El presidente ruso, Vladímir Putin, llegó este martes a Pekín para iniciar su vigésimoquinta visita oficial a China, un viaje de Estado de dos días clave para el escenario geopolítico mundial.
La agenda de trabajo estará concentrada en la compleja situación en Oriente Medio, el conflicto en Europa del Este y la firma de acuerdos en materia energética.
La misión oficial ocurre menos de una semana después de la realizada por el mandatario estadounidense, Donald Trump, y contempla una reunión central este miércoles con el presidente chino, Xi Jinping.
El nuevo orden internacional de Pekín y Moscú
El viaje del líder del Kremlin coincide de manera exacta con el vigesimoquinto aniversario del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación firmado entre China y Rusia. En este marco histórico, ambas potencias buscan presentar su consolidada relación bilateral Moscú Pekín como un factor esencial de estabilidad dentro del escenario internacional contemporáneo. Antes de aterrizar en suelo asiático, el jefe de Estado ruso difundió un mensaje directo al pueblo chino donde calificó a su homólogo de "buen amigo" y aseguró que el vínculo político y económico actual ha alcanzado un nivel "sin precedentes".
Según la información oficial provista por el Kremlin, se proyecta que los mandatarios firmen alrededor de 40 acuerdos bilaterales. Estos documentos incluyen importantes declaraciones conjuntas sobre el fortalecimiento de su asociación estratégica y bases conceptuales sobre el desarrollo de un nuevo orden internacional. Putin afirmó que los contactos personales con el mandatario de la nación asiática ayudan a desarrollar "los planes más ambiciosos" y llevarlos a la práctica en beneficio mutuo. El mandatario también sostuvo que ambas naciones desempeñan un papel estabilizador y negó que actúen contra un tercero, al asegurar que trabajan "en favor de la paz y el desarrollo común".
La guerra en Ucrania y las tensiones globales
El trasfondo de las conversaciones estará marcado de forma inevitable por la guerra en Ucrania. Diferentes países europeos continúan con sus reclamos diplomáticos directos hacia el gobierno de Pekín para que utilice su fuerte influencia económica y política sobre las autoridades de Moscú con el objetivo de impulsar una salida negociada al conflicto armado.
En este aspecto, el Ministerio de Exteriores de China desmintió de manera tajante las informaciones publicadas recientemente por el diario británico Financial Times. Dichos reportes afirmaban que, durante la reciente estadía de Donald Trump en la capital china, el mandatario de este país sugirió que la contraparte rusa podría terminar arrepintiéndose de haber lanzado la invasión a gran escala. Las autoridades locales calificaron la publicación de prensa como un relato "completamente inventado".
Desde el estallido de las hostilidades en territorio ucraniano, la diplomacia de la potencia asiática ha decidido sostener una posición intermedia. Por un lado, solicita de forma pública el respeto estricto a la soberanía e integridad territorial de todas las naciones del planeta y, paralelamente, insiste en que se deben atender las legítimas preocupaciones de seguridad de todas las partes involucradas, una referencia directa que valida los argumentos de la federación rusa. Poco antes de comenzar la ofensiva militar en el año 2022, ambos mandatarios proclamaron una "amistad sin límites", una definición política explícita que impulsa la fuerte agenda que marca la estadía de Vladímir Putin en China.
Alianza económica y acuerdos energéticos estratégicos
En el aspecto comercial, la delegación que acompaña al líder de Moscú espera lograr avances concretos en proyectos de infraestructura claves que aún se encuentran pendientes de resolución. El principal de ellos es el diseño del gasoducto Fuerza de Siberia-2, una megaobra civil destinada a incrementar de forma sustancial el suministro directo de gas hacia el mercado asiático. Este tipo de proyectos busca reorientar los flujos comerciales que anteriormente se destinaban al continente europeo hacia el demandante mercado oriental.
Los datos estadísticos oficiales que manejan las agencias gubernamentales rusas demuestran la magnitud del intercambio actual entre ambos socios comerciales. Durante el pasado año, el territorio gobernado por Xi Jinping recibió un total de 101 millones de toneladas de petróleo provenientes de yacimientos rusos. A este volumen de crudo se le sumaron 49.000 millones de metros cúbicos de gas natural, lo que consolida los acuerdos energéticos como el motor económico principal del bloque que desafía la hegemonía occidental en el comercio mundial.
Con información de EFE
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