Proviene de una familia argentina muy vinculada a la música: su abuela fue profesora de piano de Fito Páez y Charly García; su tío es el pianista Leo Sujatovich y su primo, Mateo Sujatovich, es el cantante de Conociendo Rusia. Desde hace algunos años, Ezequiel Silberstein, además, está al frente de un ciclo de conciertos de Disney en el Auditorio Adela Reta.
Tras su primer arribo, en 2022 con un especial de National Geographic, este año lo encuentra con una agenda intensa en Uruguay. Entre el 16 y el 19 de abril dirigirá a la Orquesta Sinfónica del Sodre en Star Wars en concierto: El regreso del Jedi (la función del domingo será doblada al español) y en mayo volverá para ponerse al frente de la Ossodre para El corsario, del Ballet Nacional del Sodre. En paralelo, atraviesa un momento personal clave: en medio de estos compromisos nacerá su primer hijo.
Star Wars en concierto es una de las experiencias más celebradas de Disney, ya que combina la proyección de la película en pantalla gigante con una orquesta en vivo. En Uruguay ya se presentaron las dos primeras entregas —Una nueva esperanza y El imperio contraataca, ambas con funciones agotadas— bajo la dirección de Silberstein, quien también ha estado al frente de conciertos de Pixar y Marvel con el mismo formato. Además de su trabajo como director, fue compositor de la banda sonora de El amor después del amor y espera traer próximamente el espectáculo de Marvel a Montevideo.
—Ya dirigiste los anteriores conciertos, Una nueva esperanza y El imperio contraataca. ¿Qué cambió en vos entre aquellas experiencias y esta?
—Primero, estoy más viejo, eso es innegable (risas). Pero más allá de eso, hay un crecimiento muy grande. Desde aquella oportunidad en 2008, cuando se me abrió el mundo de los conciertos “live to film”, tuve un recorrido muy intenso. Dirigí en el Colón Pixar en concierto, Disney sinfónico, y el año pasado fue el estreno en Latinoamérica de Marvel: Infinity Saga en concierto. Todo eso te da madurez. Y en este caso hay algo especial: es la primera vez que vuelvo a dirigir una película que ya hice. Reencontrarme con el material, con las partituras, redescubrir detalles… es muy lindo. Además, estamos cerrando la trilogía original de Star Wars en Uruguay, en orden cronológico. Fuimos bastante puristas con ese sentido. Así que los fans no se pueden quejar.
—Para el público, ver la película con orquesta en vivo es una experiencia distinta a todo.
—Totalmente. No tiene nada que ver con verla en casa o incluso en el cine. Los primeros acordes ya te erizan la piel. Y además, en esta trilogía se va construyendo todo un universo musical con leitmotivs que identifican personajes y momentos. En El regreso del Jedi eso explota, porque es como un compendio de todo lo anterior. Tenés desde la “Marcha Imperial” hasta temas más íntimos, como el momento en que Luke y Leia hablan en Endor. Ahí John Williams compone una melodía hermosísima. Yo, estudiándola ahora, todavía me emociono.
—La música de John Williams es tan reconocible… ¿eso juega a favor o en contra al dirigir?
—Ayuda, pero hay que separar al fan del profesional. Yo me sé la película de memoria, entonces eso te da foco. Pero al mismo tiempo, dirigir esta música es muy exigente porque está milimétricamente sincronizada con la imagen. También pienso mucho en el público: está el fan histórico, que vio la película en los 80, pero también vienen con sus hijos, nuevos fans. Y a la vez, está el que entra por primera vez a una sala sinfónica. Estos espectáculos rompen ese prejuicio de “esto no es para mí”. Acá puede venir cualquiera, no hay edad.
—¿Hay algún momento de la película que te parezca especialmente interesante desde lo musical?
—No diría subestimado, pero sí hay contrastes muy interesantes. Por ejemplo, todo lo de los Ewoks tiene una música más “tribal”, más lúdica, que da un respiro. Pero después, en el segundo acto, desde la batalla de Endor hasta el final, hay como 30 o 40 minutos sin parar. Es batalla tras batalla, y ahí Williams despliega todo: muchísima percusión, incluso sintetizadores para emular coros en la música del emperador. Y también hay algo clave: los silencios. En esta película, el silencio juega un rol muy importante en la narración.
—Antes de salir a dirigir, ¿aparece el miedo?
—Siempre. Más que miedo, es expectativa. Hay partes más complejas que sabés que van a requerir más trabajo. Pero todo eso se define realmente en el ensayo. Igual, voy siempre lo más preparado posible. Y confío mucho en la orquesta: tienen un nivel altísimo. No es que cualquiera puede hacer esto; hay una aprobación de Disney y del propio John Williams. Eso habla del nivel que hay acá. Y además, dentro de la orquesta hay fans de Star Wars. Algunos aparecen con remeras, otros con sables láser… no lo viven como un trabajo más. Se ponen la camiseta.
—¿Te permitís disfrutar durante el concierto o estás pendiente de todo?
—Disfruto muchísimo. Obviamente hay momentos de máxima concentración, sobre todo cuando la música tiene que sincronizar con acciones clave, como explosiones o escenas emotivas. Pero también hay instantes en los que levanto la vista y digo: “qué increíble estar viviendo esto”. Porque son experiencias únicas. No sabés si vas a volver a dirigir algo así en tu vida.
—Si te dieran a elegir otra saga para dirigir, ¿cuál sería?
—Qué difícil… Marvel estuvo buenísimo. Pero dentro del universo de Williams y Disney, me encantaría hacer Indiana Jones o Piratas del Caribe. Tienen músicas espectaculares. Igual, Star Wars es algo muy especial.
—¿La saga sería la misma sin la música de John Williams?
—No lo sé… pero te puedo decir algo: yo puedo apagar la música y ver la película así, porque tengo los materiales de práctica. Y no tiene sentido. Es otra cosa completamente distinta. Para mí, la música es un protagonista más.
—Además de este concierto, vas a dirigir El corsario con el Ballet del Sodre. ¿Cómo encarás ese desafío?
—Es un cambio de chip total. Vengo hace años enfocado en películas, y ahora paso al ballet, que es otro mundo. Con el ballet del Sodre va a ser mi primera vez, y me entusiasma mucho. Ya hice El corsario en el Colón en 2023, pero ahora trabajo con María Noel Riccetto y el Ballet Nacional del Sodre, a quienes admiro hace tiempo. Son muchas funciones, y el trabajo es muy distinto: tenés que acompañar a los bailarines, entender sus tiempos, ir a los ensayos con piano… es otra dinámica, pero me encanta. Es algo casi milagroso lo que pasa entre música y danza.