Xi Jinping, recibido con toda pompa por parte de Donald Trump, aprovechó su visita a la Casa Blanca para abogar por la coexistencia pacífica entre Washington y Pekín, sin dejar de marcar las líneas rojas de China en algunos temas.
Ante un presidente estadounidense que aseguró haber construido con él una relación de “gran amistad”, el dirigente chino mantuvo un tono más sobrio. “Gran reunión. Gracias”, dijo Trump ayer a la prensa mientras despedía a Xi en el pórtico del Ala Oeste de la Casa Blanca tras más de tres horas de reunión.
Xi Jinping pidió a su par estadounidense “mantener una relación sin conflicto ni confrontación” entre ambos países, durante una declaración a la prensa en la que ambos quisieron acentuar su sintonía.
“Nuestras dos fuerzas armadas deben mantener un diálogo regular y mejorar los mecanismos de comunicación y prevención de crisis”, propuso.
“Pekín y Washington no deben abstenerse necesariamente de competir. Pero esa competición debe de ser amable y sana, no una lucha en la que el uno pierda y el otro gane”, subrayó, que consideró que los dos países cuentan con la “capacidad y responsabilidad” para gestionar la inteligencia artificial de manera eficaz, uno de los temas cruciales en la agenda de ambos mandatarios.
En cuanto al frente bélico, Xi pidió a Washington y Teherán que resuelvan sus diferencias “lo antes posible” mediante la negociación, según declaraciones difundidas por la agencia estatal Xinhua mientras ambos líderes se reunían en la Casa Blanca.
China, aliada de Irán, sufre las repercusiones del conflicto desencadenado por el multimillonario republicano, que ha provocado la disparada del precio de los combustibles.
El mandatario chino también lanzó una advertencia sobre el espinoso asunto de Taiwán, instando a Washington a actuar con “prudencia” respecto a su independencia, según la misma fuente. China reclama esta isla autónoma como parte de su territorio, mientras que Washington apoya militarmente a Taiwán, aunque sin reconocerlo como Estado soberano.
Xi Jinping afirmó además en su discurso que tanto Pekín como Washington tenían “la capacidad y la responsabilidad” de desarrollar la inteligencia artificial bajo “control humano”. La IA, así como la seguridad y la tecnología, son “temas apremiantes”, dijo Trump al recibirlo.
Pero poco antes, en redes sociales, Trump había reiterado: “Quiero dejarla exactamente donde está”, en alusión a la regulación de este sector. “Las decisiones que tomemos hoy en estos ámbitos pueden promover la paz y la prosperidad durante décadas y décadas”, añadió el republicano.
En la IA, Trump es partidario de mantener lo que considera ventaja estadounidense. El republicano se muestra contrario a la petición de los patrones de las principales firmas de la IA, como Anthropic y OpenAI, de crear un marco regulatorio ante el vertiginoso avance de sus propias investigaciones. Esos patrones han sido invitados al banquete de honor en la noche de ayer.
Once años después de su primera visita de Estado en Washington, Xi y su esposa Peng Liyuan fueron recibidos con alfombra roja y al son de una banda militar por Trump y su esposa Melania.
El presidente estadounidense organiza esta visita a pocas semanas de unas cruciales elecciones legislativas en las que el Partido Republicano podría perder el control del Congreso.
Descontentos con las consecuencias del conflicto en Medio Oriente, los votantes le reprochan a Trump ignorar sus dificultades para llegar a fin de mes.
Aun así, Trump ha ofrecido una fastuosa recepción a Xi Jinping y a su esposa, Peng Liyuan, con banda musical en trajes de época, exhibiciones de militares de gala y un sobrevuelo de aviones de combate.
Tras dos horas de reunión en el Despacho Oval, los dos líderes, que ostentaron su buena relación personal, rompieron el protocolo: Trump acompañó a Xi hasta los jardines de la Casa Blanca, donde le mostró el nuevo helipuerto y las obras del nuevo salón de baile antes de despedirlo a bordo del Marine One. Xi es “experto en piedra, entre muchas otras cosas, y le encanta el buen granito” lanzó a la prensa Trump, junto su invitado.
Poco antes, Xi había hecho también un gesto de cordialidad al anunciar la próxima llegada de una pareja de pandas gigantes chinos, Ping Ping y Fu Shuang, al zoo de Atlanta, en un nuevo episodio de la llamada “diplomacia del panda” de Pekín.
Sin responder a las preguntas sobre Irán o sobre Taiwán, aseguró que la reunión con su homólogo había ido “muy bien”.
China y Estados Unidos mantienen una tregua después de una guerra comercial entre ambas potencias desatada por los aranceles impuestos por Trump. Pekín había replicado con sus propias tasas, y ambas potencias decidieron congelar la escalada. Esa suspensión se prolonga dos meses, hasta el 10 de enero, anunció el secretario del Tesoro, Scott Bessent, la víspera tras la llegada de Xi.
La visita de Xi concluirá hoy viernes por la mañana, con un té para ambas parejas presidenciales y una visita a los Archivos Nacionales, donde se encuentra la Declaración de Independencia de Estados Unidos.
Taiwán, el tema más espinoso
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, aseguró antes de la cubre Trump-Xi que las ventas de armas a Taiwán están condicionadas por las necesidades del país norteamericano, en medio de la incertidumbre sobre la aprobación de un paquete de armamento para Taipéi valorado en 14.000 millones de dólares.
“Cualquier venta de armas que hagamos con cualquier país del planeta, y esto también vale para Taiwán, tiene que equilibrarse con lo que nuestros comandantes de combate en todo el mundo nos dicen que son sus necesidades mínimas en caso de un conflicto en su región”, aseveró Rubio. En tanto, la agencia china Xinhua informó que Xi “expresó su deseo de que EE.UU. mantenga su ‘postura correcta’ en contra de la ‘independencia de Taiwán’”.