Entrevista a Martín Rama: "No necesitamos refinar combustibles" y por qué esa zona podría ser el "Puerto Madero" uruguayo

Asegura que liberar la refinería de La Teja permitiría crear "un segundo Buceo" en la bahía de Montevideo y dinamizar el empleo en la capital al estilo de Puerto Madero en Buenos Aires.

Andrés Pérez, execonomista de CINVE y del Banco Mundial.
Andrés Pérez, execonomista de CINVE y del Banco Mundial.

Martín Rama es un uruguayo que fue economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, además de ocupar varios cargos en el organismo y haber sido director del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve). Actualmente, trabaja como consultor y vive unos meses en Montevideo y otros en Estados Unidos. Recientemente participó de las Jornadas Anuales de Economía del Banco Central donde planteó reformas en la llamada "economía urbana". En entrevista con El País afirma que Uruguay podría prosperar y disminuir la desigualdad social, mejorando algunos barrios específicos, y pensando bajo las nuevas ópticas de esta economía urbana. Lo que sigue es un resumen de la entrevista.

—Usted ha planteado que un desafío de Uruguay está en la economía urbana, ¿podría explicarlo?

—Uruguay ha enfrentado bien algunos desafíos: tiene una economía estable, poca inflación, sin riesgo de crisis económica y una institucionalidad superior a otros países en la región. Los dos grandes desafíos que nos quedan son el crecimiento y la distribución del ingreso. Sobre el crecimiento, todo el mundo anda preguntándose qué se puede hacer para crecer, y sobre la distribución, sabemos que los problemas que tenemos que van más allá del ingreso, van a la desigualdad de oportunidades y los diferentes niveles de inseguridad que la población enfrenta. Cuando uno mira bien, los dos problemas: productividad y desigualdad, tienen una fuerte dimensión territorial o espacial, es decir están asociados a las ciudades y cómo se organizan las ciudades. Para un economista urbano, una ciudad es un mercado de trabajo, el cual también es fundamental para saber cuán bien funciona la economía. Uruguay, de alguna manera, y casi sin darse cuenta, está en una gran transformación territorial.

—¿Dónde ve los mayores cambios?

—En el siglo XIX, Uruguay tenía a Montevideo como ciudad puerto y se organizaba en torno a la bahía, desde la Ciudad Vieja, el Prado, el Cerro. Y gradualmente se ha vuelto como un gran corredor. Hay un gran corredor que viene desde Colonia hacia Punta del Este, pasando por Montevideo; otro en torno a San José y Libertad, en torno a la ruta 5, a la ruta 8, donde están los parques tecnológicos, y sobre todo un enorme corredor yendo hacia el este, en torno a avenida (Luis) Giannattasio, la Interbalnearia. Estamos cambiando mucho la configuración económica.

—¿Qué impacto tiene esa transformación en la población?

—Tiene beneficios potenciales, pero también los barrios del Montevideo puerto industrial, la Ciudad Vieja y el Cerro se han ido viniendo abajo a medida que la ciudad se corre hacia el este. La desigualdad en Uruguay ya no es tanto entre Montevideo y el interior, sino entre barrios de Montevideo. El planteo es cómo aprovechar esa transformación de ciudad puerto a corredores urbanos de la mejor manera posible para reducir la desigualdad. Una vez que los buenos empleos empiecen a irse de la zona de la Ciudad Vieja y el centro, que los bancos y otros servicios se vayan más a otras zonas de Montevideo o a la Costa de Oro o a El Pinar o a donde sea, empezará a haber menos empleos buenos en el centro. No por quitar grafitis, pintar o renovar alguna casa se va a dinamizar. El dinamismo urbano depende enormemente del empleo. Pero este corrimiento de una parte de la ciudad en la que se invirtió mucho durante bastante tiempo al este, va a rematar ese venirse abajo.

—¿Su propuesta es reequilibrar desde el punto de vista laboral y urbanístico?

—Sí, se podría reequilibrar la ciudad hacia el oeste, volviéndolo atractivo, recuperando la bahía de Montevideo. Tenemos una rambla muy linda desde la Ciudad Vieja hacia el este, pero una rambla difícil por la bahía, donde hay instalaciones industriales, portuarias y cosas que quedaron de otra época. Pero esa zona puede tener mucho valor. Si la bahía se recuperara, habría un incentivo a también desarrollar ese lado.

—Usted planteó en algunas instancias mudar la refinería de Ancap para recuperar la bahía, ¿podría desarrollarlo?

—Una de las principales obstáculos que tiene la bahía es la refinería de Ancap, que sirvió su propósito en una época pero hoy es más dudoso, más cuando estamos yendo a la movilidad eléctrica y cuando contamina enormemente. Un estudio muestra cómo las emisiones de la refinería afectan cuando los nacimientos de bebés llegan a término, también afectan el valor de la propiedad inmobiliaria. Ancap está sobre 62 hectáreas, es una península que podría ser maravillosa dentro de la bahía, y muchas ciudades que han tenido estas situaciones han sabido hacer planes de lo que se llama “regeneración urbana” para valorizar un activo existente, pero subutilizado. Un ejemplo es Puerto Madero en Buenos Aires, que era una zona de depósitos y hangares, y hoy es una zona con mucho valor y vida cultural.

— Usted ha planteado que la refinería de Ancap se mude, pero va más allá al decir que Uruguay debería dejar de refinar petróleo.

