Sucedió todo junto. Andrés Lazaroff caminaba por Praga. Hacía dos años que viajaba en solitario y alguien le había hablado de un club de jazz que funcionaba bajo el mítico Charles Bridge, el Puente de Carlos. Intentaba encontrarlo cuando de pronto vio esto: una orquesta inmensa, todos de antifaces, y al frente un hombre, también de antifaz, iluminado solo por un foco de luz. Estaba cantando “When The World Was New”, de Paul Whiteman, una canción que dice: “Ahora el mundo es viejo como la canción que escuchamos cuando dijiste: realmente te amo”.
Todo ocurrió en su cabeza. La fantasía de dirigir su propia orquesta llevaba 10 años habitándolo, pero nunca, hasta ese día, se le había dibujado.
La visión fue tan fuerte que desde que cruzó el puente y subió las calles y repechos y escaleras que conducen al castillo, se imaginó todo: a quién iba a llamar primero, cómo iba a desarrollar el proyecto y sobre todo la existencia de pseudónimos, la construcción de identidades misteriosas, las fiestas secretas. Todo lo que tenía que hacer, apenas volviera a Uruguay, para que la Orquesta de las Mil Melodías fuera posible.
Hoy, que es 2026 y el conjunto no para de trabajar mientras sueña y pide empezar a expandirse, Andrés Lazaroff cuenta esta historia por primera vez. Quiero decir: la había contado antes, con velos más poéticos, pero siempre bajo el nombre de Djinnluc Drago, la identidad que toma cuando se coloca el antifaz, se peina con gomina, se pone camisa y chaleco y moño y frac y dirige un conjunto de 33 músicos aunque nunca jamás haya estudiado cómo hacerlo.
—¿Te había pasado alguna vez algo parecido, de visualizar un proyecto?
—Con El Cuarteto del Amor. Fue en un momento medio difícil de mi vida. Tenía muy poco trabajo, estaba en Córdoba y lo soñé. Soñé que estábamos haciendo serenatas, que recorría casas haciendo serenatas. Y el último susurro que escuché en el sueño fue “El Cuarteto del Amor”.
Orquesta de las Mil Melodías, fantasía y Sala del Museo
Lazaroff rompió la regla autoimpuesta del secretismo para hablar de La Orquesta de las Mil Melodías 360°, el espectáculo que el conjunto dará este jueves, desde las 20.00 en Sala del Museo. Tras haberse presentado en escenarios tan diversos como el Club Uruguay, la Cámara Mercantil, la antigua Embajada de Argentina, el Teatro Stella o incluso en este escenario de Rambla y Maciel al que ahora vuelve, el grupo se prepara para dar un giro radical.
Por primera vez, el público rodeará todo el escenario, en una especie de lógica circular que los llevará a modificar el sonido. Si hasta ahora la orquesta ha tocado tratando de respetar la sutileza de los estilos de los años 20 y 30 que son la esencia de su repertorio, en esta ocasión apostará por una atmósfera envolvente y poderosa, que también se hará notar en la selección musical de la DJ Blanche DuBoite (Maite López Galeano), quien echará mano al rock and roll de los cincuenta y al rockabilly.
“Queremos reventar todo”, dice Lazaroff a El País. “Mi inquietud en esto es que se oiga cada detalle. Patada en el pecho. Es escuchar un orquestón tocando y que te parta al diome”.
La otra diferencia, además, es que esta vez no será requisito ir al concierto con un dresscode de época. Sin embargo, la recomendación siempre está: solo así uno se puede perder verdaderamente en la fantasía y olvidar, por un rato, la otra cara del mundo.
Quedan entradas en Redtickets.
Nacidos del mismo universo de fantasía, los dos grandes proyectos musicales de Andrés Lazaroff —hijo del original músico Jorge “Choncho” Lazaroff, un legado que le genera un “orgullo absoluto”— comparten varias aristas: el rescate de músicas más bien perdidas (en el caso del Cuarteto, boleros y rumbas; en la Orquesta, esencialmente foxtrot, charlestón, jazz y swing), el componente lúdico y la noción de lo colectivo muy por encima de las individualidades.
En La Orquesta de las Mil Melodías, eso es llevado a un extremo: en los conciertos, e incluso en todas las entrevistas dadas en los últimos siete años, los 33 músicos atienden como sus alter egos. No importan sus caras ni sus verdaderos nombres. Solo hacer lo necesario para confundir la realidad y abrir, de alguna forma, un portal en el tiempo.
“La gente lo re siente: cuando entra a nuestras fiestas, entra un mundo paralelo”, dice Lazaroff. “El tema del viaje en el tiempo aparece, pero más que nada lo vivencial de la orquesta y su entorno entero. Esa magia que hace que te vayas del mundo un ratito y pienses solamente en esa experiencia que estás viviendo. El comentario más recurrente es la magia”.
Quizás eso explica que un proyecto de 33 músicos, con todas las complejidades y los desafíos que eso implica, haya sido viable. “Yo lo estoy viviendo con una alegría espectacular y con una sorpresa, también”, reconoce Lazaroff. Hoy la orquesta trabaja esencialmente entre Montevideo, Maldonado y Colonia, y ha generado diferentes formaciones -“pequeñas orquestitas, cuartetos, quintetos”- para mantener un rodaje constante. Y proyecta cruzar fronteras.
“Ahora sí lo veo, ahora lo puedo palpitar. Yo necesitaba que se estableciera y se hiciera un nombre en Uruguay antes de empezar a salir, y ahora me parece que ya es momento. Lo está pidiendo, el mismo cuerpo de la orquesta”, dice Lazaroff, el hombre de las visiones.
“Veo viajes, veo Buenos Aires, veo Brasil, abundante. Sería hermosísimo poder ir a Estados Unidos, pero es como un italiano tratando de tocar candombe, ¿no? Pero dalo por hecho. Vemos eso. Yo lo veo, y los gurises también lo ven”.
—¿Y algún día a Praga, adonde todo empezó?
—Estaría increíble. Ah, me encantaría. Tocar en el Puente de Charles sería... Wow. Voy a acordarme de esta charla.
-
¿Vuelve Totem? Ruben Rada planea conciertos íntimos con integrantes originales de la banda y esto se sabe
El video viral del intendente Mario Bergara cantando con La Decana en el cierre de la Criolla del Prado
Laura Pausini llega por primera vez a Montevideo con un disco de versiones y colaboraciones inesperadas
Star Wars en concierto: Ezequiel Silberstein dirige a la Ossodre con "El regreso del Jedi" en el Adela Reta
El fenómeno Ricky Martin en Uruguay: el rey que lleva 11 años sin sacar un disco y la promesa de "nuevo fuego"