos los días y después las vas a sacar y te das cuenta de que tienen compases irregulares, que no son tan simples como uno las tiene reescuchadas. Otra cosa es ir a interpretarlas. Y estas canciones son difíciles. También eran muy libres. Hacían lo que se les daba la gana y eso se nota. Esa libertad setentosa.
Matías: En mi caso ya me había pasado un poco hace unos 10 años, cuando hice un homenaje a Totem en la Torre de Antel, y después en Parte de la historia. Ahí también tenía una zona Totem y tratamos de respetar las estructuras y las maneras originales porque mi padre siguió tocando esas canciones, pero fueron cambiando con los años. Entonces volvés a cómo tocaban las guitarras, las llevadas, la percusión. Ahora hay canciones que nunca había tocado. Tenés que estar reconcentrado para no equivocarte con las estructuras. Es un buen desafío mental.
Lucila: A mí me pasa mucho de entenderlo de otra forma en la comunicación entre Matías, que está muy encima de la música y de cuidar los arreglos, y Lobito. En esa ida y vuelta estoy descubriendo mucho. También hay canciones que no recordaba o no había escuchado tanto. Obviamente están los hits, que son muchos, pero aparecen otras cosas.
—Hay algo interesante ahí: hablan de canciones difíciles, con estructuras libres, pero al mismo tiempo siguen siendo profundamente populares.
Julieta: Sí, yo creo que Totem marcó mucho el futuro de las bandas uruguayas. Es una de las bandas de rock más importantes históricamente y muchas de las que siguieron escucharon Totem y fueron influenciadas de alguna manera. Uruguay conecta con el rock y Totem dejó esa veta rockera, pero también de música uruguaya. Capturó muy bien esa esencia y esa conexión con la gente. A mí me pasa permanentemente que voy por la calle y alguien me dice: “Yo conozco a tu padre de la época de Totem, me lo iba a ver a tal boliche”.
Matías: Para mí es la banda, al menos de las que hizo mi padre, que más conectó con el público uruguayo. Hay mucha gente que lo ve a él como “el de Totem”. Después siguió haciendo sus cosas, obviamente, pero son fans de Totem. Y mucha gente estaba esperando una situación así, de tocar solamente esas canciones y recordar esa época.
—Y todo eso pasó en muy poco tiempo...
Matías: Eso es muy loco. Fueron dos años, más o menos. Me sorprende que, habiendo tenido tanto éxito como tuvieron, porque tocaban en todos lados y fue una época superprolífica, no lo pudieran ver desde el lado económico. Por algo la banda desapareció enseguida. Fue algo muy fugaz pero con un impacto gigante. Ahora escucho todas las canciones y pienso que todo eso pasó en dos años. También por eso hablábamos de cómo ensayaban: se juntaban todos los días, estaban todo el día tocando.
—Esta vez, además, está Lobito. ¿Qué significa tocar estas canciones con alguien que estuvo ahí cuando nacieron?
Matías: Es increíble, realmente. Yo creo que es de los mejores bajistas con los que toqué. Tocando las canciones de Totem, las cosas que toca... Y aparte verlo a él cómo le baja la data, porque nunca más tocó esas canciones desde ese lugar. Ver cómo se sienta en el bajo —porque tampoco toca mucho el bajo eléctrico— y cómo le baja la data y cómo las toca, a mí me emociona. Realmente pocas veces sentí tanto placer de compartir con un músico y tanta admiración de verlo tocar esas canciones. Como que ahí se cierra todo.
—Hay algo de volver directamente a la fuente.
Matías: Totalmente. Él es una parte fundamental del sonido de Totem. Para mí es un bajista que marcó un antes y un después en los bajos de candombe, sobre todo dentro de la música uruguaya. Y tenía 17, 18 años.
—Más allá de toda la carga emocional que tiene este concierto, ¿hay momentos de los ensayos en los que se olvidan de todo y sienten que la banda está volando?
