El sistema de pensiones de Uruguay obtuvo una calificación B y 69,7 puntos en el Índice Global de Pensiones elaborado por la calificadora Marsh y CFA Institute, que compara 55 sistemas de ingresos de jubilación de todo el mundo. El resultado de Uruguay representó una caída de 1,4 puntos respecto al relevamiento de 2025, cuando el país había alcanzado 71,1 puntos.
La calificación B corresponde a sistemas de jubilaciones "con una estructura sólida y numerosas características positivas, aunque con aspectos por mejorar respecto a los que obtienen una A". La escala del índice va de la A a la E y evalúa tres pilares: la adecuación de los beneficios y prestaciones que reciben los jubilados, la sostenibilidad financiera del sistema a largo plazo y la integridad, que contempla aspectos como su regulación y gobernanza.
En los tres pilares que evalúa el índice, Uruguay obtuvo resultados dispares. En la adecuación de los beneficios y prestaciones alcanzó 80,2 puntos, con una calificación A; en sostenibilidad obtuvo 55,2 puntos, con una calificación C; y en integridad registró 73,3 puntos, correspondiente a la categoría B.
En relación a América Latina, el informe relevó la situación de nueve países (Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Colombia, Panamá, Guyana Francesa y República Dominicana). Esos nueve países obtuvieron una calificación promedio de 62,6 puntos, por debajo del promedio global de 65,3.
De acuerdo con el reporte, esto refleja desafíos estructurales como informalidad laboral, presión fiscal sobre sistemas de reparto y una brecha creciente entre la capacidad de financiamiento y las obligaciones futuras. América Latina enfrenta una "década decisiva" para reformar sus sistemas previsionales, en un contexto de envejecimiento de la población, informalidad laboral y dificultades para financiar las obligaciones futuras, indicó el informe.
La clasificación mundial fue liderada por Países Bajos con 85,8 puntos y una calificación A, seguidos por Dinamarca, Islandia, Singapur, Israel y Australia, que también obtuvieron esa nota. En el extremo inferior de los resultados globales se ubicó Argentina, con 43,7 puntos y una calificación D. Según el informe, los países con de esa categoría enfrentan "presiones severas que amenazan la sostenibilidad de sus esquemas de pensión".
En América Latina lideró Chile con una calificación B+ y 79,2 puntos, seguido por Uruguay que quedó dentro del grupo de países con calificación B, cuyos resultados oscilaron entre 66 y 73,6 puntos. Colombia siguió con 63,3 puntos (C+); Brasil obtuvo 57 puntos, con una calificación C, mientras que Perú obtuvo 55,7 puntos (categoría C).
“La fortaleza relativa que muestra la región en (el pilar de) adecuación (66,5 puntos) —garantizando beneficios mínimos razonables para los jubilados— contrasta críticamente con su debilidad en sostenibilidad (52,1 puntos), evidenciando la tensión entre proporcionar seguridad hoy y viabilidad mañana”, dijo Marsh en el reporte.
De acuerdo con la aseguradora, parte de las presiones sobre los sistemas de pensiones se debe a la caída de las tasas de natalidad y al aumento de la esperanza de vida. Estos cambios demográficos incrementan los desafíos para financiar las prestaciones y sostener los ingresos durante la jubilación.
“Conforme las tasas de natalidad disminuyen y la esperanza de vida aumenta, los sistemas de ingresos de jubilación del mundo enfrentan presiones cada vez mayores”, sostuvo Marsh.
Los resultados del índice de este año destacan tres respuestas políticas que la calificadora considera clave para abordar las distintas realidades demográficas. Por un lado, establecer objetivos para los sistemas de pensiones; priorizar el financiamiento de las obligaciones de jubilación futura; y por otro lado, incrementar la flexibilidad en el diseño de productos de pensión y estructuras de edad de jubilación.
“Las edades tradicionales de jubilación de 60 o 65 años están volviéndose cada vez más desalineadas con las realidades de vidas más largas y saludables. Conforme el límite entre trabajo y jubilación continúa difuminándose, impulsado en parte por el auge del trabajo independiente y a tiempo parcial, los sistemas de pensiones deben evolucionar para reflejar la manera en que las personas realmente viven y trabajan en la etapa tardía de sus vidas”, señaló el documento.
"Los datos dejan claro que incluso los sistemas con mejor desempeño necesitan seguir evolucionando; ningún sistema puede permitirse quedarse inmóvil ante estos cambios demográficos", dijo Tim Jenkins, autor del reporte y Socio de Marsh Investments and Retirement.
"El enfoque correcto para un país, un sistema o incluso un individuo no será necesariamente el correcto para otro. Pero lo que cada sistema comparte es la necesidad de adaptarse. El diseño de jubilación debe volverse más flexible en relación a cuándo las personas acceden a los ingresos, en cómo se estructuran los productos, y en cómo pensamos sobre la línea entre trabajo y jubilación. Esta flexibilidad ya no es opcional", agregó.
Proyecciones
Según Marsh, la próxima década será “decisiva” para América Latina. En ese sentido, sostuvo que los gobiernos de la región deben actuar con "urgencia" en tres aspectos que incluyen integrar al mercado informal laboral con el objetivo de expandir la base de contribuyentes y reducir la presión sobre sistemas no contributivos.
Por otra parte, introducir flexibilidad en las edades de jubilación y diseño de beneficios que reflejen vidas más largas y transiciones entre el trabajo y retiro menos lineales. Según Marsh también deberán construir espacios para el ahorro complementario mediante sistemas de capitalización privada supervisados. En ese sentido, resaltó el trabajo hecho por Uruguay, Chile, Panamá y República Dominicana, que mejoraron sus calificaciones este año.
Según el informe, esos resultados muestran que es posible avanzar mediante reformas estructurales y voluntad política.
"Los sistemas de pensiones de Latinoamérica están en un punto de inflexión”, agregó aunque reconoció que varios países demuestran capacidad para proporcionar beneficios. La sostenibilidad continúa como el principal desafío que define el futuro de los jubilados, según el informe.
“No se trata de si debemos reformar, sino de cuán rápidamente podemos actuar. La región tiene ejemplos dentro de sí misma—como Chile y México— que prueban que mayor flexibilidad, capitalización complementaria y formalización laboral funcionan”, dijo Marsh, pese a que señaló que estas lecciones deben estar acompañadas de “reformas ambiciosas y bien comunicadas en toda la región”.
El líder de Inversiones y Retiro para Marsh México y Latinoamérica, Leonardo Lara indicó que "cada año sin acción reduce el margen de maniobra de los responsables de políticas para implementar cambios graduales en lugar de ajustes traumáticos".
Por su parte, Pat Tomlinson, presidente y director ejecutivo de Marsh People and Investments dijo: "las decisiones que tomamos hoy para construir sistemas sostenibles tendrán un impacto profundo en la seguridad financiera futura de las personas”.
El ejecutivo señaló que el aumento de la longevidad tiene consecuencias para las personas, los gobiernos, las economías y las sociedades.
Por su parte, Christine Mahoney, líder global de Beneficios Definidos/Contribuciones Definidas de Marsh sostuvo: “Los sistemas de pensiones están bajo presión real”. “Los gobiernos que aclaren sus objetivos de pensión, fortalezcan el financiamiento y construyan flexibilidad en el diseño de jubilación estarán en una posición mucho mejor para garantizar jubilaciones dignas y seguras para las generaciones venideras”, agregó.
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