Jorge Nasser: el nuevo sentido del show por sus 40 años de carrera y por qué la música se volvió un salvavidas

Tras la muerte de su hijo Simón en abril, Jorge Nasser debió repensar su regreso a los escenarios. En diálogo con El País, habla del duelo, la música y el show que presentará por sus 40 años de carrera.

Jorge Nasser.
Jorge Nasser.
Foto: Estefanía Leal.

Jorge Nasser venía de un gran momento. Así lo define él y así lo mostraba su presente artístico. Había convertido Mundo Milonga, el espectáculo con el que agotó el Auditorio Nacional del Sodre y el Teatro Solís, en un disco que resumía buena parte del camino que construyó durante más de dos décadas alrededor del género.

El proyecto había nacido en 2023 para celebrar los 20 años de Milongas del querer y terminó creciendo mucho más de lo previsto. Por sus conciertos pasaron cerca de 40 invitados y, en diciembre, ese universo llegó al disco. Nasser grabó canciones nuevas junto a Ruben Rada y Mario Carrero, revisó clásicos como “Río de los pájaros”, de Aníbal Sampayo, con Sandra Mihanovich, y volvió sobre su propio repertorio acompañado por artistas como Chacho Ramos y Catherine Vergnes.

“Artísticamente me sentía muy arriba”, dice ahora a El País. “Y bueno, después pasó lo que pasó. Y ahora tengo que volver a empezar”.

En abril, su hijo Simón murió a los 30 años. Nasser dejó de tocar y puso en pausa una actividad que, como cuenta en esta entrevista, había ocupado prácticamente toda su vida. También tuvo que volver a pensar un espectáculo que ya estaba en sus planes y que originalmente había imaginado como una celebración por sus cuatro décadas de carrera.

Ese concierto es Nasser 4.0 y será el jueves 1° de octubre en el Auditorio Nacional del Sodre. Las entradas están a la venta en Tickantel y los precios van de 800 a 2.300 pesos. El nombre y la fecha se mantuvieron, pero el sentido cambió y el repertorio debió repensarse.

Ahora Nasser habla de un reencuentro, de la necesidad de volver a tocar y de recibir de cerca el afecto que sintió durante estos meses. Sobre eso va esta entrevista.

—¿Cómo es para vos volver a pensar en Nasser 4.0 y en la noche del 1° de octubre?

—Es volver a la cancha. Desde la partida de Simón no hice ningún show. No podía y no puedo, pero voy a poder ahí. Me tomé esa fecha como una forma de reorganizar mis fuerzas para poder presentarme. Pero ahora va a ser otra cosa. Hubo que buscarle la vuelta y encontrar el tono del espectáculo, porque el otro era una celebración... pero eso ya no sirve más. Ahora se convierte en un abrazo, en un reencuentro con el público; en unas ganas de que me abracen. Es sentir el calor de la gente, el mismo que sentí cuando la noticia se corrió, pero necesito que sea analógico. Presencial. Va a ser eso. Y yo voy a estar haciendo lo que mejor me hace sentir, que es brindarles música. Esa es la razón de mi vida. No sé si sonará grandilocuente, pero es así.

—Bueno, pero es lo que ha marcado tu vida.

—Sí. Yo he vivido para la música. Soy totalmente devoto y entregado. Realmente he dejado para atrás un montón de cosas por la música. No he tenido sábados, domingos, amistades, incluso la familia... La música era lo primero. Siempre fue muy difícil integrar todo lo demás a la música. No sé si fui una persona que tenía la sabiduría emocional para poder mezclar las demás cosas de mi vida: lo familiar, los afectos, todo lo demás. Lo único en lo que siempre me sentí con ganas y a gusto fue la música. Entonces, el 1° de octubre voy a estar tocando música para la gente que me quiere ir a ver. Para mí está totalmente resignificado por todo lo que pasó.

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Jorge Nasser.
Foto: Difusión.