Lucila: ¿Cómo se llaman esos que decimos que quedamos cansados? (Mira a Matías).
Matías: “Días de esos” y “Manos”.
Lucila: Esos dos temas nos dejan tipo aplanadora. Son exigidos y tienen momentos súper fuertes, pero casi todo el repertorio es medio aplanadora.
Matías: Sobre todo la parte con los tambores, que capaz es algo que le faltó a Totem en su momento porque hubiera sido demasiado sumar tres integrantes más. Pero ahora es impresionante. Los candombes con tambores, con Lobito tocando candombe... Y también lo veo a él recopado. Eso es reimportante porque es exigente y muy respetuoso del concepto y de las ideas. Entonces, cuando ves que él está bien, sabés que está todo bien.
—¿También les interesa que alguien que no vivió aquella época pueda descubrir hoy esas canciones?
Lucila: Ojalá que pase eso. Sin duda. Porque sí, tienen una sonoridad de otra época, pero terminan siendo muy actuales. Los temas de la vida siempre son más o menos los mismos. Capaz la poesía, la manera de decir o las imágenes que usaban para escribir en ese momento eran distintas a las que usamos ahora, pero las problemáticas, en general, siguen siendo las mismas.
—Hay algo muy simbólico en que sean ustedes tres quienes sigan adelante con esto. Después de tantos años compartiendo escenarios con su padre, ¿hablan de lo que significa estar ahora juntos ahí arriba o es algo que se entiende más en las miradas?
Julieta: Capaz no está tanto el diálogo...
Lucila: Pero son las miradas. No somos muy de hablar...
Julieta: Algo explícito y consciente creo que no hay, pero a veces es un sentir. Hoy, de hecho, lo sentí en el ensayo: esa cosa de “estamos acá juntos, cantando; no va a estar papá en el show”. Como que, de alguna manera, mi padre hizo todo bien para que nosotros estemos unidos y nos crió en su mundo musical. Hoy somos sus hijos no solo como personas, sino también como sus hijos musicales, y continuamos con su trabajo o con su legado, como quieran llamarle. Pensaba eso mientras tocábamos.
Lucila: Y también siento que hace muchos años que trabajamos juntos y hubo otros ensayos, otros shows, en los que quizás entre nosotros éramos más exigentes. Y ahora creo que nos estamos mirando y esperando con mucha ternura. Hay paciencia, hay ternura. En eso se nota. Creo que los tres nos estamos cuidando mucho energéticamente. No se dice, pero se siente.
Matías: Y creo que casi siempre tocábamos los tres con mi padre. Estaba pensando en instancias en las que tocáramos los tres sin él y no sé si hay muchas...
Julieta: En mi caso también hay una cuota de estar un poco disociada, viste. Fue tanta la movida que pasó en todo este tiempo que ahora nos estamos aferrando a la música, pero creo que después de este show va a haber una caída, como de sentir más ese espacio que nos está faltando. Ahora estamos ocupados, tocando, y está bueno porque estamos unidos. Pero los procesos son lentos.
—Es que en estos meses recibieron un cariño enorme de la gente, pero también se enfrentaron a mucha exposición. ¿Cómo se convive con esas dos cosas mientras cada uno intenta hacer su duelo?
Lucila: Hubo muchos momentos muy duros y muy tristes durante la internación, entonces ya ahí arrancó un poco esa etapa. Es verdad que esto nos tiene ocupados y concentrados, y también otras cosas de cada uno, porque la vida no frena para que uno haga el duelo. Pero yo me siento atravesada por todo lo que pasó con la gente, por un amor, por un orgullo y por una presencia de él tan grande. Siento tristeza, me agarran raptos de llanto durante el día que vienen y se van, pero también hay mucha luz en el duelo, en el medio de la tristeza.
Julieta: Hubo muchísimo cariño. Yo estuve un mes para contestar todos los mensajes que me llegaron al WhatsApp. Instagram no lo abrí nunca. Todavía no lo abrí y creo que lo abandoné. Ya son tantos los mensajes que no puedo.
