A María Becerra la mueve el deseo de descubrir hasta dónde puede llegar con su voz. Responde desde su casa, con música de fondo, y cuenta que últimamente escucha mucho R&B de distintas épocas. "Estoy en un momento en el que tengo muchas ganas de escuchar voces, armonías, artistas que vocalmente me vuelen la cabeza", dice a El País. Ese entusiasmo recorre sus respuestas: durante años cantar fue una de sus mayores inseguridades; hoy quiere explorar lo que antes ni siquiera se animaba a intentar.
Este viernes 2 de octubre volverá a Montevideo, donde actuó por última vez en noviembre de 2024, en la Rambla de Punta Carretas. Llegará al Antel Arena con Quimera, un show 360° que la encuentra en su mejor momento como cantante e intérprete y promete ser uno de los espectáculos más impactantes del año. Quedan las últimas entradas en Tickantel, de 4205 a 6203 pesos.
Hay razones para esa expectativa. En su regreso a River, el año pasado, Becerra mostró cuánto había crecido como artista y cómo podía poner ese aprendizaje al servicio de una historia. El disco de 2025 cobra vida a través de Shanina, Gladys, Jojo y Maite, cuatro alter egos con personalidades, historias y vestuarios propios. Cada una tiene su momento en un espectáculo en el que la argentina canta, baila y actúa, y donde sus éxitos conviven con escenas que amplían el sentido de las canciones.
Entre una visita y otra, Becerra también atravesó un embarazo ectópico que puso en riesgo su vida. Dejó de lado un disco terminado y encontró en los personajes de Quimera una manera de volver a crear. Ese proceso sobrevuela esta entrevista por mail: aparece cuando recuerda a su familia sobre el escenario, el cierre del show con su pareja, J Rei, y la música que la acompañó cuando todavía no se sentía lista para grabar. Al hablar del futuro, junto a las ganas de seguir creciendo, aparece otro deseo: poder disfrutar de aquello que tanto soñó.
—Vas a volver a Montevideo después de casi dos años, con Quimera en formato 360°. ¿Qué significa reencontrarte con el público uruguayo, que te acompaña desde aquel primer show en America Rockstars, en 2021? ¿Qué podés adelantar del espectáculo?
—Me emociona muchísimo. Uruguay siempre fue un lugar donde me hicieron sentir muy querida desde el principio, cuando todo era muchísimo más chico y yo también estaba descubriendo quién era como artista. Entonces volver ahora con Quimera, con este show que es probablemente el más ambicioso que hicimos hasta hoy, es muy fuerte. Además me encanta que sea el comienzo de esta etapa de la gira porque siento que hay algo muy simbólico ahí. Es un show 360°, pasan muchísimas cosas todo el tiempo, hay actuación, baile, banda, los personajes… es un universo entero. Obviamente no quiero spoilear demasiado jajaja, pero es un show en el que dejamos absolutamente todo.
—En tu último Antel Arena, en 2022, acababas de publicar La Nena de Argentina y todavía sentías cierta inseguridad al cantar en vivo. ¿Qué es lo que más orgullo te da del camino que hiciste desde entonces? ¿Qué disfrutás hoy que antes te daba miedo?
—Creo que lo que más orgullo me da es no haberme quedado cómoda con lo que ya sabía hacer. Cantar siempre fue algo que amé, pero durante mucho tiempo también fue una de mis mayores inseguridades. Me comparaba muchísimo, sentía que había cosas que no podía hacer o que mi voz tenía ciertos límites. Y hoy es completamente al revés. Tengo unas ganas enormes de cantar. De aprender, de entrenar mi voz, de probar cosas que antes ni siquiera me animaba a intentar. Siento que encontré una seguridad nueva arriba del escenario. Obviamente sigo teniendo nervios y sigo siendo muy exigente conmigo, eso creo que nunca se me va a ir jajaja. Pero hoy disfruto muchísimo más de mi voz. Y poder decir eso para mí es un montón.
—La última vez que te entrevisté estabas preparando los shows 360° de River y me hablaste de los “personajes habitando la música”. ¿Cómo viviste ese primer encuentro entre los personajes de Quimera y el público? ¿Descubriste algo de ellas que no había aparecido en la grabación o los ensayos?
