De 85 años, Juan Carlos Pintos es una figura clave del espectáculo popular uruguayo. Su nombre quedó para siempre ligado a Pelusita, el payaso de Cacho Bochinche, programa infantil que integró desde sus inicios hasta su final en 2010. Pelusita nació en el Carnaval a comienzos de los años 70 y acompañó a generaciones de niños desde la televisión. Pintos fue mucho más que un personaje: productor, utilero, ambientador y sostén del ciclo. Paralelamente desarrolló una extensa carrera carnavalera, con numerosos premios, y fue jurado oficial. Su última experiencia en Carnaval fue como productor de Los muchachos en 2013. Hoy, ya retirado, su legado permanece en la memoria colectiva y aquí cuenta su historia.
Juan Carlos Pintos tiene hoy 85 años y una trayectoria que se confunde con la historia del espectáculo popular uruguayo, principalmente la televisión y el Carnaval. Retirado desde 2010, vive en Maroñas, llevando una vida tranquila y cuidando de su salud. En los últimos tiempos una afección en la pierna le ha limitado la movilidad y le impide acudir a las veladas carnavaleras, como hizo tantos febreros, pero sigue las instancias de la fiesta noche a noche por televisión.
Lejos del ruido de los estudios de televisión y de los tablados, su nombre sigue inevitablemente asociado a Pelusita, el payaso de peluca, nariz colorada y vestuario a rayas azules que acompañó durante décadas a miles de niños y niñas desde la pantalla de Cacho Bochinche, uno de los programas infantiles más recordados de la televisión nacional.
Pintos integró Cacho Bochinche casi desde sus comienzos y permaneció hasta el final del ciclo, que estuvo al aire entre 1973 y 2010. En el programa no solo se desempeñó como payaso, sino que fue productor, utilero, ambientador, encargado de promociones, libretista y sostén del complejo engranaje que implica un programa en vivo con un amplio elenco, un conductor exigente y decenas de niños en el estudio.
“Yo no iba solo a hacer mi parte y me iba. Yo vivía el programa”, recuerda. “Había días que llegaba a las cinco de la mañana. A las seis ya estaban los juegos prontos, los carteles, los libretos fotocopiados. Y muchas veces me quedaba a dormir en el canal para que al otro día estuviera todo armado”.
El nacimiento de Pelusita.
El personaje de Pelusita nació mucho antes de convertirse en figura televisiva. Su origen está en el Carnaval, en los primeros años de la década del 70. Pintos integraba un dúo humorístico que hacía actuaciones en los tablados con el nombre de “Tatalo”. Finalizada esa experiencia, otro colega payaso lo convocó a trabajar juntos. Este segundo partenaire se hacía llamar “Carozo”, pero el nombre del dúo no terminaba de cerrar.
“Carozo y Tatalo no rimaban, no funcionaban”, recuerda Pintos. Fue entonces cuando surgió la idea: “Agarramos Pelusa”. Más tarde, el diminutivo hizo lo suyo y nació Pelusita.
El nombre se afianzó definitivamente cuando Pintos comenzó a trabajar en promociones comerciales, en especial de una marca de galletitas. Luego dio el salto a Cacho Bochinche, donde Pelusita se convirtió rápidamente en una figura características del programa infantil de Canal 12 que iba los sábados en la mañana.
Dentro de Cacho Bochinche, Pintos fue una pieza clave. Además de su participación en cámara como Pelusita, asumió cada vez más responsabilidades de producción. “Llegó un momento en que yo estaba más pendiente de las promociones que del personaje”, cuenta y responde a aquellos que le criticaban su seriedad fuera de cámara. “Yo no podía estar a las risas, como payaso, cuando tenía que estar pendiente de todo lo que pasaba en el programa”, recuerda.
“A tomar Fanta con Pelusita”, solía despedir Cacho de la Cruz a los niños luego de una competencia en el programa. Es que Pintos siempre estaba ahí, atento, organizando cada segmento del programa y pensando en el pròximo.
“Tenía que armar escenografías, buscar muebles, ambientar estudios, escribir textos. Si algo salía mal, el reclamo venía para mí porque yo era el responsable”, añade.