—Lo que originalmente era una celebración ahora se convierte, en cierta forma, en una motivación para vos y para tu familia.

—Sí, para todos nosotros va a ser muy fuerte. Va a estar clarísimo que está todo atravesado por ese prisma. Hay que estar cuidado y ser cuidadoso en la elección del repertorio. Al principio no tenía nada, loco. Borraron todo del pizarrón. Primero no sabía si hacerlo, pero al final dije: “Lo hago”.

—¿Cómo lo decidiste?

—En el diálogo con todos. Este espectáculo nace desde las entrañas de lo familiar, de los que quedamos: mis hijos, Francisco y Martín; mi señora, Virginia; y yo. Y después de ese anillo, vino el segundo: Mauricio (Martínez, su mánager) y mis compañeros de trabajo, que son mis amigos y mis músicos. A través de esos anillos concéntricos se generó el concierto, que hoy ya está armado: tiene una consistencia, un guion, y lo estamos trabajando. Va a haber invitados, pero quiero que lo vean. Va a ser algo íntimo.

—¿Desde entonces volviste a subir a un escenario?

—Bueno, no hice un show solo. Sí estuve de invitado de Nico Román en un show que hizo en mayo en Sala Zitarrosa, y sabía que iba a estar superprotegido. Además, pasó algo raro. Justo las redes me recordaron que hacía 10 años me habían declarado Ciudadano Ilustre y que, en ese evento, Simón y Fran habían cantado “Playa Honda”. Era un homenaje sorpresa que me habían hecho. Me apareció eso y vi a Simón cantando. Nico me había invitado y yo le había dicho que no, así que ya me había descartado. Pero la noche anterior al show le dije: “Bo, ayer me pasó esto. Quiero ir a hacer ‘Playa Honda’ y me voy”. Fue un desahogo... Fue como que aquel me mandó: “Andá y cantá”. Fue una cosa muy loca.

—Decías recién que la música es la razón de tu vida. ¿Te acompañó en este proceso? ¿Cambió tu relación con ella?

—Bueno, primero se cortó la relación. Ni siquiera en las operaciones que tuve se había cortado de esta manera. Esta vez fue diferente: ¿cómo seguir? Realmente hubo un momento muy difícil. Pero sí, fue realmente un salvavidas. “Vos tenés la música, Jorge”, me dijeron. Y sí... en un punto fue fundamental. Pero lo digo sin ningún romanticismo: atinás a lo que podés. Ya levantarte de la cama, terminar el día, es fundamental. Y en ese contexto aparece la música... Esa es la posta.

—¿Cuándo empezaste a pensar en Nasser 4.0?

—El año pasado, cuando estaba terminando el disco Mundo Milonga. También empezó a manejarse el tema de hacer una biografía y, en un momento, caí en la cuenta de que estaba cerca de cumplir 40 años de carrera. Entonces dije que había que hacer un show. Al principio estaba bastante metido en el proyecto Mundo Milonga, y va a haber una parte de eso porque es mi actualidad. Pero también otras cosas, porque el grueso de mis composiciones y de mi sonido ha estado vinculado al rock y a la milonga.

—Hablando de libros, el año pasado Fernando Peláez publicó uno dedicado a Pueblo chico, infierno grande, que le hace justicia al disco más experimental de Níquel y reconstruye la historia de cada canción. ¿Qué te pareció?

—Me encantó. Y eso es lo maravilloso de la música: vos tirás una botella al mar y después vuelven cosas. Te encontrás con alguien en la calle que te habla de algo que hiciste hace años. Estoy viviendo mucho eso. Cada vez hago menos lo que yo digo y me dejo llevar más por el devenir de las cosas.

—El libro reafirma algo que siento en el último tiempo: una revalorización de tu obra y de tu camino. ¿Vos lo notás?