—Mi sugerencia sería no refinar combustible. No necesitamos refinar el combustible para asegurar nuestra soberanía energética. Se puede lograr importando combustible refinado y teniéndolo en la boya petrolera. Ancap puede seguir teniendo un papel estratégico en la compra de combustibles, en la política energética del país, en el almacenamiento de reservas estratégicas para que, cuando ocurren cosas como la crisis del Golfo, se cuente con ese respaldo. Hoy, la refinación de petróleo se hace a costos menores en los países del Golfo, y acá se puede almacenar el petróleo. Entonces, tendríamos 62 hectáreas que se pueden limpiar y adjudicar. Imagínese allí un segundo Buceo para Montevideo. Eso es algo que nos daría mucho crecimiento. Si yo tuviera que elegir, no tendríamos refinería. Países desarrollados y chicos, como Nueva Zelanda o Estonia, no refinan su petróleo. Refinar en Uruguay es ineficiente económicamente, nos cuesta mucho en valor de lo urbano y nos cuesta de salud. No es solo eliminar la refinería, sino restaurar monumentos históricos de la zona, preservar edificios históricos y pensar cómo tener una soberanía energética no de la época de Gabriel Terra, sino de la actual.

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El economista Andrés Pérez en una conferencia del Banco Mundial.

—¿Hay cálculos de cómo un proyecto así impactaría en el PIB de Uruguay?

—No, pero hasta donde he visto, hay un costo enorme en desmontar una refinería y hacer la limpieza ambiental, pero esas hectáreas tienen mucho valor y serían una ganancia si se aprovechan de otra manera.

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Andrés Pérez, economista, en Montevideo.

—Ya hubo otras propuestas de cerrar parte de Ancap, por ejemplo el Pórtland. ¿Por qué no han prosperado?

— Hay temas que son económicos, sociales y políticos, y hay que atenderlos todos, porque muchas veces hay propuestas de reformas buenas que no se hacen, por obstáculos políticos, porque “nadie le quiere poner el cascabel al gato”. Por eso, este tiene que ser un tema a estudiar más allá de líneas partidarias, desapasionado, y que, llegado el caso, se haga como política de Estado.

"La refinería perjudica la salud"

—Usted afirmó que la contaminación de la refinería de Ancap afecta los embarazos, ¿eso está comprobado?

— Los resultados preliminares de una investigación que se lleva a cabo en la Universidad ORT así lo están indicando. Matías Brum es uno de los economistas involucrados. El estudio relaciona, por ejemplo, los humos de la refinería a más embarazos que no llegan a término y a significativamente menos peso al nacer de los bebés, que sí llegan a término. O sea, hay consecuencias de salud. Eso quiere decir que los niños que nacen en esos barrios están muy desfavorecidos. Entonces, de nuevo, es un tema de desigualdad el que está en juego. Vamos moviéndonos a la movilidad eléctrica, y no hay necesidad de tener esa refinería (en La Teja). Prácticamente, ningún país desarrollado tiene una refinería en el medio urbano y no es considerado recomendable. Muchas están cerrando en el mundo. La planificación soviética incluía refinerías en medios urbanos y lo que se hizo después fue quitarlas, porque con ellas se pierde mucho valor inmobiliario y en salud; no vale la pena. Es mejor que haya un sistema de transporte que permita integrar con velocidad a la costa y hacer un mercado de trabajo de toda la parte de la rambla oeste, que va a valorizar enormemente los barrios que están ahí, las propiedades que están en La Teja y el Cerro. Se valorizarían los barrios pobres y se mejorarían la eficiencia y la equidad.

"El cambio más grande de Uruguay son los TLC"

—¿Qué apertura encuentra en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) sobre los temas de cómo actualizar la economía urbana del país?

—No quisiera, de ninguna manera, hablar a nombre de nuestro ministro (Gabriel Oddone), pero mi impresión es que el MEF es, obviamente, cuidadoso de los recursos del país. Y cuando se están planteando grandes transformaciones, como el sistema de transporte urbano o hacia dónde crece la ciudad y de qué forma, tener todas las opciones en la mesa es algo importante, y, por lo tanto, le interesa saber más.

Ahora están mucho con el proyecto de ley de Competividad, que me parece un muy buen desarrollo. En este momento, mi impresión es que las batallas más inmediatas que tienen en el MEF son la Rendición de Cuentas y el proyecto de ley de Competitividad, pero tarde o temprano va haber que tomar una decisión sobre el sistema de transporte y otros temas vinculados a la economía urbana, porque hay propuestas concretas. Por lo tanto, habrá que estudiar las diferentes opciones para saber cuál es la más conveniente.

— ¿Cómo valora otras iniciativas de política económica nacional?

—Sobre la economía del país, veo que hemos mejorado mucho en los mercados en todo lo que tiene que ver con bienes transables, con las cosas que podemos importar o exportar, y nos queda mucho para hacer en los bienes no transables, todo lo que es servicios internos. Por detrás tenemos los aranceles, los trámites aduaneros, los prácticos, los despachantes de aduana y la energía, donde tenemos temas de poca competitividad en algunos sectores. Entonces, el proyecto de ley de Competitividad trata de apuntar a varios de estos asuntos y de reforzar la institucionalidad de vigilancia de la competencia. Para mi gusto, el cambio más grande de Uruguay es lo que viene de los tratados de libre comercio, en los cuales se está entrando o intentando entrar. Los acuerdos del Mercosur con la Unión Europea y de Uruguay con el Transpacífico, son muy fuertes en la parte de competencia, subsidios, empresas públicas, y un tratado tiene fuerza de ley. O sea, los tratados ponen mucho más disciplina a la competencia en no transables, y eso es una buena cosa y algo que, de algún modo, este proyecto de ley de Competitividad del MEF está anticipando.

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