En El show del mediodía participó activamente en las históricas telecachadas, ambientándolas y actuando en muchas de ellas. “Hacíamos de todo. Yo iba con el camión del canal a buscar cáscara de arroz, para armar el piso del estudio”. También fue protagonista de sketches, parodias y personajes que quedaron en la memoria del público.
Cacho de la Cruz atravesó distintas etapas y horarios -sábados de tarde, domingos de mañana, emisiones semanales- y sobrevivió incluso a contextos difíciles como los cortes de agua y energía de los años más duros del país. “Era una época en la que la televisión infantil tenía otra importancia”, reflexiona.
El cierre de Cacho Bochinche, en 2010, marcó un antes y un después. Pintos se enteró del final del programa por terceros y decidió jubilarse por el canal pensando que el programa se mantendría, teniendo así una fuente laboral. Pero el ciclo se terminó aquel año, dejando a Pintos solamente con su ingreso por la jubilación.
El vínculo con Cacho de la Cruz, conductor y director del ciclo, que ya estaba deteriorado, terminó de erosionarse y durante todo el diálogo, evita nombrarlo. “No me gusta hablar de alguien que ya no está”, aclara, pero no oculta el dolor de aquel momento. “Fue un baldazo de agua fría”.
Nunca volvieron a verse. En noviembre de 2025,la muerte de Cacho lo afectó profundamente. “Me dolió mucho, lloré en privado”, admite. Eligió no asistir al velatorio. “Las dos ausencias fueron la de Titina Reffino (su primera esposa) y la mía. Si estábamos en desavenencias, no me parecía coherente ir. Más allá de todo, fue un gran personaje, un gran humorista. Muy exigente, muy severo. Tenía virtudes y defectos, como todos”, lo recuerda.
El último traje.
La popularidad de Cacho Bochinche generó una gran oportunidad laboral para Pelusita, así como para otros compañeros. Junto a Víctor (y sus marionetas) animaban cumpleaños y eran de los personajes más requeridos. “Salíamos de mañana y volvíamos a las 10 u 11 de la noche”, recuerda aquellos tiempos.
Pero en materia económica no siempre le fue bien a Pintos, más bien lo contrario. Durante la crisis de 2002, Pintos perdió su casa al no poder sostener una hipoteca en dólares. Perdió también el auto y debió volver a alquilar. “Fue uno de los momentos en los que yo pedí y no se me dio”, dice, refiriéndose a la interna de Cacho Bochinche.
Aunque la televisión lo hizo masivamente popular, el Carnaval fue siempre una columna vertebral en su carrera. Pintos integró numerosos conjuntos, especialmente dentro del parodismo, y construyó una larga trayectoria. Durante años combinó la televisión infantil con los tablados nocturnos, una rutina exigente que asumía con naturalidad.
Al igual que con su jefe Cacho de la Cruz, Pelusita también fue víctima de rumores infundados. Además de acusarlo por su “severidad” fuera de cámara con los niños, corrieron otros “bolazos” en redes sociales. Él los enfrenta tranquilos. “Llegaron a decir que tomaba whisky en los cumpleaños. Nada que ver. Nunca tomé más que un refresco vestido de payaso”, asegura.
En Carnaval, pasó por Gabys, Clapers, Santimbanquis, Uruguay Show, Bafo da Onça y otros grupos, cosechando alrededor de diez primeros premios oficiales. También obtuvo reconocimientos individuales, como el premio al mejor animador.
Debido a la experiencia acumulada, fue convocado como jurado oficial del Carnaval en varias ediciones.
Su última experiencia directa en la fiesta fue en 2013, cuando se desempeñó como productor del conjunto parodista Los muchachos. “Después de eso ya no quise seguir. Sentí que era el momento de parar”, explica.
Hoy conserva pocos objetos materiales de aquella época. El traje original de Pelusita ya no está en su casa: se lo vendió a un fan que lo reconoció en la calle y se lo pidió con emoción. “No es una camiseta de fútbol”, le dijo entonces. Pero entendió el valor simbólico del gesto. “Él lo quería de verdad”. El comprador tiene la idea de exhibir el traje en el salón de un comercio, arropando un maniquin con el maquillaje original del payaso.
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