Crónica de Jorge Nasser en el Sodre: el regreso que hizo de la música un refugio y del público, un gran abrazo

El músico celebró 40 años de carrera entre clásicos de Níquel, invitados y un homenaje a su hijo Simón. En una Sala Fabini repleta, el artista convirtió el regreso en música y un abrazo colectivo.

Jorge Nasser en el Auditorio Nacional del Sodre.
Jorge Nasser en el Auditorio Nacional del Sodre.
Foto: Ignacio Sánchez.

Con los brazos abiertos, la cabeza en alto y una gran sonrisa, Jorge Nasser se queda unos segundos contemplando la escena. Todavía tiene la guitarra eléctrica colgada. A su alrededor, la banda; enfrente, la Sala Eduardo Fabini del Auditorio Nacional del Sodre, repleta. Son apenas unos instantes, pero alcanzan para resumir la noche.

Acaba de terminar “Prueba viviente”, el clásico de Níquel que abre el show y cuyo estribillo, este jueves, adquiere una nueva lectura: “Y te levantás para un día más / la prueba viviente serás”.

El concierto había nacido con otro espíritu. Nasser 4.0 fue concebido para celebrar los 40 años de carrera del músico, pero la muerte de su hijo Simón, en abril, obligó a replantearlo. La celebración seguía ahí, pero ya no podía ser el único sentido de la noche.

Nasser lo había dicho meses antes a El País, cuando habló de su regreso a los escenarios: “Hubo que buscarle la vuelta y encontrar el tono del espectáculo, porque el otro era una celebración... pero eso ya no sirve más”. Y explicó qué necesitaba de aquel encuentro: “Ahora se convierte en un abrazo, en un reencuentro con el público; en unas ganas de que me abracen. Es sentir el calor de la gente, el mismo que sentí cuando la noticia se corrió, pero necesito que sea analógico. Presencial”.

Ese abrazo empezó así: con Nasser frente a una sala llena, los brazos extendidos y una canción sobre volver a levantarse, sobre “guitarras amigas” y “frescas heridas”.
Sobre esa idea se sostuvo una parte del espectáculo: la música como refugio y las canciones compartidas como forma de atravesar lo que no tiene explicación. Que todo ocurriera el 1° de octubre, Día Internacional de la Música, agregaba una coincidencia simbólica y difícil de ignorar.

A mitad del concierto, Nasser llamó a sus hijos Martín y Francisco para cantar “Playa Honda”. Después se sumó Rosa, hija de Francisco y nieta del músico, de ocho años, para “Paisaje interior”. Entonces la celebración familiar dio paso al recuerdo. Un telón blanco descendió sobre el escenario y comenzaron a proyectarse imágenes de la vida de Simón mientras sonaba “Está bien”, canción que había grabado con su proyecto Saimon. Luego, los raperos Seba Jones y Gula subieron al escenario para recordarlo. La Fabini respondió con una larga ovación.

Pero el concierto, transmitido en vivo por TV Ciudad, fue mucho más que un homenaje. Como había hecho en 2015 con Nasser 3.0, aquel show en el Solís que se convirtió en disco en vivo, el músico recorrió las canciones más emblemáticas de una obra que cruza el rock de raíz blusera y los estribillos memorables de Níquel con el sonido de raíz sobre el que construyó su faceta milonguera.

El primer tramo estuvo dedicado a Níquel y reunió clásicos como “Sangre y rosas”, “Candombe de la Aduana”, “Amo este lugar” y “Palabras para Julia”. Al terminar una de esas canciones, Nasser preguntó si el público la estaba pasando bien. Desde la platea, una mujer respondió a los gritos: “Sí, pero me hiciste llorar”.

Después llegó una delicada sección acústica con Paul Higgs como invitado, mandolina y armónica. Allí entrelazó “Fetal”, su nueva canción, con dos rescates de Pueblo chico infierno grande (1996): “Demasiados tangos” y “Tres veces nada”.

Tras el homenaje a Simón, la tercera parte se apoyó en los clásicos de su faceta milonguera. “Luchadores en lodo” tuvo a Vicky Ripa, que además brilló como corista; “Corazones perdidos” reunió a Nasser con Emiliano Brancciari, como en el disco Dúos, de 2008; y “Las décimas” dejó una de las postales musicales de la noche.

La canción que La Trampa había grabado entre guitarras distorsionadas fue llevada por Nasser, para Mundo milonga, al terreno del cuarteto de guitarras. Esta vez sumó a Alejandro Spuntone y Garo Arakelian, que se repartieron las estrofas y terminaron de sellar en escena el reciente reencuentro de los exintegrantes de La Trampa.

También hubo lugar para el presente. De Mundo milonga sonaron “Una risa así”, originalmente grabada con Rada y ahora interpretada junto al bajista Nicolás Román, y, sobre todo, “La vida empieza”, una canción que insiste en que siempre, sin importar la edad, se puede arrancar de nuevo.

La idea quedó flotando hasta el bis. En “Es para siempre”, Nasser cantó: “Si la noche es para siempre / yo quiero soñar despierto / soñar que nuestro cariño no quiere darse por muerto”.

Entonces volvió la imagen del comienzo. Nasser, otra vez, con los brazos extendidos frente a la Fabini. A esa altura, aquel abrazo que había pedido meses atrás ya estaba sellado.

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