Cuando se le pregunta qué siente al cantar con una orquesta, Jorge Serrano habla de responsabilidad. “Es como que estás tocando con gente que tiene una lupa en la oreja”, dice a El País. Lo descubrió el año pasado, cuando Los Auténticos Decadentes actuaron junto a la Filarmónica de Mendoza en la Fiesta de la Cosecha. “Yo soy un artista popular que canta como puede”, cuenta.
Ahora repetirá la experiencia en el Auditorio Nacional del Sodre, junto a los 43 músicos de la Selección Uruguaya Sinfónica, la SUSI, dirigida por Nacho Algorta. La cita será el sábado 3 de octubre y las entradas se venden en Tickantel, de 2400 a 3500 pesos.
Será la segunda presentación sinfónica de la banda, aunque cambiará el entorno: del aire libre de Mendoza a un teatro que Serrano tiene bien presente. “Tiene una acústica bárbara, así que va a estar genial”, dice. Los Decadentes aportarán “esa emoción, nuestras canciones y toda nuestra onda”. Y habrá, por supuesto, lugar para bailar y cantar. “Es lo que son nuestros shows, más una orquesta. Es un plus”.
La primera sorpresa llegó en los ensayos con la Filarmónica. “A mí me encanta la música acústica y los instrumentos acústicos. Como que son los verdaderos instrumentos, ¿viste?”, dice. Mantuvieron la estructura de los temas y trabajaron la orquestación alrededor. “Nosotros somos bastante amateurs, aunque parezca que no”, admite. Encuentra otra imagen: “Es como que estás en un Fórmula 1, cosa que no somos nosotros. Nosotros somos la energía, somos un tractor, una camioneta. Pero ellos son un Fórmula 1”.
Cantó con nervios, pendiente de esos músicos que “escuchan todo”, y terminó entre abrazos y fotos. Ese es el recuerdo que más atesora: el respeto de músicos a los que veía “como inalcanzables”. Durante el concierto, algunos se pusieron de pie para tocar y sumarse al baile. Sintió que los Decadentes también tenían algo para ofrecerles: irreverencia y esa manera de compartir las canciones con el público. “Los músicos que realmente tienen onda entienden que la música no es solamente tocar bien, sino que es comunicación”.
La edición por los 30 años de Mi vida loca incluyó las versiones sinfónicas de “Turdera”, “El pájaro vio el cielo y se voló” y “La guitarra”. Para Montevideo imagina un repertorio parecido. Se pueden esperar canciones como “Besándote”, “Amor”, “Somos” y “Cómo me voy a olvidar”. Se mantendrá lo que define como una “constante conservadora”: saben qué temas quiere escuchar la gente y procuran no dejarlos afuera.
No se cansan de tocar esas canciones. “Somos un medio para que la gente las pueda cantar”, dice. “Es un show de los Decadentes que de alguna manera no cambia nunca y, al mismo tiempo, cambia siempre. Somos nosotros, toda nuestra carrera ahí”.
El grupo, que celebró sus 40 años este domingo, atraviesa un momento de plenitud. “Es más difícil separarse que seguir juntos, porque es más lindo estar juntos”, asegura. Tampoco cree que ser 12 complique la convivencia. “Es más fácil uno de 12 que un trío. Y más difícil es un matrimonio”. El único esfuerzo, cuenta, son los viajes. “Pero qué pequeña concesión para tanto amor de la gente”.
Ese cariño lo sorprende. A veces alguien tiembla o llora al pedirle una foto y él se pregunta cuánto lo habrán acompañado sus canciones. “Es una desproporción: yo ni lo conozco y esa persona me quiere”, admite. Como oyente lo entiende, porque también tiene música que lo acompañó toda la vida. Que le pase a él es lo que le cuesta digerir.
Su regreso al Sodre trae el recuerdo de Ruben Rada. En 2023, los Decadentes fueron los invitados sorpresa del tercer show agotado para celebrar sus 80 años. Apenas horas después, Rada les devolvió la gentileza: los argentinos tocaban en el Antel Arena por la Noche de la Nostalgia y, a las dos y media de la mañana, se subió a cantar clásicos como “Siga el baile”.
En el último tiempo, el vínculo se había vuelto más cercano: estaban haciendo un disco juntos. “Ahora estamos pasando un momento tristísimo”, lamenta Serrano. “Estábamos grabando un disco con él y nos habíamos hecho muy amigos”.
Fue Rada quien se acercó. Que alguien a quien consideraban un ídolo y “un capo musical” se interesara por la banda ya les parecía increíble. Después llegaron los encuentros y el trabajo con canciones compartidas. “Aprendimos a quererlo mucho porque tuvimos mucho más contacto con él en el último tiempo. Estábamos en un proyecto común”.
El disco está terminado, adelanta, pero no sabe cuándo se publicará. Lo importante ahora es respetar los sentimientos de la familia. “No queremos que de ninguna manera se vea como un oportunismo. Sería horrible”, aclara. Deberían ser ellos quienes decidan: “Que nos digan ellos cuándo quieren que salga, si es que quieren que salga”.
Una de las canciones es “Un osito de peluche de Taiwán”, cuya versión Rada le había hecho escuchar a este periodista. Arranca con Rada cantando con la delicadeza de un bolero, le da paso a Serrano y explota en el estribillo: la cumbia se entrelaza con la murga y los potentes arreglos de una sección de vientos. Tiene pasta de hit. “La verdad que fue una locura”, recuerda el cantante. “No era que le dijimos: ‘A ver, cantá esto’. Eran las canciones que había elegido él”.
También grabaron "Loco (tu forma de ser)". Cuando recibió esa versión, Serrano le dijo: "Negro, acá no puedo cantar nada. Es tan hermoso lo que hiciste que no puedo sacar una estrofa para ponerme a mí”. Al final lo convencieron de cantar un poco en el estribillo. Habla de su talento y del humor que le aportaba a un ambiente de músicos más solemnes. "Era una combinación increíble", asegura: una persona capaz de tocar y cantar al más alto nivel sin perder el humor.
Al imaginar el reencuentro con el público en el Sodre, Serrano vuelve a lo que espera de cada concierto: que a la gente le guste y que las canciones la saquen de sus tristezas por un rato. Él, muy tímido, encuentra ahí la forma de subirse al escenario. Se siente un mensajero, un médium.
Últimamente, el momento más alto de sus shows llega en “Amor”, cuando se lanza a ese “amooor” estirado junto al público. “Es como pegar un grito que siento desde abajo y que doy junto con la gente”. Su hija le hizo notar lo potente de la imagen: "Es como un mantra, le estás haciendo cantar a la gente la palabra 'amor'".
La observación le dio otro sentido a ese instante. “Son esos momentos en que siento que mi misión en la Tierra es hermosa. Me siento muy pleno, muy afortunado”. En el Sodre, esa ceremonia tendrá 43 músicos más, pero la razón para cantar será la misma: “Nuestras canciones son de la gente”.
-
Marcela, el personaje de Cervantes que defendió su libertad y ahora llega al teatro uruguayo desde España
El cantor Carlos María Fossati publica memorias: "Gracias a Dios he tenido una vida variada e intensa"
Luciano Pereyra: sus dos nuevos álbumes, su regreso al Antel Arena y un recuerdo especial de Ruben Rada