La categoría de Abel Hernández para darle los tres puntos a Peñarol con otra chilena espectacular no le lava la cara a un equipo que por momentos pareció, otra vez, abatido. Pero fue lo que tanto necesitaba: no solo la victoria para cortar una pésima racha de ocho partidos sin ganar, sino la irrupción de un líder del vestuario en momentos que la pelota parecía quemar.
En una noche fría y bajo la cerrazón que abrazó al Estadio Ubilla de Melo, el clima de la tribuna visitante hizo ebullición cuando al Carbonero parecía otra vez escapársele el partido.
Entre la confusión por la salida de Escobar tras un choque de cabezas (que se fue directo al hospital en ambulancia), Añasco encontró a Daguerre en el área, Cerro Largo se puso en ventaja justo antes del entretiempo y los jugadores de Peñarol se fueron y volvieron del vestuario al canto de: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.
La tensión se apoderó del partido en los primeros 15’ del complemento, cuando el equipo de Diego Aguirre otra vez no daba señales de poder remontar la situación, a pesar del cambio ofensivo de un nueve por un defensa (Abel por Barboza).
Salvo Leandro Umpiérrez, no había uno que agarrara la pelota y encarase hacia el arco rival, para adelante. Durante esos minutos se repitió la pobre imagen que Peñarol dio en el último mes: un equipo en el que todos acompañan, pero ninguno tira del carro. Pases fáciles a los costados, sin desmarques para ofrecerle una solución al compañero, con más temor a equivocarse que valentía para arriesgar a ir por el gol y, por ende, los puntos.
El panorama era oscuro, pero Laxalt encontró una rendija para habilitar entre líneas a Batista, que definió y le cambió la cara al equipo. El empate fue una inyección de energía y en pocos minutos acumuló un par de chances de gol que no pudo concretar aunque, entonces sí, mereció. Hasta que se combinaron dos juveniles para dar vuelta la historia: centro de Kevin Rodríguez, cabezazo de Umpiérrez y grito de desahogo.
Sin embargo, Assis asistió a Sallecchia, que encontró a la defensa aurinegra mal parada en un retroceso y convirtió el segundo del arachán para el 2-2, que le dio grado más de dramatismo a la noche.
Manos en jarra, resoplidos y miradas hacia abajo de todos los jugadores. Parecía que la historia se repetía y la agonía se extendía a un noveno partido sin ganar. Pero apareció la genialidad del referente para sacar a Peñarol de un pozo profundo.
La Joya —muchas veces cuestionado porque en este punto ni Aguirre se salva— hizo el golazo que puede cambiar el final de un lánguido semestre de Peñarol. Chilena y a cobrar: 3-2, triunfo impostergable y un punto de inflexión necesario para volver a empezar antes de que sea demasiado tarde.
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