"Más allá de los momentos malos, uno tiene que saber a quién se enfrenta”, había indicado Gabriel Di Noia -DT de Deportivo Maldonado- previo al partido en el Campeón del Siglo ante Peñarol y fue casi un presagio. Es que el aurinegro tuvo momentos malos -incluso muy malos- pero lo terminó ganando y a final de cuentas es lo que importa.
¿Cómo lo terminó consiguiendo el Mirasol? Con dos bombazos de sus principales figuras: Matías Arezo y Leonardo Fernández. En un Peñarol con muchas dudas en defensa, con un mediocampo que no muestra la fortaleza de otros momentos y un ataque que es más ímpetu que juego, el delantero y el volante ofensivo son los que dan la cara.
La imagen del aurinegro, como ocurrió en Maldonado, fue muy distinta al atildado rendimiento del debut ante Montevideo City Torque y tuvo varias falencias que se reflejaron en que si Deportivo Maldonado se iba 2-0 arriba al descanso, nadie podía objetar porque lo visto en la primera parte preocupó a un Diego Aguirre que en conferencia de prensa igual aseguró: “Prefiero quedarme con el segundo tiempo, revirtiendo un resultado adverso”.
Noble generó la primera con un zapatazo que contuvo Washington Aguerre -de gran nivel en su regreso-, Menosse tuvo un cabezazo apenas ancho, Noble volvió a pisar el área y anotó pero era posición adelantada, a Cartagena le dieron espacios y remató. Tres tiros de esquina consecutivos y un Peñarol asediado tuvieron como consecuencia el gol del Depor: Espíndola le amagó a Leo Fernández y puso un centro que Juan Manuel Ramos desvío para poner en ventaja a la visita que con ese tanto plasmó, de forma justa, la superioridad en cancha.
Pero en el complemento, se puede rememorar la frase de Di Noia: “Más allá de los momentos malos, uno tiene que saber a quién se enfrenta” y se enfrentaba a Peñarol, que con el peso de su hinchada y sobre todo con la jerarquía de sus piezas fundamentales, lo terminó ganando.
A fin de cuentas no le fue necesario hacer un gran partido para terminar cosechando tres puntos vitales en la previa del clásico, de hecho hasta pudo ver el partido sentenciado a los pocos minutos del complemento luego de que Renato César no pudiera definir una jugada por izquierdo y que Aguerre le sacara un gran mano a mano a Maximiliano Noble.
El Depor no lo liquidó y lo pagó caro. Combinación entre Matías Arezo y Leandro Umpiérrez que terminó con un zapatazo del delantero que venció la reacción del arquero Diego Segovia y permitió el empate que, a esa altura, fue el envión necesario para ir a darlo vuelta.
“A Leo lo critican porque lo quieren, la gente lo adora y el gol fue una caricia para ellos”, sostuvo Diego Aguirre y es que el “10”, cuando el murmullo empezaba a caer al ver que los minutos pasaban y el resultado seguía en empate, apareció con su mejor faceta: la pegada. Recibió el rebote de un tiro de esquina que él mismo remató, puso la pelota en el segundo palo y desató la locura en el Campeón del Siglo.
“Uno tiene que saber a quién se enfrenta”, dijo el DT en la previa y también tiene que saber que ante los grandes no liquidarlo puede pasar factura y terminó ocurriendo. Lo ganó las ganas de Matías Arezo, lo ganó la clase de Leo Fernández e incluso las atajadas de Washington Aguerre, al final lo que lo terminó ganando fue la jerarquía.
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