—Y bueno... ya me estoy poniendo veterano (sonríe). La verdad es que mi obra ha sido lo más preciado para mí y, dentro de la música, a lo que más atención le presté. Como intérprete y como guitarrista traté de pulirme. Creo que llegué a tener un estilo como guitarrista, pero eso tuvo su pico y hay que practicar, hay que estar metido en el palo. Pero con la obra nunca dejé de estar. Es mi gran lienzo y continuamente lo estoy retocando. No tengo problema en rehacer un verso o cantar una canción distinta. No es algo sagrado. Mi obra nunca fue sacralizada, pero sí ha sido lo más importante.

—Y eso no solo abarca tus canciones y discos. También está tu trabajo como ilustrador, periodista y productor...

—Sí, porque mi obra también incluye mis trabajos como productor. Produje mucha música de raíz, como discos de Lágrima Ríos, Eduardo Da Luz, Roberto Darvin y el Cuarteto Zitarrosa. Y también cosas de rock, como el segundo disco de Automática (Oscuro Elixir), o el primero de Jurisdicción Nacional (Todavía Hay Tiempo Para Un Rock `n´ Roll).

—Hablabas de tu obra como un lienzo que seguís retocando. Y cada vez que repaso tu discografía siento que hay algo que define estos 40 años: una búsqueda constante, incluso cuando podrías haberte quedado cómodo en ciertos lugares. Pienso en “When I Paint My Masterpiece”, de Dylan, y en esa idea de una obra maestra que siempre parece estar por venir. ¿Lo sentís así?

—Sí, y es instintivo. Yo tiendo a eso. Es una pulsión de vida. Es lo que vine a hacer a este mundo: a trabajar en eso, a pintar hasta que salga esa masterpiece. También escribí poesía y a veces me gustaría publicar un libro, porque tengo bastante escrito. Yo me olvido de ir al médico porque me levanto y voy a agarrar la guitarra o me pongo a pensar en el setlist de un show. Hasta que alguien me dice: “Tenías que ir al médico”. Pero de la música no me olvido. Siempre estoy pensando en una letra. Terminé de redondear una milonga y ya tengo otro tema para terminar. Siempre estoy haciendo algo. Y me doy cuenta porque cuando me meto en eso, desaparece el contorno de todo lo demás. No extraño ni la calle. Estoy en ese mundo, entregado a eso. Y ahora, más que nunca, tengo que hacerlo sin banderas.

“Fetal”, una canción recuperada por casualidad

El 31 de julio, Jorge Nasser publicó “Fetal”, una canción que compuso junto a Alberto Mandrake Wolf y que tiene una historia de varios años. La primera versión había aparecido en 2020, cuando Mandrake la grabó con Los Druidas para el disco Sortilegio.

Nasser había escrito la letra y se la envió a su colega. “Pocos días después volvió convertida en canción”, contó en redes. “Desde el primer momento sentí que la música y la letra habían nacido juntas, como si una no pudiera existir sin la otra”.

Su propia versión, sin embargo, tomó otro camino y durante un tiempo creyó que la había perdido. Estaba guardada en el disco duro de una computadora y, cuando migró los archivos a otra máquina, hubo una carpeta que ya no pudo abrir. Allí también había otros materiales importantes, entre ellos el registro del concierto de Mundo Milonga en el Teatro Solís que había dirigido su hijo Simón.

Finalmente fue Francisco, otro de sus hijos y tecladista de No Te Va Gustar, quien logró recuperar los archivos. “Lo hizo aparecer. Me hizo sentir que teníamos que sacarla”, dice Nasser a El País. La versión publicada ni siquiera corresponde a la mezcla final: eligió la quinta de nueve pruebas que habían quedado guardadas.

“Creo que para este momento aplica a lo que está viviendo mi entorno y a lo que estoy viviendo yo”, explica sobre una canción que define como “muy especial”. El lanzamiento se completa con un videoclip dirigido por Juan Meza, quien también había trabajado con Nasser en “Una risa así”, su colaboración con Ruben Rada.

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