—Fue muy loco porque hasta ese momento esos personajes existían muchísimo en mi cabeza. Yo sabía quién era cada una, cómo se movía, qué sentía, por qué existía, pero una cosa es imaginártelo y otra es ver a un estadio entero entendiendo ese código. Y creo que ahí entendí algo que no había terminado de dimensionar: dejaron de ser solamente mías. La gente eligió sus personajes favoritos, se vistió como ellas, interpretó cosas que quizás yo ni siquiera había pensado de esa manera. Y eso es hermoso porque sentís que la obra empieza a tener una vida propia. En River hubo momentos donde realmente sentía que no era María haciendo de un personaje. Por unos minutos era esa mujer. Y cuando tenés a tanta gente entrando con vos en ese juego, pasa algo muy fuerte.
—Estuve en el primer show de Quimera en River y una escena me quedó grabada: Gabriel Rolón presentó a Gladys con estas palabras: “Incluso cuando todo se rompe arriba, abajo ella sigue firme, esperando el próximo amanecer”. Después apareciste en el centro del escenario con tu familia para cantar "El amor de mi vida". ¿Qué recordás de ese momento?
—Ese momento fue muy fuerte para mí porque mi familia es literalmente mi lugar seguro. Yo puedo estar frente a un River lleno, con todo lo que significa eso, pero cuando los tengo a ellos al lado vuelvo a ser María, la de siempre. Y después de todo lo que habíamos atravesado juntos, tenerlos ahí conmigo en uno de los momentos más importantes de mi carrera fue muy movilizante. Lo que más recuerdo es tratar de mirarles las caras y grabarme ese momento. Porque arriba del escenario todo sucede muy rápido. Estás pensando en la próxima marca, en la canción, en el cambio que viene… y ahí intenté por un segundo salir de todo eso y pensar: “Mirá dónde estamos”. Y creo que eso es lo que más me quedó. Poder compartir algo tan gigante con las personas que estaban conmigo muchísimo antes de que existiera todo esto.
—El cierre con “Mi amor” fue, para mí, el momento más emotivo del show. Sentí que ahí se cerraba un círculo: desde que dejaste de lado el disco que ya no te representaba para empezar con Quimera hasta ese abrazo. ¿Qué significó abrazarte con Juli, tu pareja, después de todo lo que vivieron?
—Ese abrazo fue muy real. No había actuación ahí. Juli estuvo conmigo en momentos hermosos pero también en momentos muy difíciles de mi vida. Y hay cosas que cuando las atravesás con alguien generan un vínculo que es muy difícil de explicar con palabras. “Mi amor” ya es una canción muy nuestra, entonces cantarla ahí, los dos suspendidos en el medio de River, después de todo lo que vivimos… fue inevitable emocionarnos. Creo que ese abrazo tenía un poco de todo. Amor, orgullo, alivio, agradecimiento. Como decirnos sin hablar: “Estamos acá”. Y para mí eso significaba muchísimo.
—En julio cantaste el Himno argentino en la final del Mundial. Contaste que, para no desarmarte al ver a tus padres en la tribuna, decidiste vivir la presentación como una actuación y te apoyaste en la figura de Evita. ¿Qué encontraste en ella que te dio fortaleza? ¿Qué recordás de esos segundos antes de empezar, cuando sabías que tu voz se iba a escuchar en todo el mundo?
—Necesitaba encontrar una manera de separar un poquito a María de lo que estaba pasando porque si dimensionaba realmente dónde estaba y quiénes me estaban mirando, no sé si podía cantar. Y pensar en Evita me ayudó a encontrar una postura, una fuerza, una solemnidad. No desde querer imitarla, sino desde conectar con esa imagen de una mujer argentina muy firme, muy plantada frente a algo enorme. Antes de empezar tenía el corazón explotado. Y encima sabía que estaban mis papás ahí. Yo directamente trataba de no buscarlos porque sabía que si los encontraba con la mirada me iba a quebrar. Entonces respiré y pensé: “Ahora no sos María teniendo miedo, ahora tenés una responsabilidad. Cantá”. Y cuando terminó fue como volver al cuerpo de golpe y entender lo que acababa de pasar. Fue uno de esos momentos que creo que voy a recordar toda mi vida.
—Vas a volver a interpretar a Cleo en la tercera temporada de En el barro. Después de trabajar con los personajes de Quimera, ¿hay algo de ella que hoy entendés de otra manera? ¿Qué te gustaría explorar en este regreso?