Lucila: A mí el otro día me pasó algo. Me tomé un bondi y justo se subió un cantante con la guitarra y empezó con “Terapia de murga”. Y claro, viste... es tremendo. Yo quería sonreírle, hacerle un gesto de “gracias, vamo’ arriba”, pero no lo pude aguantar y terminé llorando. Nos van a pasar esas cosas. También se te acerca gente en el súper y se pone a llorar, y sos vos el que tiene que decirle: “No, no, vamo’ arriba, él querría que ustedes estuvieran bien”. Es loco.
Matías: Sí, es difícil. Pero también siento mucho orgullo y mucha alegría por cómo respondió la gente. Todos lo esperábamos, de alguna manera, pero excedió la idea que teníamos. Para él llegar a toda la gente era lo más importante. Ver, por ejemplo, a una cancha de fútbol cantando sus canciones era su sueño máximo.
Lucila: Algo que se revalorizó mucho de él es que nunca se ciñó a una sola cosa. A veces a los artistas se les critica eso, no encontrar una única línea y sostenerla, pero él necesitaba seguir existiendo, inventando y jugando. Era lo que le gustaba y lo que siguió haciendo hasta el último día. Hizo discos de todo, de todo... le faltó hacer uno de música norteña (se ríe). Y también está eso de cómo sus canciones siguen apareciendo en generaciones nuevas. El otro día se me acercó una madre que me mostró un video de su hijita cantando “Quién va a cantar”. Habían ido al Palacio, al velorio, y la nena estaba escuchando: “¿Quién va a tocar la melodía del amor?”. Y le dijo: “Yo, mamá. Yo voy a tocar la melodía del amor”. Eso me pareció increíble. Que una niña quede con ese deseo me parece un mensaje muy lindo.
—Hay canciones que hoy deben pesar distinto. ¿Cómo es cantar “De este cielo santo”, que Ruben compuso tras la muerte de su padre?
Matías: (Suspira). Es muy difícil, la verdad. Hay que abstraerse y no pensar, porque donde trate de conectarme un segundo termino llorando y no la puedo cantar. En este momento la voy a cantar yo y en los primeros ensayos era imposible. Trato de no pensar ni de sentir.
—Después de todo este proceso, ¿qué tendría que pasar en el Auditorio Nacional del Sodre para que sientan que valió la pena seguir adelante?
Julieta: Que la gente se vaya contenta. Eso sería lo principal.
Matías: Los veteranos, sobre todo. Los que vieron a Totem, que alguno supongo que irá, que se lleven un poco de eso que vivieron en su momento. Lograr eso.
Lucila: Que suene bien, que todo salga como lo estamos preparando, manejar las emociones y que la gente lo disfrute. Es un abrazo mutuo.
Así serán los shows de homenaje a Totem
El homenaje a Totem será este sábado 10 y domingo 11 de octubre en el Auditorio del Sodre. La banda reunirá a Julieta, Matías y Lucila Rada con Daniel "Lobito" Lagarde en bajo, Lobo y Noé Núñez y Sergio Martínez al frente de los tambores, Tato Bolognini en batería, Coby Acosta en percusión, Dinamita Pereda en guitarra, y Gustavo Montemurro en teclados.
El repertorio recorrerá los dos primeros discos de Totem. Habrá cambios respecto de las versiones originales, entre ellos la incorporación de tambores y teclados, pero la intención es conservar el espíritu de aquellas canciones. Matías contó que Lagarde es clave para recuperar detalles de cómo se tocaban y de los arreglos originales, y que verlo volver a esas canciones desde el bajo lo emociona. Los hermanos cuentan que también debieron redistribuir voces y tonalidades para abarcar el registro de su padre.
Por el contexto, el repertorio y la formación reunida, promete ser uno de los shows uruguayos del año. Quedan las últimas entradas en Tickantel y los precios van de 1500 a 4500 pesos.