Cómo es "Sensatez y sentimientos": la nueva adaptación de Jane Austen llega cargada de belleza y humor

Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles protagonizan una nueva adaptación de Jane Austen que combina belleza visual, dosis de humor y una mirada más contemporánea a la relación de las hermanas Dashwood.

Imagen de la película "Sensatez y sentimientos".
Imagen de la película "Sensatez y sentimientos".
Foto: Difusión.

Hay historias que parecen de amor pero que, en realidad, son de hermandad. Eso ocurre en Sensatez y sentimientos, la novela que Jane Austen publicó en 1811 y que vuelve a la pantalla grande dirigida por Georgia Oakley. Con Daisy Edgar-Jones como Elinor y Esmé Creed-Miles como Marianne, la película recupera el universo de la escritora inglesa desde una mirada que privilegia los vínculos familiares, las diferencias sociales y la vida cotidiana de una época en la que el matrimonio podía (con suerte) tener amor, pero sobre todo determinaba el futuro de una mujer.

En ese contexto, vale preguntarse qué sentido tiene volver sobre una novela que ya tuvo una adaptación cinematográfica premiada, exitosa y todavía recordada. En 1995, el taiwanés Ang Lee dirigió una versión protagonizada por Emma Thompson y Kate Winslet que encontró un equilibrio notable entre romance, comedia y crítica social. Thompson también escribió el libreto y ganó el Oscar a mejor guion adaptado. Treinta años después, esta película no necesita competir con aquella: su interés está en encontrar otra sensibilidad y acercar los personajes a un público actual.

La historia comienza tras la muerte del padre de las hermanas Dashwood. La herencia pasa a manos de John, el medio hermano de Elinor, Marianne y Margaret, y su detestable esposa Fanny, que no tienen demasiadas intenciones de ayudarlas. Obligadas a abandonar la casa familiar, las cuatro se instalan en una modesta vivienda en el campo, donde deben acostumbrarse a una vida más precaria. Entre visitas, paseos y conversaciones que pueden cambiarlo todo, aparecen el amor, las decepciones y las convenciones sociales que condicionan sus decisiones.

Imagen de la película "Sensatez y sentimientos".
Imagen de la película "Sensatez y sentimientos".
Foto: Difusión.

Sensatez y sentimientos fue la primera novela publicada por Austen, en 1811, de forma anónima, bajo la firma “By a Lady” (Por una dama). La escritora había comenzado a trabajar en el relato años antes, con el título Elinor y Marianne. Ya en esa primera novela aparecía una de las claves que atravesarían su obra: observar cómo el dinero, la posición social y las expectativas ajenas intervienen incluso en los sentimientos más íntimos.

Elinor es la sensata, reservada y capaz de disimular sus emociones incluso cuando la situación la desborda. Marianne, en cambio, se entrega a sus sentimientos sin muchos filtros y encuentra en esa intensidad tanto su mayor virtud como la fuente del sufrimiento. La sensatez y la sensibilidad del título no son características excluyentes, sino dos formas de atravesar iguales dificultades.

La versión de Ang Lee, que también tenía a Hugh Grant y Alan Rickman como Edward Ferrars y el Coronel Brandon (ahora interpretados por George MacKay y Herbert Nordrum), supo convertir las convenciones de la Inglaterra de la época en una historia accesible, emotiva y divertida. Esta nueva adaptación encuentra una identidad visual propia y devuelve el centro del relato a la relación entre las hermanas. Porque, aunque los romances importan, Sensatez y sentimientos es, ante todo, la historia de dos mujeres que aprenden a comprenderse.

Georgia Oakley (cuyo debut en cine fue la historia queer en tiempos de Thatcher, Blue Jean, de 2022) capta la vida rural inglesa de comienzos del siglo XIX sin convertirla en una postal idealizada. Las casas, los jardines y los caminos tienen una belleza que parece salida de una pintura, pero conservan la sensación de un mundo habitado, con sus incomodidades y limitaciones. Las diferencias de clase también están presentes: quién hereda título y dinero, y qué posibilidades tiene una mujer de decidir sobre su propio destino. Porque en el mundo de Austen, la historia nunca se separa de las condiciones materiales de sus personajes.

El vestuario de Grace Snell es otra de las grandes virtudes de esta versión. Con siluetas depuradas, una paleta cromática apagada con colores naturales y vestidos cosidos a mano, se aleja del refinamiento de los Bridgerton como de Emma, la película de Autumn de Wilde. Las botas manchadas de barro y cierta imperfección deliberada aportan frescura a la fórmula y conectan esta adaptación con la sensibilidad visual de Las vírgenes suicidas, de Sofia Coppola, o la Cumbres borrascosas de Andrea Arnold.

El reparto también contribuye a esa renovación. Daisy Edgar-Jones construye una Elinor contenida, que mide cada gesto y palabra mientras intenta sostener a su familia.

Imagen de la película "Sensatez y sentimientos".
Esmé Creed-Miles es Marianne Dashwood en la nueva versión de "Sensatez y sentimientos". Foto: Archivo.
Foto: Difusión.

es una de las sorpresas de la película: tiene una presencia magnética como Marianne, impulsiva y desbordada por sus emociones, pero nunca reducida a una joven caprichosa. Las dos actrices transmiten la juventud de sus personajes y consiguen que sus diferencias resulten complementarias.

Elinor y Marianne pueden no comprenderse, irritarse por momentos, e incluso equivocarse al juzgar las decisiones de la otra, pero comparten una intimidad que ninguna relación romántica puede sustituir.

A pesar de las dificultades económicas y los desengaños amorosos, hay espacio para la comedia, que aparece en los silencios incómodos, las conversaciones y los códigos sociales que obligan a disimular lo que realmente se piensa. En ese sentido, Fiona Shaw, como la señora Jennings, tiene más protagonismo que en la versión de Ang Lee y es responsable de algunos de los momentos más divertidos. Entrometida y afectuosa, su personaje tiene una de las risas más recordables de la película.

Esta nueva Sensatez y sentimientos es una adaptación preciosa, de una sensibilidad visual que acompaña la historia sin sobrecargarla. Su mayor virtud es recordar que, detrás de los romances y las convenciones sociales, Austen escribió sobre personas que intentan encontrar su lugar en un mundo que no siempre les ofrece demasiadas oportunidades. Y que, a veces, la relación más importante no es la que termina con un beso o una boda, sino aquella que nos permite superar las adversidades sin dejar de ser nosotros mismos.

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