—Sí, totalmente. Siento que todo el trabajo de Quimera me ayudó muchísimo como actriz, incluso sin darme cuenta. Aprendí a construir personajes desde el cuerpo, desde cómo caminan, cómo miran, cómo hablan, qué esconden. Y volver a Cleo después de haber pasado por todo eso me encuentra con muchas más herramientas. También le tengo muchísimo cariño porque fue uno de mis primeros desafíos grandes fuera de la música. Ahora me gustaría profundizar más en ella, entender un poco más qué hay detrás de esa personalidad y poder mostrar otras capas. Que no sea solamente lo que uno ve de Cleo de entrada, sino también entender un poquito más por qué es así.
—Volviste a trabajar con Big One en "Así", con Abraham Mateo, y compartiste una foto de otro encuentro en el estudio. Después del trabajo con Xross en Quimera, ¿cómo fue volver a crear con alguien que te conoce desde tus comienzos? ¿Qué podés adelantar de lo que están preparando?
—Volver a trabajar con Big es hermoso porque él me conoce desde una María muy distinta. Nos conocemos hace muchísimos años y vivimos un montón de etapas juntos. Entonces hay una confianza en el estudio que hace que podamos ir muy rápido y también decirnos las cosas de frente. Pero lo más interesante es que siento que nos reencontramos siendo los dos artistas y productores distintos a los que éramos cuando empezamos. Yo estoy en un momento donde tengo muchísimas ganas de explorar mi voz. Estoy muy obsesionada con cantar, con las armonías, con exigirme vocalmente y descubrir hasta dónde puedo llegar. Y Big entiende muy bien eso. No puedo contar demasiado todavía porque estamos creando y muchas cosas pueden cambiar, pero sí puedo decir que estoy entrando en una etapa musical nueva. Hay una María que todavía no escucharon y me tiene MUY manija lo que estamos haciendo jajaja
—En 2023, cuando te entrevisté, me dijiste: "Jamás podría soltarle la mano a la música". Me acordé de esa frase al verte pintar en tu cuenta de Instagram aca_me_expreso_diferente, mientras escuchabas a Ariana Grande. Todavía no habías vuelto al estudio, pero la música seguía ahí, acompañándote mientras buscabas cómo expresar lo que estabas viviendo. Después de todo lo que atravesaste, ¿qué significaba esa compañía? ¿Qué significa hoy la música en tu vida?
—Creo que hoy entiendo esa frase muchísimo más que cuando te la dije. Hubo momentos donde no tenía ganas de entrar a un estudio, no tenía ganas de escribir una canción ni de pensar en mi carrera. Necesitaba expresarme de otra forma. Pintar fue una de ellas. Pero la música seguía estando. Mientras pintaba, mientras estaba en mi casa, mientras lloraba, mientras trataba de entender cosas que me estaban pasando. No necesitaba estar haciendo música para que la música estuviera conmigo. Y ahí entendí que mi vínculo con ella va mucho más allá de mi trabajo. Yo podría dejar de sacar canciones mañana y seguiría necesitando música en mi vida. Es compañía. Es refugio. A veces también es una manera de entender cosas que todavía no sé poner en palabras. Por eso creo que jamás podría soltarle la mano. Porque antes de ser mi profesión, fue mi lugar seguro.
—En 2024 fuiste la primera solista argentina en llenar River; en 2025 volviste con dos shows 360° de Quimera. Cuando se cumplen sueños tan grandes, ¿cómo cambia lo que uno desea? ¿Qué te ilusiona hoy que aquella María que empezaba no se imaginaba?
—Es raro porque cuando sos más chica pensás mucho los sueños como metas. “Quiero llenar un estadio”, “quiero que una canción llegue a tal lugar”, “quiero colaborar con tal artista”. Y está buenísimo porque yo sigo teniendo un montón de sueños así. Pero con el tiempo empecé a valorar otras cosas. Hoy me ilusiona muchísimo pensar hasta dónde puedo crecer como artista. Quiero cantar mejor, quiero hacer música que me desafíe, quiero trabajar con gente que admiro, quiero hacer cosas que me den miedo y sentir que cada proyecto muestra una versión nueva de mí. Pero también sueño mucho con mi vida afuera de María Becerra. Con tener tiempo para mi familia, para Juli, para mis amigos. Con disfrutar realmente las cosas que conseguimos y no estar pensando todo el tiempo en qué viene después. Creo que la María que empezó soñaba con llegar muy lejos. Y la María de hoy sigue queriendo llegar lejos, obvio, pero también quiere estar presente cuando llegue. Eso para mí hoy es un sueño enorme.
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